sábado, 16 de enero de 2010

¡FACHA! (Parte 3)

José Antonio Primo de Rivera


José Antonio Primo de Rivera habla del fascismo en el diario ABC el 22 de marzo de 1933, en una carta dirigida a su director Juan Ignacio Luca de Tena. Algunas de sus afirmaciones son las siguientes:

El fascismo no es una táctica: la violencia. Es una idea: la unidad. Frente al marxismo, que afirma como dogma la lucha de clases, y frente al liberalismo, que exige como mecánica la lucha de partidos, el fascismo sostiene que hay algo sobre los partidos y sobre las clases, algo de naturaleza permanente, trascendente, suprema: la unidad histórica llamada Patria. La Patria, que no es meramente el territorio donde se despedazan aunque sólo sea con las armas de la injuria varios partidos rivales ganosos todos del Poder. Ni el campo indiferente en que se desarrolla la eterna pugna entre la burguesía, que trata de explotar a un proletariado, y un proletariado, que trata de tiranizar a una burguesía. Sino la unidad entrañable de todos al servicio de una misión histórica, de un supremo destino común, que asigna a cada cual su tarea, sus derechos y sus sacrificios.

En un Estado fascista no triunfa la clase más fuerte ni el partido más numeroso que no por ser más numeroso ha de tener siempre razón, aunque otra cosa diga un sufragismo estúpido, que triunfa el principio ordenado común a todos, el pensamiento nacional constante, del que el Estado es órgano.

Para encender una fe, no de derecha (que en el fondo aspira a conservarlo todo, hasta lo injusto), ni de izquierda (que en el fondo aspira a destruirlo todo, hasta lo bueno), sino una fe colectiva, integradora, nacional, ha nacido el fascismo. En su fe reside su fecundidad, contra la que no podrán nada las persecuciones. Bien lo saben quienes medran con la discordia. Por eso, no se atreven sino con calumnias. Tratan de presentarlo a los obreros como un movimiento de señoritos, cuando no hay nada más lejano del señorito ocioso, convidado a una vida en la que no cumple ninguna función, que el ciudadano del Estado fascista, a quien no se reconoce ningún derecho sino en razón del servicio que presta desde su sitio. Si algo merece llamarse de veras un Estado de trabajadores, es el Estado fascista. Por eso, en el Estado fascista y ya lo llegarán a saber los obreros, pese a quien pese los sindicatos de trabajadores se elevan a la directa dignidad de órganos del Estado.

Emilio Gentile

Emilio Gentile describe el fascismo como "la sacralización de la política" a través de métodos totalitarios.

Robert Paxton

Robert Paxton, profesor emérito de la Universidad de Columbia, define el fascismo en su libro Anatomía del fascismo como:

[...] una forma de comportamiento político marcada por la obsesiva preocupación por el declinar, humillación o victimismo de la comunidad, así como por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en los que un partido de masas o un conjunto de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en difícil pero efectiva colaboración con las élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue, con redentora violencia y sin restricciones éticas o legales, metas de limpieza interna y expansión externa.



Expuesto lo anterior, se deduce fácilmente, que el fascismo no es, ni más ni menos, que cualquiera de las doctrinas o ideologías o filosofías políticas que hemos reseñado, con la intención de dar una pincelada de cada una, para forma el cuadro más abstracto que darse puede. Es, sencillamente, una más. Con sus defectos y sus virtudes. Por supuesto mucho menos demagógica que la democracia y mucho menos autoritaria que el comunismo. Entonces, ¿por qué la consideran como un insulto? ¿Lo asimilan al gobierno del General Franco? ¿Y, qué? ¿Qué tubo Franco que no tuvieran Hitler, Mussolini, Stalin, Lenin…? ¿Qué hizo Franco? Oponerse frontalmente al Socialismo, que había sido la perdición de todos los países donde imperó por algún tiempo, y en los que todavía impera –Cuba, por ejemplo-. ¿Y sólo por eso esgrimen la palabra, el epíteto, como si fuera un pecado del que un hubiera de arrepentirse eternamente?

Es como si la derecha de España llamase a Teresa Fernández de la Vega “¡Socialista, que eres una socialista. Sociata, so sociata…!” Y ella se diera por aludida, recordando, por ejemplo, todos los crímenes que perpetró el partido socialista obrero español antes y durante la guerra civil. Que fueron, muy parecidos o peores y más numerosos, que los que se cometieron por parte de la derecha. Puestos a poner en marcha la “memoria histórica”, a ver si tomamos algún reconstituyente cerebral y recordamos todos de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Desde ahora, cuando me tachen de “Facha”, contestaré: ¡Sí, y a mucha honra!.

