Ya sabéis de mi periódica propensión a emitir juicios mundanos sobre los hechos que acaecen en el día a día de España y de nosotros, los españoles. Como premisa adopto siempre una postura ecléctica y pienso en las motivaciones sobrenaturales, y en que todo funciona con un orden perfecto dentro de este barullo, pero, de vez en cuando, exhibo mi opinión como para que no se me olvide que ando todavía a ras de suelo y por muchos intentos que hago no consigo elevarme y volar. Y hay días que me tocan tanto la fibra, que tengo que hacer una auténtica catarsis con alguien de mi cuerda y de mi absoluta confianza. Y ayer fue uno de esos días en los que sale a flor de piel toda la verdad reflexiva e inteligente, y que hay que proclamarla a los cuatro vientos para que los demás sepan que todavía hay gentes de buena fe que piensan en lo correcto sin esperar recompensas por mentir descaradamente.
La democracia es aquella forma de gobierno en la que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y todos ellos tienen derecho a voto cuando cumplen la mayoría de edad. Dicho en pocas palabras, todos los hombres y mujeres tiene necesariamente que ser iguales, pero no sólo ante la ley y ante las urnas, sino en su capacidad intelectual, en su nivel humano y en su sabiduría. Al menos eso sería lo adecuado. De otra forma nunca pueden ser iguales. Igual que hombre y mujer, por mucho que se empeñen los políticos, no pueden ser ni remotamente iguales, ni física, ni mentalmente, ni en sus aspiraciones, ni en sus actos, ni en nada. Sólo ante una igualdad clónica de cerebros y mentalidades, puede haber una igualdad ante la ley y ante las urnas.
Esto es una premisa al comentario. Y este aserto no puede ser rebatido en absoluto, ni en su contenido, ni en su sentido, ni en su significado, porque está palmariamente claro, menos para aquel ciudadano que tenga algo que ganar diciendo lo contrario. Hace dos días oí en una tertulia de televisión a un personaje famoso para la gente de mi generación, menos para los modernos, refiriéndose a los medios de comunicación y las elecciones, decía que los gobiernos manipulan descaradamente los comentarios, las opiniones y los hechos para decantar a una parte importante del electorado en su favor; esa masa de gente que tiene un índice intelectual por debajo de la media y que piensan con el mondongo en vez de emplear la razón –cosa cada vez más frecuente en España gracias a la clase dominante–. Inmediatamente, alzó la voz otro contertulio que tendría algo que cosechar con su defensa numantina de la democracia, diciendo que eso era una afirmación antidemocrática, y que en esta forma excelsa de gobierno todo el mundo era igual, desde el premio extraordinario de doctorado, hasta el barrendero que ejerce muy dignamente su cometido. Hago inciso para comentar que no estamos hablando de la dignidad de los individuos mientras cumplan estrictamente con su deber, sino de su intelecto zarandeado por las opiniones vertidas en los medios por los que, como he dicho, tienen algo que ganar con sus opiniones. Enlazo otra vez con el comentario del susodicho apesebrado, que continúo vertiendo toda una serie de despropósitos acerca de las ideas fascistas, dictatoriales, etc., etc. Y habrá gentes que lo estuvieran escuchando que se habrán tragado todas las mendacidades que salieron por su boca y, o porque también tienen algo que rapiñar, o porque piensas con las tripas, le darán la razón en todos los puntos de su esperpento dialéctico.
Luego, comentamos durante la sobremesa el caso y no llegamos a ninguna conclusión, ni siquiera de orden práctico, sobre la mejor forma de gobierno. Los comentarios daban bandazos entre la dictadura o la monarquía extraparlamentaria, y la democracia como la menos mala de las otras formas de gobierno posibles. Desde luego descartamos absolutamente que, ésta en la que nos movemos, fuera una democracia, ya que uno de los pilares de una democracia auténtica es la independencia de los poderes, cosa que está demostrado que no existe–excepto para esa masa por debajo del índice intelectual medio– por cientos de resoluciones judiciales que favorecen al gobierno en un cien por cien.
¿Qué nos queda? Reformar la mentalidad de la gente adoptando las medidas conducentes a mejorar la calidad de la enseñanza por una parte, y por la otra conceder becas reales para los alumnos que, demostrando una capacidad suficiente para abordar con garantías una carrera universitaria, no tengan medios materiales para ello. Y si no empezamos por ahí todo seguirá igual por los siglos de los siglos. Y seguirán triunfando unos u otros pero con la misma mentalidad de vivir a costa de la política sin pensar en el bien común, ni en el futuro.
