martes, 20 de julio de 2010

TEMPUS FUGIT

La velocidad de los acontecimientos es vertiginosa. A medida que se cumplen años, la rapidez aumenta exponencialmente. Esto es una determinante del ser humano. Todo el mundo, en un momento u otro de su existencia, saca a relucir el aforismo: “El tiempo cada vez pasa más deprisa”. Tempus fugit, “El tiempo vuela” “El tiempo se escapa”. Y verdaderamente esta es la sensación ilusoria que tenemos formada con arreglo al tiempo. Todo pasa demasiado rápido. No te das ni cuenta y ya han pasado los días, las estaciones, los años, la vida. Parece que fue ayer y ya han pasado muchos años de lo que tu cabeza intenta rememorar como acaecido hace mucho, mucho tiempo.

Esta historia se esconde más allá del principio de los tiempos. Es la misma de siempre sin embargo. El padre, en el lecho de muerte, comunica a su primogénito los ‘secretos’ de la vida: Que nada es lo que parece; que las apariencias no dicen la verdad del fondo; que la gente tiene el miedo escondido en el fondo de su corazón; que todo irá pasando a pesar de nuestra impaciencia; y, quizá, que hay un Gran Dios, allá, en algún sitio recóndito y escamoteado a nuestros sentidos, que vela por su creación, como un padre vela por sus hijos, aunque a veces no lo parezca.








Pero el tiempo es un parámetro que sólo responde a nuestra ponderación; es largo si lo consideramos así; es corto si queremos apurarlo. El tiempo no existe en realidad. Sólo es real en nuestra mente, y nos ayuda a planificar, estructurar y andar por la vida, pero, verdaderamente, el tiempo es un dato irreal. Sólo existe vivo en nuestra cabeza, y, por tanto, en nuestra mente. Si estamos felices, queremos que el tiempo pase muy lento, si nos sentimos desgraciados, intentamos que el tiempo pase veloz. El tiempo, de esta manera, en nuestra mente es como el chicle, con capacidad de dejarse estirar, hasta que, de puro fino, acaba rompiéndose.





Pero, todas las patrañas de este mundo –y hay muchas-, las elaboran, a medias, nuestra mente y nuestro ego. Entre ambos se las organizan para mesurar el tiempo, para sufrirlo y para gozarlo. Pero el tiempo en la mente, responde a la estructura general del programa. Estamos, siempre, en el pasado y en el futuro, y esto necesariamente nos hace evaluar la medida del tiempo, pero esa es la base, no vivimos el presente continuo y eterno. Y el presente no tiene tiempo ni espacio, es simplemente el presente, Ahí no existe la medida del tiempo; sólo se vive sin considerar si es tarde o temprano; si falta mucho o poco. Sólo vives el ‘ahora’. Bueno o malo, pero sólo vives el ‘ahora’. Y en ese hueco, no existe el tiempo, y, por tanto, nunca es tarde; siempre hay tiempo para todo, y el chicle nunca se parte.






Llega un momento en el que uno, por muy poco que reflexione, se da cuenta de estas paradojas mentales. No hace ni ocho días que España se proclamó ‘Campeona del Mundo de Futbol’. Pero eso, es un hecho que para todo el mundo que habita actualmente en España es inédito, porque ‘nunca’ antes había sucedido. Ha sido la primera vez para todo el mundo. Es la primera vez que los españoles hemos vivido un hecho de esta naturaleza. Y no voy a evaluar la importancia del fenómeno en sí en comparación con nada, sólo diré que vamos a estar mucho tiempo sobando la anécdota, contándola, evaluándola y sacándole punta a los detalles, a las enécdotas, y poniendo pensamientos, ideas e intenciones en la cabeza de todos y cada uno de los protagonistas de la historia. Pero esto no es real; ya pasó. No podemos detenernos ni un minuto más en el hecho, porque hay que seguir viviendo, hay que seguir trabajando y hay que seguir creando. Porque, si no, haremos buena la frase “Dormirse en los laureles”.