En la próxima y última entrega –la cuarta-, tengo intención de mostrarles un apéndice, donde expongo las definiciones de algunos regímenes políticos de los que hablo en este trabajo.

(Continuará)



PERDER PARA GANAR (Victoria pírrica)

Esta es la grandeza de las probabilidades, de los factores de incertidumbre, de la concatenación de posibilidades y del factor azar. A esta sí se la puede calificar de victoria pírrica, porque, mediante un gran esfuerzo se vence en una batalla, pero el resultado no sirve para nada en el computo de la guerra. He rogado a los hados que perdiera el “FCBARCELONA, més que un club” algo, algo, por caridad. Que estos chicos descansen de su presión mediática, de la carga que supone ser omnipotentes, super, super y super de la muerte. Es que les iba a dar algo, un trastorno de Bazo, o algo. No se puede ganar todo en esta vida. Bueno, sí se puede, pero no se debe. ¡Que ninguno estamos preparados para esto, Señor! ¡Qué bochorno! ¡Desde Abril del 2009 ganando todos los títulos a los que se han presentado! Y porque no había más. ¡Me cachis!

Insisto. De vez en cuando viene bien una dosis de humildad, incluso para los sublimes de la elite de cualquier actividad en la vida. En el deporte, como en el deporte; y en la vida, con humildad y sin prepotencia, ni risitas por lo bajini, ni escarnio, ni mofa, ni befa. Normalitos, buenos, ganadores, pero campechanos. Porque, si no, lo que se juegan es que, en vez de admiración, inspiren un odio que te cagas. Yo los admiro desde antes de los seis títulos, y ahora que han perdido la clasificación para la copa del Rey, mucho más. ¡Caray! Ahora son humanos y se han colocado a nivel de todos los demás. Muchos de los que les denostaban, ahora están empezando a fascinarse con ellos. Muy bien, requetebién. Ahora están las cosas normales, y no habrá nadie a quien le dé pigricia hablar bien del “FCBARCELONA, més que un club”.

Esto no quiere decir que tengan que perder por obligación, pero sí por devoción. No hay cosa que inspire más odio y desprecio a los demás que un ganador prepotente y gilipollas, alentado por su representante. Me viene a la memoria un chaval, elato él, chulín, fuertote, mal encarado. Que, además, ganaba a las tabas, al taco, a las canicas, a las carreras de chapas, al rescate, a “rusia” y a lo que se pusiera. Estaba superdotado para dar por el culo a los demás. Y a fe que lo hacía, y, bien. Nadie se atrevía con él: Te podía estar pateando en el culo hasta que te perdiera de vista o hasta que se le cansase la pierna. Inspiraba respeto y miedo. Un buen día, a mediados de curso, acertó a aterrizar en el colegio el hijo de un oficial de la base de Torrejón, que, por cuestiones laborales, llegaba en aquella fecha a Madrid. Era un muchachote alto y rubio. Entre el final de los pantalones cortos y las medias escocesas, dejaba ver unos pelillos incipientes que, a nuestra edad, eran un dato de hombría que provocaba admiración. Colt, se llamaba.  Como el inventor del afamado revolver americano que salía en las películas del Oeste. Una mañana, el prepotente, quiso medir sus fuerzas con él y le puso una zancadilla cuando pasaba corriendo por su lado. El hombretón americano, fue a dar con toda su anatomía al suelo y rodó aparatosamente, tal era la velocidad que llevaba. Se levantó, se miró la sangre de una de sus rodillas, se sacudió el polvo de los pantalones y al alzar la vista para mirar a su verdugo, vio como le hacía una higa. Le pidió explicaciones educadamente y con su acento americano, y el otro le hizo otra higa como única respuesta. El american people, sin explicaciones y sin dilación, se acercó a una distancia de tiro y le propino un puñetazo en plena cara, que le hizo caer al suelo medio noqueado. ¡Un puñetazo en la cara! ¡Le había dado un puñetazo con el puño cerrado! Aquella actitud era inédita en nuestro círculo y a nuestra edad. Eso sólo se veía en las películas. Nosotros nos limitábamos a darnos manotazos, a cogernos por el cuello e intentar tirar al suelo al contrario. Aquello del puñetazo nos dejo estupefactos. Pero lo más relevante es que todos nos alegramos. A partir de aquel momento, el prepotente, asqueroso de Gustavo, se hizo más humano y acabó siendo amigo de Colt y de otros muchos que empezamos a considerarlo como mortal.