Y todo esto ocurrirá mientras la masa de la que hablamos; esa masa formada por individuos que piensan con las asaduras, y por la juventud deformada por las facilidades flagrantes que les han concedido para hacer lo que les da la gana, no se eduque de una manera contundente y meditada para crear ciudadanos inteligentes y con sentido común, que defenestren a la clase política actual. Mientras tanto, ajo y agua: A jorobarse y aguantarse.
COLECCION DE PENSAMIENTOS, IDEAS, SITUACIONES, COMENTARIOS, REFLEXIONES, FILOSOFIA. SI QUIERES CONSULTAR CONMIGO ALGUN PROBLEMA, LLAMAME AL 807499032 JUNTOS TRATAREMOS DE SOLUCIONARLO
miércoles, 15 de diciembre de 2010
martes, 14 de diciembre de 2010
CREO EN DIOS
El ser humano necesita soportes para sostenerse, tanto físicos como espirituales. Desde que el mundo es mundo y apareció el hombre en el globo terráqueo, nació la necesidad de confiar en algo, de tener una meta, un gurú, un sacerdote que nos pusiera en contacto con lo que quiera que hubiera creado el Universo y fuera el responsable de nuestras vidas. La indefectibilidad de la muerte de los seres humanos, ha sumido en el desconcierto a la gente, siempre. Las peguntas surgen del fondo del individuo como para adquirir cierta confianza en nuestras acciones con respecto a lo que pueda haber ‘más allá de la vida’. Y siempre ha habido alguien dispuesto a darle respuestas, que al mismo tiempo, resonaban en sí mismo produciendo una especie de lenitivo.
Lo cierto es que el ser humano siempre ha sido confiando en esas respuestas, porque no tenía más remedio. Si yo no sé la verdad, alguien la sabrá, y si ese alguien me comunica algo más o menos creíble, lo adoptaré como cierto en espera de alguna señal del infinito que me confirme o me desmienta el asunto. Y si no surgen señales espontáneas, ya se encargará alguien de asegurar que durante el sueño o en alguna otra circunstancia extraña se le ha comunicado la verdad, que correrá de boca en boca constituyéndose en doctrina.
A lo largo de los milenios, ha existido una religiosidad que impulsaba a la humanidad hacia un creador, supremo hacedor de la vida y de la muerte y, por lo tanto, responsable subsidiario de lo acontecido y por acontecer. Todo el mundo pagaba los servicios de un intermediario y este quemaba ofrendas animales y humanas para aplacar la ira de los dioses caprichosos y ávidos de justicia. Y cuando el hombre se apartaba de la línea de conducta que le acercaba al paraíso, había alguien dispuesto a volverlo al buen camino y a limpiar las faltas de lo ya recorrido.
Todo el mundo vivía de algún forma en la religiosidad y era un lábaro la idea de la concordancia entre las acciones y las reacciones; la ley, buena acción – premio, pecado – castigo.
Esto mantenía al hombre en un ten con ten espiritual que le impulsaba a ser consciente de sus buenas o malas acciones. Bien es verdad que siempre ha habido gente que con una mano se daba golpes de pecho y con la otra se dedicaba a apuñalar al prójimo. Pero la verdad es que siempre había sistemas de neutralización de las entidades que se apartaban del camino perjudicando gravemente a los demás en su físico o en sus intereses.
Me dirijo al hecho actual de la falta de religiosidad de los ciudadanos que, impulsados por las ideas sesgadas de los que debían de constituir ejemplo y guía, se acostumbran a hacer lo que les viene en gana sin pensar en las posibilidades de que las obras sean bumerang que se vuelvan contra el que las lanza. Aparte de esto existe una necesidad imperiosa de creerse todo lo que dicen o hacen los famosos. Hace poco he leído un artículo en el que se habla de una supuesta periodista, que en el ejercicio de sus funciones, sorprende a una super famosa arrojando un envase de cartón a una papelera. Suponiendo que aquello podía ser fuente de una noticia, rebusca ávidamente en la papelera y halla el envoltorio de una crema para el cutis. Acude a un amigo farmacéutico en busca de información del producto y, cuál no sería su sorpresa al enterarse de que era una crema barata y de uso no habitual. Ofrecida la noticia en prensa, a los pocos días se agotó la crema en la mayoría de las farmacias de Madrid.