La panacea para este fenómeno del tiempo no es diferente al resto de las panaceas que recomiendo para cualquier acontecimiento vital: Vive el momento. Pero vívelo, siempre. No hagas como todo el mundo: Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no…

domingo, 18 de julio de 2010

KARMA YOGA

Mi último paciente, por ahora, ha sido un ingeniero de setenta y un años, que viene acompañado por su esposa, algo mayor que él. Se ven todavía enamorados. De un asunto se pasa a otro y, al final, coincidimos en muchos aspectos del ‘pensamiento positivo’. Me acaba contando que ha ejercido en Lérida, que ha tenido una vida plena, siete hijos, varios cientos de nietos, una finca explendorosa en Quintana del Puente y todavía ilusiones en su corazón. Aun así, piensa que ya no puede pedir más y que estaría satisfecho con cualquier final de su película. En el fondo es lo lógico. Un persona en el ‘final’ de su vida; en su última etapa, jubilado, rodeado de sus hijos, de su mujer (a la que adora visiblemente), sin problemas económicos y gozando de la tranquilidd del dolce far niente. “Me lo han puesto delante para que me refleje en él”, pensé al poco rato.






¡Que triste paradoja! Es todo lo contrario de lo que me pasa a mí. Son dos vidas absolutamente divergentes, quizá por imperativos del destino en el que, a veces, nos dejan influir en esta vida. Lo demás venimos con ello pactado y escrito en el contrato previo a nuestro aterrizaje. Casi simultaneamente, un amigo, alertado por mí de los problemas innumerables de mi vida, se brinda a confeccionarme una carta astral Ayurvédica. Los híndus han cultivado esta disciplina con gran fortuna y acierto, y él aprendió in situ esta ‘ciencia’ de la predicción por los astros, sus aspectos, sus oposiciones, sus dominancia, sus regentes, etc.

Al principio todo son parabienes. Los astros de mi nacimiento me dotan, gratuitamente, con virtudes importantes que atesoraré durante toda mi vida. La inteligencia, el poder de comunicación y la creatividad son determinantes en mi vida. Pero (siempre tiene que haber alguno después de las de ‘cal’) algún planeta anda haciendo de las suyas en la casa de las pérdidas, que aparecen en todas las actividades de mi vida, incluso en la relación pareja. Y todo esto no es indefectible y gratuito, es un pacto que yo acepté, antes de venir a vivir la vida, para experimentar y aprender dos cosas: El amor incondicional y el desapego. Ambas se complementan, son diferentes pero iguales, como mi signo: dual hasta las últimas consecuencias: Ángel y demonio; bueno y malo, rico y pobre…






Si experimentas el amor incondicional, lo que anhelas es hacer el bien a la persona amada, y, por extensión, a todo el mundo. Y lo mejor que puedes hacer por la persona amada, y, por extensión por todo el mundo, es dejarlos en libertad; que ellos decidan sobre su destino, sin sentir la presión del enganche, del rencor, de las reprimendas y de los reproches. Y esto es desapego puro. Y el desapego no es desamor, muy al contrario, es amor puro e incondicional. Es dar sin esperar recibir: es hacer las cosas por nada, sólo por el placer de hacerlas. Yo te doy mi amor y haz con él lo que tú quieras.







Amigos: mi situación es así y no puede ser de otra manera. Doy gracias por encontrarme en ella y tener ocasión de aprender y elevar mi nivel de conciencia. El final va a ser el mismo, y, ahora sí, de una manera indefectible. Lo que va a variar es cómo viva yo la experiencia. Puedo vivirla desesperado, temeroso del futuro, deprimido y enfermo; o, por el contrario, esperanzado, valiente, optimista y sano de cuerpo y alma. Llegaré al mismo sitio, pero de distinta manera. Así es la ley.

(Cuadros de Turner)

CONTESTACIÓN A BÁRBARA


Mí querida y admirada, Bárbara: ¡Tienes razón!... Es broma. En realidad te escribo para participarte mi punto de vista. Aquí, como en el deseo de tener razón: de que todo el mundo se atenga a mi voluntad, de lo que digo, de lo que pienso y de lo que hago, juegan un importantísimo papel tres factores que impulsan a todo el mundo a querer tener razón: El pavor, la inseguridad y la defensa. Todos son humanos y adolecemos de lo mismo: Un miedo que te rilas en los gayumbos.