¡FACHA! (Parte 2)

Franklin D. Roosevelt


Franklin Delano Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos entre 1933 y 1945, en su texto de 1942, Mensaje del Presidente de los Estados Unidos transmitiendo recomendaciones relativas al fortalecimiento y la imposición de las leyes antitrust, describió el fascismo de la forma siguiente.

La primera verdad, es que la libertad de una democracia no está a salvo si la gente tolera el crecimiento del poder en manos privadas hasta el punto de que se convierte en algo más fuerte que el propio estado democrático. Eso, en esencia, es el fascismo - la propiedad del estado por parte de un individuo, de un grupo, o de cualquier otro que controle el poder privado-.

Stanley G. Payne

Stanley G. Payne, en su obra de 1980 Fascismo: Comparación y definición, usa una larga lista de características para identificar al fascismo, incluyendo (entre otras):

Creación de un estado autoritario. Creación y control de un sector económico integrado en el estado. Uso de simbología fascista. Antiliberalismo (ver referencia en el apéndice en la última parte). Anticomunismo (“). Conservadurismo (“).

Roger Griffin

Roger Griffin pone el énfasis en el aspecto de la retórica popular fascista que reclama un "renacimiento" de la nación y la etnia entremezcladas. Según Griffin:

El fascismo se define mejor como una forma revolucionaria de nacionalismo, una que pretende ser una revolución política, social y ética, fusionando al "pueblo" en una dinámica comunidad nacional, bajo el mando de las nuevas elites infusas en valores heroicos. El mito central que inspira ese proyecto es el de que tan solo un único movimiento populista e interclasista de purificación, un renacimiento nacional catárquico (palingénesis), puede detener la ola de decadencia.

También según Griffin, durante los años 1990 se desarrolló un amplio consenso académico en el ámbito de las ciencias sociales dentro del mundo angloparlante, centrado en la siguiente definición de fascismo:

El fascismo es una forma genuínamente revolucionaria de anti liberalismo transcláseo, y en su último análisis, nacionalismo anticonservador. Como tal, es una ideología profundamente inmersa en conceptos de modernización y modernidad, ha asumido una considerable variedad de formas externas para adaptarse al contexto histórico y nacional particular en el que aparece, y ha desatado una gran cantidad de corrientes culturales e intelectuales, tanto entre la izquierda como entre la derecha, anti modernas y pro modernas, con el fin de articularse como un cuerpo de ideas, lemas y doctrinas. En el período de entre guerras se manifestó principalmente en la forma de un "partido armado" dirigido por una elite, que intentó, normalmente de forma infructuosa, generar un movimiento de masas populista a través de un estilo político lleno de liturgia y un programa de políticas radicales que prometían vencer una amenaza representada por el socialismo internacional, acabar con la degeneración que afectaba la nación bajo el liberalismo, y traer una renovación radical de la vida social, política y cultural del país, como parte de lo que era comúnmente considerado como una nueva era inaugurada en la civilización occidental. El mito movilizador central del fascismo, que condiciona su ideología, su propaganda, su estilo político y sus acciones, es la visión del inminente renacer de la nación desde la decadencia.

Griffin afirma que la definición anterior puede condensarse en una sola frase:

El fascismo es una ideología política cuyo núcleo mítico, en sus varias permutaciones, es una forma palingénica de ultranacionalismo populista.

La palabra palingénico se refiere a la noción de renacimiento (en este caso, renacimiento nacional), y tiene un significado similar a los términos "apocalíptico" y "milenario", aunque sin connotaciones religiosas.

Ramiro Ledesma Ramos

El fundador de las JONS, uno de los principales teóricos del fascismo en España, analiza el fascismo en su libro ¿Fascismo en España?

Fácilmente se comprenderá que cuantas veces utilizamos aquí la palabra "Fascismo" lo hacemos como una concesión al vocabulario polémico mundial, pero sin gran fe en la exactitud expresiva, ya que, por nuestra parte, nos inclinamos a negar al fascismo propiamente dicho características universales...

Nos fijaremos en dos factores, que sin ser desde luego los únicos, ni quizá los de más profundidad, han influido considerablemente en la universalización del fascismo.

1) Su tendencia al descubrimiento jurídico-político de un Estado nuevo, con la pretensión histórica de que ese Estado signifique, para el espíritu y las necesidades de la época, lo que el Estado liberal-parlamentario significó en todo el siglo XIX, hasta la Gran guerra.