¿Qué pasa? ¿Por qué la gente se lo cree todo a pies juntillas y sin embargo está de moda no creer en Dios? ¿Qué tiene una famosa que no tenga Dios? ¿Por qué la gente cree en los políticos y no en Dios? Quizá a los políticos, por mucho daño que me hagan, los puedo echar con mi voto y a Dios, por mucho que vote estará allá arriba mondándose de risa de lo estúpidos que son los humanos. ¿Qué nos queda a la gente de a pie? Una cosa que siempre ha existido, y puede que siempre exista, aunque, en estos momentos no está en la cresta de la ola. Hablo de la fe, esa virtud que nos impulsa a creer en lo que vemos y a confiar en Dios como mi guía y protector, que me otorgó el ‘libre albedrio’ para que yo fuera feliz, pero que lo he prostituido dando el poder al materialismo y al dinero como fuente de sexo y poder.
Lo cierto es que el ser humano siempre ha sido confiando en esas respuestas, porque no tenía más remedio. Si yo no sé la verdad, alguien la sabrá, y si ese alguien me comunica algo más o menos creíble, lo adoptaré como cierto en espera de alguna señal del infinito que me confirme o me desmienta el asunto. Y si no surgen señales espontáneas, ya se encargará alguien de asegurar que durante el sueño o en alguna otra circunstancia extraña se le ha comunicado la verdad, que correrá de boca en boca constituyéndose en doctrina.
A lo largo de los milenios, ha existido una religiosidad que impulsaba a la humanidad hacia un creador, supremo hacedor de la vida y de la muerte y, por lo tanto, responsable subsidiario de lo acontecido y por acontecer. Todo el mundo pagaba los servicios de un intermediario y este quemaba ofrendas animales y humanas para aplacar la ira de los dioses caprichosos y ávidos de justicia. Y cuando el hombre se apartaba de la línea de conducta que le acercaba al paraíso, había alguien dispuesto a volverlo al buen camino y a limpiar las faltas de lo ya recorrido.
Todo el mundo vivía de algún forma en la religiosidad y era un lábaro la idea de la concordancia entre las acciones y las reacciones; la ley, buena acción – premio, pecado – castigo.
Esto mantenía al hombre en un ten con ten espiritual que le impulsaba a ser consciente de sus buenas o malas acciones. Bien es verdad que siempre ha habido gente que con una mano se daba golpes de pecho y con la otra se dedicaba a apuñalar al prójimo. Pero la verdad es que siempre había sistemas de neutralización de las entidades que se apartaban del camino perjudicando gravemente a los demás en su físico o en sus intereses.
Me dirijo al hecho actual de la falta de religiosidad de los ciudadanos que, impulsados por las ideas sesgadas de los que debían de constituir ejemplo y guía, se acostumbran a hacer lo que les viene en gana sin pensar en las posibilidades de que las obras sean bumerang que se vuelvan contra el que las lanza. Aparte de esto existe una necesidad imperiosa de creerse todo lo que dicen o hacen los famosos. Hace poco he leído un artículo en el que se habla de una supuesta periodista, que en el ejercicio de sus funciones, sorprende a una super famosa arrojando un envase de cartón a una papelera. Suponiendo que aquello podía ser fuente de una noticia, rebusca ávidamente en la papelera y halla el envoltorio de una crema para el cutis. Acude a un amigo farmacéutico en busca de información del producto y, cuál no sería su sorpresa al enterarse de que era una crema barata y de uso no habitual. Ofrecida la noticia en prensa, a los pocos días se agotó la crema en la mayoría de las farmacias de Madrid.
¿Qué pasa? ¿Por qué la gente se lo cree todo a pies juntillas y sin embargo está de moda no creer en Dios? ¿Qué tiene una famosa que no tenga Dios? ¿Por qué la gente cree en los políticos y no en Dios? Quizá a los políticos, por mucho daño que me hagan, los puedo echar con mi voto y a Dios, por mucho que vote estará allá arriba mondándose de risa de lo estúpidos que son los humanos. ¿Qué nos queda a la gente de a pie? Una cosa que siempre ha existido, y puede que siempre exista, aunque, en estos momentos no está en la cresta de la ola. Hablo de la fe, esa virtud que nos impulsa a creer en lo que vemos y a confiar en Dios como mi guía y protector, que me otorgó el ‘libre albedrio’ para que yo fuera feliz, pero que lo he prostituido dando el poder al materialismo y al dinero como fuente de sexo y poder.
domingo, 12 de diciembre de 2010
UNA VUELTA DE TUERCA
Es evocador para mí ver los vídeos del viaje a México del 2005. Me hace revivir algunos momentos sublimes –la verdad es que muchos–, de los que viví, y me acuerdo de multitud de enseñanzas chamánicas que aprendí.