Nacemos solos y nos morimos solos, y, entre medias nos hacemos a la idea de que estamos acompañados, pero el sentimiento es ilusorio, porque, en realidad, estamos solos todo el tiempo. Y cuando creemos que estamos compartiendo o amando, en realidad estamos estableciendo relaciones comerciales en las que si tú me das, yo te correspondo.






“Yo no quiero tener razón, quiero ser feliz”, me enseñó uno de mis muchos maestros. Y lo aprendí para ejercerlo. Yo no quiero tener razón, porque eso no me lleva a ningún sitio. Pero quiero aliados y cómplices para sentirme seguro, sin considerar que se puede estar ‘solo’ aunque estés rodeado de gente. Es una sensación muy aleccionadora y te enriquece cuando llegas a la conclusión de que no necesitas que te acompañen, ni que te quieran. Solamente tenemos la necesidad vital de querer de una forma incondicional. Porque ‘dar es igual que recibir’. Para esto también hay un remedio: Vivir el momento. Tu Carpe diem. Lo voy a publicar en mi blog: enriquedesoto.es.





Un abrazo muy fuerte. Naturalmente de una manera incondicional.


(Ilustraciones de Anja Klauss)

jueves, 15 de julio de 2010

TRABAJADOR, TRABAJA.

El trabajo en España, en general, se ha convertido en una manera de ganarse la vida, sin ninguna intención de realización ni de impecabilidad. Mi abuelo decía que sólo hay dos maneras de hacer las cosas: Bien o bien. Y mi profesor de Tai Chi, cuando le preguntas cómo está, te contesta: “Entre bien y excelente”. Pero esto no es lo normal. Lo común es que los trabajadores no trabajen, o, por lo menos, no trabajen lo que debieran y como debieran. La gente, en general, se escaquea mucho, racanea mucho y escurre el bulto mucho, mucho. Y esto, naturalmente, repercute en la cuenta de resultado de las empresas. Pero, el agravio comparativo funciona en oficinas, fábricas y estamentos de la empresa pública. En la ‘privada’, menos. Pero, a tenor de las leyes laborales en vigor, que te obligan a comerte con patatas al vago de turno, porque si lo quieres poner de patas en la acera, te cuesta más de lo que deja de producir…






“Tío: “No trabajes de esta manera, que se nos va a ver el plumero a todos, majete”. El que se dirige al prójimo llamándole ‘majete’, se auto define, es un hortera redomado y, además, es sindicalista, aparte de más vago que la chaqueta de un guardia. Así funciona el engranaje. No puedes trabajar impecablemente y con arreglo a tu capacidad, porque estableces, rápidamente, un agravio comparativo, y los demás protestan airadamente de tu conducta. Entre los comisionistas, que consiguen su sueldo trabajando a destajo; tanto trabajas, tantos contratos firmas, tanto ganas, no ocurre tanto. Aun así, para ser impecable en cualquier trabajo hay que cumplir con unas premisas fundamentales, que se podrían resumir en, dedicación, gusto por el trabajo y estar en lo que se está sin mirar al reloj. Mi chamán de cabecera decía: “Y si no te gusta lo que haces, hazlo como si te gustara”






A este panorama, se une uno de los principales pecados capitales que atesora el español: La envidia. Una inmensa y mollar envidia que empecina todo lo que toca y que es la causante de muchos crímenes, despidos y arrinconamiento de, habitualmente, los más válidos de cada casa, que se ven degradados, abroncados o castigados por culpa de la maledicencia de algún compañero que se muere de la envidia que le corroe las entrañas. A una amiga, impecable en su trabajo, organizadora donde las haya, cumplidora con sus subordinados, preocupada de los demás, la acaban de revocar las condiciones de trabajo en la empresa donde trabajaba a comisión, por el simple motivo de que gana mucho más que sus jefes. ¡Es el colmo!. Ni están todos los que son, ni son todos los que están. Es fenomenal. Y luego hablan de sindicatos, competitividad, I + D + I (que no tengo ni repajolera idea de lo que significa, pero que ahora está de moda) Bueno, miento, creo que la primera ‘I’ corresponde a “investigación”. La ‘D’ que la sigue después del ‘+’, “desarrollo”. Lo que no sé es lo que quiere decir la segunda ‘I’. La verdad es que tampoco me importa mucho.