2) Su estrategia de lucha contra una fuerza social -el marxismo, el partido clasista de los proletarios-, venciéndola revolucionariamente, y sustituyéndola en la ilusión y en el entusiasmo de las masas...

No hay ni puede haber una Internacional fascista. El fascismo, como fenómeno mundial, no es hijo de una fe ecuménica, irradiada proféticamente por nadie. Es más bien un concepto que recoge una actitud mundial, que señala una coincidencia amplísima en la manera de acercarse el hombre de nuestra época a las cuestiones políticas, sociales y económicas más altas. Pero hay en esa actitud mundial zonas irreductibles, que son las primeras en denunciar la no universalidad originaria del fascismo. Pues su dimensión más profunda es lo "nacional". De ahí que el fascismo no tenga otra universalidad que la que le preste el soporte "nacional" en que nace ...

¿Qué significa, en resumen, ser fascista? ¿Qué características ofrece esa actitud moral, política y económica que en el mundo entero se califica hoy de actitud fascista? ¿Qué aspiraciones y qué propósitos tienen esos movimientos que el mundo conoce y señala como movimientos fascistas?

Parece que esas preguntas pueden hoy ser contestadas, y ello, de acuerdo con lo que antes dijimos, sin necesidad de dirigir exclusivamente el catalejo hacia Italia y hacia Mussolini, sino capturando una dimensión esencial de nuestra época, y de la que, en realidad, es ya consecuencia y producto el fascismo italiano mismo.

Señalemos brevemente, en esquemas, las características y afirmaciones centrales, definitorias, que en opinión nuestra determinan el fascismo como fenómeno mundial:

1) La Patria es la categoría histórica y social más firme. Y el culto a la Patria, el impulso creador más vigoroso.

2) El Estado liberal-parlamentario no es ya el Estado nacional. Las instituciones demoburguesas viven al margen del interés de la Patria y del interés del pueblo. No representan ni interpretan ese interés.

3) La oposición a la democracia burguesa y parlamentaria es la oposición a los poderes feudalistas de la sociedad actual.

4) El marxismo es la solución bestial, antinacional y antihumana que representa el clasismo proletario para resolver los evidentes problemas e injusticias, propias del régimen capitalista. La primera incompatibilidad de tipo irresoluble del fascismo se manifiesta frente a los marxistas. Tan irresoluble, que sólo la violencia más implacable es una solución.

5) Desde el momento en que el fascismo no es un producto de los sectores más conformistas de la sociedad, es decir, de los grupos más satisfechos y partidarios de la actual ordenación económica y política, su régimen y su victoria implican, necesariamente, grandes transformaciones revolucionarias.

6) El fascismo busca un nuevo sentido de la autoridad, de la disciplina y de la violencia. Respecto a la autoridad, vinculándola en jefes verdaderos. Respecto a la disciplina, convirtiéndola en liberación, en eficacia y en grandeza del hombre.

Idea nacional profunda. Oposición a las instituciones demoburguesas, al Estado liberal-parlamentario. Desenmascaramiento de los verdaderos poderes feudalistas de la actual sociedad. Incompatibilidad con el marxismo. Economía nacional y economía del pueblo frente al gran capitalismo financiero y monopolista. Sentido de la autoridad, de la disciplina y de la violencia.

(continuará)

jueves, 14 de enero de 2010

¡FACHA! (Parte 1)

La progresía actual utiliza la palabra como un arma arrojadiza; como una azagaya letal, emponzoñada con el veneno de la ignorancia y de la estulticia más necia. Su idiocia estriba en no querer aprender; en limitarse a utilizar los dardos que, desde decenios, han utilizado los torpes que, apoyándose en el recuento de unos papelillos que, arrojados estúpidamente en un cajón de paredes de cristal, les aúpan en un poder omnímodo e hidrópico de sensaciones placenteras, que les producen los aplausos y los halagos de los que, como ellos, hacen de la ignorancia su bandera. Repiten la palabra a tontas y a locas cada vez que alguna persona en sus cabales, formada, educada y con hombría, quiere rebatirles algún argumento espurio, o alguna maniobra artera para hacerse con otra parcela de poder, usurpada a sus legítimos poseedores, o les quiere limitar el flujo dinerario hacia sus partidos, nunca peor empleado, desde luego jamás para el bien común o comunitario. ¡Eres un facha! Exclamarán entonces, vomitando incapacidad y ausencia de otros argumentos válidos con que defender su taimada y atrevida malversación, en beneficio propio.