Estando en Malinalco –último vídeo–, muy cerquita del DF, instalados en el chalet de un amigo de Jaime, nos proporcionó un taller delicioso de ritmo y coordinación, impartido por Luis (si alguna vez supe su apellido o su alias, lo olvidé), maestro en este arte. Allí nos llevó un ‘tambor’ para cada uno. Y digo tambor porque no estoy muy ducho en las clases de instrumentos de percusión de parche que nos llevó para que los tocáramos. El caso es que había para todos. Al iniciar el taller nos previno de la actitud que debíamos de mantener en todo momento si queríamos establecer una buena relación con los demás. La clave del asunto, como de cualquier actividad que vayamos a emprender, es estar al cien por cien; estar ahí con cuerpo y alma. En una de las fases, una ayudante empezó a tocar un djembé con maestría, y nos recomendó que dejásemos que las vibraciones nos penetraran y que, poco a poco, fuéramos sacando de dentro el ritmo que nos sugerían. Así, poco a poco, fue creándose un clima de percusión aceptable para gente que no está avezada a este tipo de actividad. En otra fase del taller nos explicó la naturaleza mágica del tambor y su poder curativo. No en vano emite vibraciones muy poderosas que pueden armonizar las de nuestros átomos. En realidad somos átomos en una determinada vibración que puede ser modificada por vibraciones externas sutiles o por otras más penetrantes. Nos aconsejó que tocáramos el tambor con asiduidad como método de meditación, creación de armonía y curación.
Fue una hora y media durante la que estuve en el rollo al cien por cien, entre otras cosas porque te llevaba l ritmo y no tenías más remedio que adaptarte a la circunstancia. En el último video, que colgaré esta semana, veréis unos trocitos de aquel inolvidable taller de percusión.
Al finalizar, Jaime agradeció la sabiduría de Luis, su entrega y los consejos que nos había regalado, e hizo votos para que algún día se repitiera o tuviéramos la fortuna de verlo en España. Ante nuestra subida esa noche a la zona arqueológica para practicar una ceremonia muy interesante. Nos dijo que al igual que habíamos estado al cien por cien en el taller, único sistema para sacar algo en limpio de él, debíamos mantener la misma aptitud allá arriba, en la zona de poder.
Siempre lo mismo. No hay profesor, religioso, chamán, sabio, anciano, que no tenga dentro la enseñanza ancestral de ‘vivir el momento con intensidad’; al cien por cien; con cuerpo y alma. Buen papel hubiéramos hecho si durante el taller de percusión, cuando teníamos que coordinar las vibraciones que emitíamos con los tambores, hubiéramos estado pensando en las musarañas.
A mí me va bien el sistema. Procuro estar en mí el mayor número de momentos posibles del día. Y cuando me salgo de mí mismo, procuro retomarme con la mayor celeridad, porque, de lo contrario, no sé a dónde me llevarán mis pensamientos.
Estando en Malinalco –último vídeo–, muy cerquita del DF, instalados en el chalet de un amigo de Jaime, nos proporcionó un taller delicioso de ritmo y coordinación, impartido por Luis (si alguna vez supe su apellido o su alias, lo olvidé), maestro en este arte. Allí nos llevó un ‘tambor’ para cada uno. Y digo tambor porque no estoy muy ducho en las clases de instrumentos de percusión de parche que nos llevó para que los tocáramos. El caso es que había para todos. Al iniciar el taller nos previno de la actitud que debíamos de mantener en todo momento si queríamos establecer una buena relación con los demás. La clave del asunto, como de cualquier actividad que vayamos a emprender, es estar al cien por cien; estar ahí con cuerpo y alma. En una de las fases, una ayudante empezó a tocar un djembé con maestría, y nos recomendó que dejásemos que las vibraciones nos penetraran y que, poco a poco, fuéramos sacando de dentro el ritmo que nos sugerían. Así, poco a poco, fue creándose un clima de percusión aceptable para gente que no está avezada a este tipo de actividad. En otra fase del taller nos explicó la naturaleza mágica del tambor y su poder curativo. No en vano emite vibraciones muy poderosas que pueden armonizar las de nuestros átomos. En realidad somos átomos en una determinada vibración que puede ser modificada por vibraciones externas sutiles o por otras más penetrantes. Nos aconsejó que tocáramos el tambor con asiduidad como método de meditación, creación de armonía y curación.