Un viejo amigo, cuando subían la gasolina en la época de la “oprobiosa”, en la que yo he vivido magníficamente, decía: “Ojalá la pongan a cien pesetas el litro. Así iremos en coche los de siempre” ¡Qué poco sabía que ahora la gasolina está bastante por encima de lo que él nunca se podía imaginar.

miércoles, 14 de julio de 2010

VUELTA A LA PRÁCTICA DEL TAI CHI

Después de algunas semanas de inactividad, volví a practicar Tai Chi. Salí de casa con tiempo escaso para llegar a la hora. La cita era a los 20:30 en la orilla del rio, detrás de las piscinas que están al lado del pabellón Marta Domínguez. Gocé del paseo a pesar del calor. Yo lo aguanto bastante bien. Me extraño porque, en medio de una temperatura muy alta, ni sudo. Me dirigí hacia la plaza de toros para entrar en la plaza de San Juanillo, rehabilitada recientemente para adaptarla a una estética moderna de la que carecía con el paso de los años. Enfilé Hnos. López Francos para salir a la Avda. de Santander, y, hacia la izquierda para bajar el túnel que salva las vías del tren. Salgo a la Avda. La Antigua Florida que bordea el parque de Los Jardinillos, hasta la plaza del León. Simón Nieto adelante hasta la plaza donde han colocado la estatua del labriego en pelota picada, y hacia la izquierda para dejar atrás la Clínica Recoletas y llegar, cruzando la Avda. del Obispo Barberá, a la orilla del río Carrión.






Por el camino me encuentro a una antigua compañera, con la que coincidí durante un corto lapso de tiempo en el Hospital Provincial. Se alegra de verme. Ella también está en trámites de jubilación. Por un momento me dejo enganchar por las críticas que siempre suscita el grupo de seres humanos menos humanos que se puedan dar en una ciudad tan pequeña como Palencia. En verdad es como para entrar en la provocación y soltar sapos y culebras por la boca, tanto de los responsables de la sanidad, como de los médicos que actualmente la ejercen. Corremos un tupido velo y quedamos en vernos para tomar una ‘copa’ y charlar. Luego, ni charla, ni copa. A pesar del tamaño de esta ciudad, pasas años sin ver a determinadas personas.







La calidad humana de los individuos de una comunidad, es la que hace ‘patria’ y ambiente. Y es la que te hace estar a gusto o renegar de la hora en la que se te ocurrió arribar a semejante lugar de la geografía hispana. Un amigo define Palencia como un ‘pasapurés’, en el que te trituran y te muelen hasta dejarte fino, fino, como la sémola de trigo. Es inútil resistirse. Palencia es una ciudad carmática, a la que se viene a purgar, y, sobre todo a aprender y a experimentar. ¿Hay buena gente? Como en todas partes. Pero se notan más las personas envidiosas, ladinas, retorcidas, ignorantes, que son las que contribuyen, impecablemente, a mover la manija del instrumento que te va a dejar suave, suave.
Amo a Palencia. Vivo en Palencia. Paseo Palencia. Me gusta Palencia. Es bonita la Ciudad. Me complace. En ella, como digo en mi página web: “he gozado y he llorado, y …he aprendido y olvidado”. Pienso seguir constituyendo una especie de resistencia pasiva, para ver si logro que, alguna vez, algún político sensato piense en esta ciudad y en sus habitantes, en vez de en sí mismo.







Mientras tanto las gozo con el Tai Chi y lo que me aportan, tanto Juanjo Mendoza, como los compañeros.

domingo, 11 de julio de 2010

¡VIVA ESPAÑA!

Vi el partido en el que España se proclamó ¡campeona mundial de futbol!, con todos los merecimientos y a pesar de los métodos poco ortodoxos y un poco fuera del fair play de los rivales, solo en casa. La frase es demasiado larga, pero demuestra claramente mi intención. Simplemente quiero contar que vi el partido solo en mi casa, nervioso, moviéndome, la mayor parte del tiempo levantándome para reconvenir a los holandeses. Tenía la cena delante y no pude comer ni un solo bocado . Esa era mi circunstancia.