Por si no conocen lo que es el fascismo, me voy a permitir, por el poder que me otorgan mis canas, mi experiencia y mis horas de ratón de biblioteca, ilustrarles un poco. Puede que después de leer se les quede cara de tardo. Ya sé que nunca se harán cargo de sus responsabilidades y de sus errores. Sólo quiero expresar mi derecho al pataleo ante este estado de plétora de elementos saqueadores de los dineros que pertenecen a todos los ciudadanos, y de los que sólo quieren gozar ellos, en su magnífica compañía de los menos, en contra, cada vez con más desvergüenza, de los más.

Definiciones de fascismo

Las distintas definiciones de fascismo y de lo que constituye un gobierno fascista existentes, son objeto de gran controversia, y fuente de numerosas y acaloradas disputas. Historiadores, estudiosos de la política y otros académicos llevan décadas discutiendo la naturaleza exacta del fascismo y sus principios básicos.

La mayoría de académicos coincide en que un "régimen fascista" es, por encima de todo, una forma de gobierno autoritaria, aunque no todos los regímenes autoritarios sean fascistas. El autoristarismo es, en el fascismo, tan solo una de sus características, de forma que la mayoría de académicos afirman que son necesarios más rasgos identificativos para poder definir un régimen autoritario como fascista.

De forma similar, el fascismo como ideología es también difícil de definir. Originalmente, el fascismo se refería a un movimiento político que existió en un solo país (Italia) durante menos de 30 años, y que gobernó dicho país entre 1922 y 1943 bajo el mando de Benito Mussolini. Es evidente que si esa definición se limita al fascismo italiano original, el término fascismo tendrá poco sentido fuera de la historia de la política italiana. La mayoría de académicos, por tanto, prefiere usar la palabra fascismo en un sentido más genérico para referirse a una ideología (o grupo de ideologías) que fue influyente en muchos países en muchos momentos distintos. Para ese propósito, hay que identificar un "mínimo fascista", es decir, las condiciones mínimas indispensables que debe cumplir un grupo político para poder ser considerado fascista. La mejor forma de hacerlo es considerar cuál ha sido la propia definición de fascismo para diversos autores relevantes.

Benito Mussolini

Benito Mussolini, Il Duce, dictador de Italia antes de y durante la Segunda Guerra Mundial, firmó una entrada en la Enciclopedia Italiana en 1932 titulada Doctrina del fascismo. Suele citarse a ese texto como la definición "original" del fascismo italiano, el cual, a su vez, es considerado el fascismo "original". Sin embargo, el valor de las afirmaciones de Mussolini sobre su propio movimiento político es objeto de discusión.

Algunos extractos destacados de una de las traducciones de la Doctrina del fascismo:

Aunque el XIX fuera el siglo del socialismo, el liberalismo y la democracia, eso no significa que el siglo XX deba ser también el del socialismo, el liberalismo y la democracia. Las doctrinas políticas pasan; las naciones permanecen. Somos libres de creer que este es el siglo de la autoridad, un siglo que tiende hacia 'el bien', un siglo fascista. Si el XIX fue el siglo del individuo (liberalismo implica individualismo), somos libres de creer que este es el siglo del 'colectivo', y por tanto el siglo del estado

La concepción fascista del estado es totalmente incluyente; fuera del mismo no puede existir ningún valor humano o espiritual, mucho menos tener valor. Comprendido esto, el fascismo es totalitario, y el estado fascista - síntesis y unidad que incluye todos los valores - interpreta, desarrolla y potencia toda la vida de un pueblo

El fascismo es una concepción religiosa en la que un hombre es visto bajo la perspectiva de su relación inmanente con una ley superior y con una voluntad objetiva que trasciende al individuo particular y le eleva a la pertenencia consciente a una sociedad espiritual. Cualquiera que no haya visto en las políticas religiosas del régimen fascista nada más que mero oportunismo, no ha entendido que el fascismo, aparte de ser un sistema de gobierno, es también, y sobre todo, un sistema de pensamiento.

(Continuará)

ELLA

¡Qué cultura tan extraña la de la muerte en Occidente! Se sufre, pero no se sabe de ella. Nos vamos encaminando indefectiblemente al final, pero no le conocemos. Todo el mundo la sufre, pero nadie habla de ella. Creemos que no nos va a tocar nunca; que la gente que nos rodea es poco menos que inmortal, y que nosotros somos eternos. ¡Qué incertidumbre acerca de ella! ¿Qué pasará? ¿A dónde nos llevará? ¿Será dolorosa? ¿Enervante? ¿Rápida? ¿Sorprendente? Ni lo sabemos, ni queremos enterarnos de los pormenores. Sólo pensamos en ella cuando la vemos cerca o muy abundante. Y, ahora la cosecha de la parca ha sido ópima: cientos de miles de personas en un solo racimo; todas juntas y a la vez. Por lo menos se han muerto en compañía –si eso es bueno-.

La abuela de mi maestro chamán, Agustín, estaba muy malita, la pobre; más para allá, que para acá. Todo el mundo esperaba su próximo deceso; todo el mundo sufría ya su pérdida. La estaban matando antes de tiempo. ¡Qué manía!, la gente te asesina mentalmente de una manera lenta, pero segura ¡Que nadie se entere de mi enfermedad, porque ya me estarán enterrando sin esperar al triste desenlace! La pobre viejita languidecía en su lecho rodeada de sus deudos. Las plañideras lloraban por adelantado. ¡Qué cuadro, para una abuela! El caso es que, en un momento determinado, la enfermedad hizo crisis bruscamente y la moribunda empezó a resollar, cuando antes su aliento cabía en un silbido. Abrió los ojos y miro en derredor. Sonrió y pidió de comer. Al preguntarla por sus pensamientos y sus sensaciones en aquellos momentos supremos, contestó:

- Vino a por mí la muerte, toda vestida de negro, y me dijo: “Vamos, Paulina, que ha llegado tu hora”. Ni lo sueñes –la contesté-. Como no te vayas y me dejes en paz seis meses más, te echo encima a mi nieto que es karateca. Y, miren ustedes, la negra se me marchó de delante y comencé a sentirme bien.

Bueno, pues si hay que regatear con la de la guadaña, regateamos ¡No faltaba más! Y si hay que amenazarla, lo haremos si con ello prolongamos seis meses nuestra vida ¡Con lo bonita que es!.

Pero una vez en la otra orilla, una vez que Caronte nos haya cruzado la laguna Estigia, me imagino un paraíso donde la gente destile bondad, buenas maneras, amor, comprensión y sabiduría. Nos saldrá a recibir una representación de la flor y nata de la otra vida; la elite de los muertos, junto con nuestros familiares y amigos que nos precedieron, y después de los emocionantes saludos, nos conducirán a nuestra casa: ¡La vuelta al hogar! ¡Qué emoción y que gran dicha la vuelta a casa! Y allí, rodeados de lo mejor de nuestra alma, nos aleccionarán sobre las condiciones del sitio, sobre lo que allí nos espera y sobre nuestra transmisión con los que han quedado allá abajo. Un poco más tarde, nos asignarán una tarea para realizar, siempre en pro de los que han quedado en la Tierra. Y, si no, que me quiten lo bailao.

Es bueno morirse cuando no aguantas la presión de los acontecimientos o cuando has tirado la toalla o cuando así lo decides. A lo mejor la muerte no está datada; quizá no sepa nadie el día ni la hora, y los que lo decidamos seamos nosotros. ¡Vete tú a saber! Y, en el ínterin, podíamos familiarizarnos con ella –lo menos posible, la verdad- y no sufrir cuando alguien, próximo a nosotros; casi de la familia, nos abandona. Considerar el óbito como una cosa natural, como el nacer. Y así es en verdad: el nacimiento a una nueva vida sin impuestos, ni políticos estridentes. ¡Es broma!

SOBRE FACHAS E IGUALDAD DE SEXO.

Mantengo en la actualidad varios contenciosos semánticos y de interpretación. Dos de estos conceptos me traen por la calle de la amargura cada vez que los oigo; tantas veces como tardos hablan en los medios de comunicación. Uno de ellos es el término “fascista”, que esgrimen los progres ante cualquier situación en la que quedan al descubierto sus inmundicias, a guisa de insulto –qué bobada-, siendo un término mucho menos lesivo para las masas –en general- que, marxismo, comunismo o independestismo, que, entre otras mil desgracias, han generado muchas más muertas civiles que el fascismo. Otro esperpento en liza es el término “igualdad” –con su ministerio y todo- referido a los sexos: hombre y mujer. Ambos chocantes por lo inexactos y poco documentados.