A mi me encanta compartir todo. Es cierto, para mí uno de los alicientes de lo que gozo, es compartirlo, de lo contrario parece que me quedo cojo de contenido y la maravilla se queda en menos. El momento mágico hay que compartirlo, sí señor.








No me arrepiento de ello, y si hubiera querido, creo que ‘alguien’ me hubiera acogido en su salón. Y en último caso, el bar que hay debajo de casa, sacó una pantalla gigante al pequeño parque que tiene a su izquierda, y aquello se llenó de aficionados de toda índole de pensamiento, que a una sola voz se dejaron llevar por la Patria. La primera vez en la historia de España que se proclama campeona mundial de futbol, y la primera vez que las ‘dos Españas’ se unen bajo una misma bandera. A mí se me caían las lágrimas. No en vano era la primera vez en mi vida que asistía a un acontecimiento de esta naturaleza: Todos, los de izquierdas y los de derechas; los del Madrid y los del Barcelona, todos a una con la mejor selección nacional de futbol de todos los tiempos. La primera vez que la gente exhibía banderas con el rojo y gualdo libremente, sin esconderse no vaya a ser que les tachen de facha, aunque ninguno de los que emiten tal epíteto saben lo que significa, ni siquiera los políticos que, entre otras cosas, de alguna manera se van a lucrar con el hecho. Ellos siempre rebañan de donde pueden.

Pues, señor. ¡Viva España! ¡Qué gusto, por Dios! El caso es que mi sobri Juan, un buen día se vio recriminado por su madre y por su hermana, que le achacaban una falta de interés por ellas; que no las preguntaba por sus problemas, que no se interesaba por ellas; que no sentían su calor. Él, muy calmado, como es, como vive, las contestó, más o menos: Yo os quiero, siento afecto por vosotras, como mi madre y hermana que sois. Sufro con vuestras penas y me alegro de vuestras alegrías, pero yo no puedo interferir en vuestras vidas. Yo no sé qué os pasa si no me lo decís. No os puedo ayudar si no me pedís ayuda. Estoy aquí constantemente y no creo que os haya fallado ni una sola vez si me habéis pedido colaboración o ayuda.






Inteligente y sensata manera de abordar el problema. En las relaciones humanas se sobreentiende que todos tenemos que estar pendientes de los demás y que tenemos que meter las narices en sus asuntos en la mayor impunidad. Y no es así. Cada cual tiene que saber qué quiere y debe pedirlo. No se puede jugar al fallo con la intención de saber el grado de interés que tiene alguien por mí. No se puede recriminar a nadie por un olvido involuntario de una fecha o de un acontecimiento. Antes de que llegue el día de mi cumpleaños, aviso a mi familia para que lo recuerde. Y si el día señalado no me llaman, les llamo yo. Pero no se me ocurre guardársela o enfadarme.

Si hubiera querido podría haber llamado a cien personas a quien les hubiera gustado gozar de mi compañía. Pero no les puedo recriminar porque no me invitaran. Yo no se lo pedí, y la gente no puede estar en eso, en lo otro y en lo de más allá.

Lo tomé como experiencia, y lloré y grité y me dejé fluir. El corazón iba como quería, pero yo estaba feliz. No pensé en el calor ni un solo minuto. Pensé en la gente de mi cariño y las gocé con ellos. Yo estaba solo en casa, pero feliz y sin reproches. Así debe ser.