Me propongo, al respecto, aclarar las ideas de más de un progre intentando agredir, y más de una fémina echada al monte de la igual de sexos. Empezaré por el fascio. Igual que en el caso de la libertad, para facilitar la lectura, lo dividiré en cuatro entregas. Tras este, publicaré un ensayo, in extenso, sobre la igualdad entre hombre y mujer. En esta ocasión, igual que las dos precedentes, dividiré el ensayo en cuatro entregas. Así que, mañana comenzaré con la primera entrega del ensayo sobre el fascismo y sobre el epíteto “Facha”, y, a continuación la emprenderé contra la igualdad de sexos. “Emprenderé” no ha sido una errata, sino una declaración de intenciones, ya que pienso poner en claro el tan controvertido asunto, que incluso está aupando a una, casi adolescente, a la elit  de la más abyecta inutilidad de intenciones y de cometidos.

DEL VIEJO, EL CONSEJO

“De vez en cuando hay que carpir la tierra para quitarle las malas hierbas”. Eso me decía mi abuelo que le oyó al suyo: “Rapaz, de vez en cuando hay que carpir la tierra, si no, las malezas agostan las cosechas y luego comemos mierda”. Es una medida que los labriegos llevan a cabo cada cierto tiempo, por pura imitación. Mi abuelo era muy terne. Si un mal Diciembre, con sus heladas, no se lo hubiera llevado por delante con una pulmonía doble, todavía me estaría dando consejos. Del viejo el consejo, decía mi madre cuando no queríamos escuchar alguna máxima salida de las entrañas de la sabiduría popular. Tenían razón. De vez en cuando hay que carpir la tierra para quitarle las malas hierbas. De vez en cuando habría que carpir la política y las finanzas, para quitarles las malas gentes que no dejan crecer la cosecha de trabajo bien hecho y conducente a que todos comamos, vivamos y nos amemos sin los inconvenientes, físicos y mentales, que cada día introducen las finanzas y la política en el campo, del que debería de nacer una buena cosecha para regocijo de todos, no sólo de los sinvergüenzas, que se levantan a diario pensando a quién le pueden robar un duro o de quién se pueden aprovechar para auparse, un escalón más, en la escalera del delito flagrante contra la propiedad y los derechos humanos.

Hace tiempo que la gente no refranea. Creo que han sido los políticos los que han apartado de la vida pública los sabios refranes de nuestros abuelos, no fuera a ser que la juventud aprendiera de ellos.

“Cada uno como pueda se explique y se rasque donde le pique”

“Palabras melosas, siempre engañosa”

“A cejas en acento circunflejo, se ven mentiras desde lejos”

“Por el canto se conoce al pájaro”

“Por el dinero se deja entrar al extranjero”

“Por los votos, se levantan los cotos”

“Por pulido que sea, no hay culo que no pea”

“Mentiroso sin memoria, pierde el hilo de la historia”

“Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y moche”

“Roba tú allá, que yo afanaré por acá”

Claro, a la vista de estas consejas de vieja, podría uno ponerse al loro de la cuestión y considerar como embustes, los discursos de los políticos. Pero, mucho hablar, todo el mundo a quejar, Y ¿qué solución adoptar? La mía la sé yo, pero se puede considerar por algunos ciudadanos responsables, como una solución descabellada. La expongo por si cunde el ejemplo:

Dije en otro artículo que me había tenido que someter a una dura oposición, para acceder a mi puesto de trabajo, que he ejercido durante 40 años. Naturalmente, todo el que goza de un puesto de trabajo, ya sea por oposición, por curriculum, a por demostración de sus habilidades, ha tenido que trabajar duro para hacerse acreedor a un puesto de responsabilidad. En el reino animal, asumen la responsabilidad de conducir a la manada, el macho o la hembra de más rango y sabiduría; de más dominancia. Este puesto, además de un honor, es de un gran compromiso, porque va repercutir, de una manera brutal e inmediata, en todos los miembros del clan. No obstante, los machos o hembras adultas, con deseos de ocupar el puesto de los jefes de manada, tienen que librar con ellos una dura batalla física, a veces con resultados de muerte de uno de los dos contendientes, para asumir la responsabilidad del puesto. El macho o la hembra dominantes, han pasado por esta fase, han luchado para ocupar el puesto y luego tienen que acreditarse en él, demostrando sus capacidades.

En esta época en la que nos ha tocado vivir, para acceder a un puesto de responsabilidad política, no es necesario ningún nivel de capacitación, ni de estudios, ni de curriculum, ni de demostración. El 85% de los gobernantes actuales, no tienen estudios superiores, y por el pelo de la dehesa -¿y se ha de casar usted con un rústico labriego?-, ni inferiores. Basta con ser un “animal político”, presentarse a las elecciones por algún partido, con un programa elaborado mediante técnicas de captación de masas, para conseguir el mayor número de votos, y, ya. Durante los cuatro años siguientes, u ocho, si la gente sigue siendo inculta e incompetente, vivirán como dioses del Olimpo, a costa de los imbéciles que les han votado y que no van a recibir ni una sola satisfacción de orden material, ni intelectual. El que de esta manera, sin méritos de ninguna clase, ni trabajo, ni desvelos, se ha aupado a lo más alto de la escala de la gobernación de un país, sólo por el hecho de que la generación que les ha votado, no ha pensado en lo que hacía con todas sus consecuencias, se rodea de inútiles, útiles para ellos y para sus fines, que tampoco pueden exhibir ningún mérito. Y así sigue la cadena hasta diluirse en la tecnocracia, que es la que verdaderamente sabe, que es la que sostiene técnicamente a todos los estamentos públicos, pero que se encuentra ahogada por el poder y jugándose el puesto y el pan de sus hijos, de manera que es absolutamente dependiente del color político de cada legislatura.

Verdaderamente este sistema no es justo, ecuánime, ni da a cada quién lo que se merece. Es un sistema absolutista y dictatorial durante los años del mandato de determinado partido, que se dedicará a desmontar todas las actuaciones del antecesor por muy adecuadas que fueran en su momento. Y, lo que es peor, a cambiar las leyes y ahogar al poder judicial y legislativo, intentando perpetuarse en el poder. Y esto lo hacen todos: derechas, izquierdas y centros. Y los programas tienen tan pocas diferencias, que hay que buscar el meollo en la semántica. ¡Qué hay que jorobarse!

Y, naturalmente, hay campañas millonarias y maniobras de concienciación de masas y de estructuración y propaganda políticas, para que la gente vote en masa, aunque no sepa nada de nada. Ya se encargan los dominantes de impregnar los medios de comunicación con mensajes descarados, para que la gente caiga en el garlito de la absoluta necesidad y el imperioso deber de votar. Pero ¿es una obligación votar? No. Votar es un derecho que se ha otorgado a todas las personas mayores de edad –cada vez más temprana- para demostrar la libertad de las masas, que, previo a las elecciones, se han visto bombardeadas desde todos los flancos, con la artillería de las consignas políticas. “Si no votas o lo haces en blanco, no tendrás derecho a protestar” ¿Y por qué no voy a tener derecho a protestar, si me están jorobando constantemente con medidas que atentan contra mi integridad económica, física y mental, aunque no haya votado? ¿A quién se le ha ocurrido semejante disloque de los conceptos? ¿A un político? Ya me lo imaginaba. Pues, bien. Yo no he votado en la vida y pienso seguir sin votar, y protestando de estos inicuos, incultos, incompetentes, zafios, rastreros, mentirosos, ateos y estultos.

Y, para más abundamiento, pienso que si nadie votase en unas elecciones, los políticos –ya es una palabra peyorativa en el lenguaje coloquial- se morirían de vergüenza y empezarían a pensar en cambiar el sistema. Para mi inteligencia, es el único modo que se podría adoptar para cambiar de arriba abajo las instituciones y sanear la vida del país. No hay otro. Todo lo demás son paños calientes.

Una última reflexión. Los culpables de la recesión económica son los bancos. Y los bancos son los que inyectan miles de millones a los partidos políticos, antes de las elecciones, para sus campañas millonarias. Esos millones nunca se devuelven en metálico, sino con prebendas, cuando no con dinero físico abundante como no hace mucho tiempo les ha arrimado el gobierno (pero, naturalmente, del erario público y no para saldar sus deudas). ¿Cómo van a regular a la banca, si es la que tiene cogida la sartén por el mango? De hecho, actualmente, no dan ni un duro como no sea a ciudadanos con solvencia. Y si tienen solvencia ¿para qué quieren un préstamo o una línea de descuento del banco? Los gobiernos se pliegan a los bancos, y los bancos roban en la mayor impunidad, porque no hay gobierno que los regule. No en vano la banca le ha enchufado al gobierno un montón de millones de euros, para sus fines espurios.

Os apoyo a no votar en las próximas elecciones. Sólo por una vez. A ver qué pasa. Entonces, ya veréis saltar todo por los aíres y cambiar las cosas como por arte de magia…





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