MI VUELTA AL HOGAR

Llego de Madrid y lo primero que me encuentro, chocante, es un artículo de mi admirado Punset, encabezado por una pregunta: “¿Estar en forma afecta a nuestra salud mental?”. Se trata de otra vuelta de tuerca al controvertido asunto de la ‘mens sana in corpore sano” La frase del poeta Juvenal, proviene de plegarias que él mismo le hacía a los dioses implorándoles que le concedieran un espíritu y un cuerpo en equilibrio. Ya que él, antes de pedir cosas vanas y pasajeras, prefería rogar por la integridad de su cuerpo, de su mente y de su alma. En la entrega del XL SEMANAL de 11 de Julio de 2010, dice cosas como esta: “…la salud física requiere cuidar la dieta.”; “lo único que sabemos es que un poco de ejercicio físico diario es muy bueno para la salud”; “que se debe emplear el tiempo y los medios necesarios para cuidar la salud mental”; que en el existencialismo había que tener una cierta tristeza para resultar creativo, y que esta idea ha resultado falsa!”; “tenemos pruebas de que podemos transferir lo ganado en memoria al resto de la mente”… O sea, nada. Concluyentemente no contesta, ni de largo, a la cuestión planteada. Es la técnica de los políticos. Y lo más sencillo, aun sabiendo que la respuesta es científicamente incorrecta y reprobable, es decir la verdad.






No es la primera vez que digo que la frase está mal dicha y peor interpretada. Nada tiene que ver un cuerpo sano y saludable con una mente lúcida, porque puede existir un cuerpo metrosexual en una mente deficiente y no equilibrada. Mi teoría de siempre es que la frase, en vez de “mens sana in corpore sano”, debe de ser: “Corpore sano en mens sana” Explico. Para mí, la mente es la que define los procesos orgánicos y su funcionamiento. De tal forma que los órganos del cuerpo son inertes y sin capacidad de pensar, ni de un razonamiento de ningún tipo, ni de la capacidad, per se, de enfermar o de variar sus pautas genéticas de funcionamiento. Es más, en la teoría del oncogén que se transmite de generación en generación, debe haber un agente desencadenante del proceso. Nunca se lleva a cabo espontáneamente; tiene que influir en él un proceso mental específico del individuo.






Y, si los órganos son inertes y sin capacidad de pensar sobre su propio funcionamiento, y menos en la forma de variarlo de forma negativa ¿Cuál es el agente provocador de los procesos patológicos en los que no tiene nada que ver la noxa externa, como la mala alimentación, las drogas, los venenos, el alcohol, los irritantes gaseosos, el calor, el frío. Los accidentes ¿Cuál es la causa del inicio de las patologías que desencadenan los exitus letalis, “salida mortal”? Pues la mente, hombre, la mente. Que hace que se nos pongan los pelos de punta, que nos caguemos de miedo, que segreguemos adrenalina para afrontar una situación de peligro, que pesquemos una gripe y que desarrollemos un carcinoma de estómago… Claro, hombre, claro. Si no ¿De dónde viene el asunto?

Un ciudadano, dirigiéndose a un homosexual, le pregunta: “Y, tú, eres manflorita de nacimiento?” “¡Anda!” –contesta extrañado el aludido- “¡No va a ser de una pedrada!”…

¿Qué? ¿que las enfermedades (excepto las que he descartado previamente), vienen de una pedrada, no? Vamos, vamos. Eso se lo pueden creer los niños, y ya lo empiezan a cuestionar muy seriamente. Todo está en el coco, señores. Yo soy el que me provoco mis males con mi especial manera de pensar. Todas las enfermedades (excepto las aludidas), son de origen psíquico. Lo que pasa es que los científicos también repiten las cosas psitácicamente, sin experimentarlas por ellos mismos: Se fían de lo que les cuentan empíricamente y lo repiten una y otra vez a conveniencia de las multinacionales de la farmacia, que son las que rigen los destinos de la medicina actual.






Entonces, ¿Estar en forma afecta a nuestra salud mental? No. Nuestra salud mental, afecta a nuestro organismo. Y lo que hay que hacer no es mantener la memoria por medio de programas chorras que engordan los bolsillos de los creadores, sino, no pensar. Es tan asquerosamente sencillo que la gente no se lo cree. No pensar en el pasado, no pensar en el futuro, vivir el momento con pasión e impecablemente. Y, claro, este sistema conlleva unas cuantas cosas de poco fácil ejecución, como sanar las rencillas y los rencores del pasado (tanto ajenos como con uno mismo), cambiar algunos parámetros de conducta como: No juzgar, no criticar y tener paciencia para lo que haya de venir; o desapegarse, poco a poco, de los deseos sin los cuales no podemos ser felices.

(Se admiten preguntas) ¡Ánimo!.


(Óleos de Tosar Granados)
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