Fue una hora y media durante la que estuve en el rollo al cien por cien, entre otras cosas porque te llevaba l ritmo y no tenías más remedio que adaptarte a la circunstancia. En el último video, que colgaré esta semana, veréis unos trocitos de aquel inolvidable taller de percusión.
Al finalizar, Jaime agradeció la sabiduría de Luis, su entrega y los consejos que nos había regalado, e hizo votos para que algún día se repitiera o tuviéramos la fortuna de verlo en España. Ante nuestra subida esa noche a la zona arqueológica para practicar una ceremonia muy interesante. Nos dijo que al igual que habíamos estado al cien por cien en el taller, único sistema para sacar algo en limpio de él, debíamos mantener la misma aptitud allá arriba, en la zona de poder.
Siempre lo mismo. No hay profesor, religioso, chamán, sabio, anciano, que no tenga dentro la enseñanza ancestral de ‘vivir el momento con intensidad’; al cien por cien; con cuerpo y alma. Buen papel hubiéramos hecho si durante el taller de percusión, cuando teníamos que coordinar las vibraciones que emitíamos con los tambores, hubiéramos estado pensando en las musarañas.
A mí me va bien el sistema. Procuro estar en mí el mayor número de momentos posibles del día. Y cuando me salgo de mí mismo, procuro retomarme con la mayor celeridad, porque, de lo contrario, no sé a dónde me llevarán mis pensamientos.
viernes, 10 de diciembre de 2010
CITIUS ALTIUS FORTIUS
Citius altius fortius es una locución latina que significa "más rápido, más alto, más fuerte". Este es el lema de los Juegos Olímpicos, que junto con los cinco aros de diferentes colores entrelazados, que representan a cada uno de los continentes, y con la antorcha, simbolizan el espíritu olímpico. La frase fue pronunciada por el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos de la Edad Moderna, en 1896 (Atenas).
El lema fue ideado por el dominico fray Henri Didon para el frontispicio de su Colegio Alberto Magno de París. Didon era amigo de Coubertin.
Desde ese momento todos los atletas del mundo se esfuerzan para hacer cumplido honor a la frase Citius, altius, fortius. Y a fe mía que lo hacen y muchos lo logran batiendo cada día un record diferente. Es extraordinario contemplar los adelantos físicos de la gente. Cada cuatro años se pulverizan las marcas de los juego anteriores, y cada cuatro años, suben al pódium los más selectos de cada disciplina; lo más florido del mundo del deporte.
Decía Punset que cualquier atleta que llega a la élite del deporte, ha debido de entrenar un mínimo de diez mil horas. Pero además, ha tenido que someterse a largos ejercicios de musculación específicos para su especialidad en los gimnasios, y además se han tenido que privar de muchos alimentos, de excelente paladar, para no añadir grasa a su economía, y además han tenido que dosificar sus salidas nocturnas y sus horas de sueño, y además han tenido que renunciar a muchos de los placeres del dolce far niente…
Todos. Fijarse bien. Todos los humanos, azuzados por los medios de comunicación, y por la necesidad de vender los productos de investigación farmacéutica, intentan mejorar su calidad de vida mediante el consumo de pastillas para calmar los nervios, para sobreexcitar el sistema nervioso, para dormir, para espabilar, para no dormir y para volver a hacerlo, para calmar el más mínimo dolor, y para sobrellevar una emoción negativa o una positiva. Todo el mundo se droga. El Valium es uno de los productos relajantes del sistema muscular más vendidos en el mundo, y mucha gente busca las vueltas a los médicos de cabecera para que les receten ansiolíticos y antidepresivos.
Casi todos los concertistas y casi todos los músicos consumen estimulantes y bradicardizantes del funcionamiento cardiaco para enfrentarse al público en un recital. Casi todos los comunicadores utilizan técnicas para evitar el pánico escénico que se desencadena cuando se tienen que enfrentar a un auditorio. Y el consumo de estupefacientes, de euforizantes y de drogas sintéticas y naturales está a punto de venderse en los supermercados.
Dentro de cualquier disciplina deportiva, se recurre a métodos físicos y químicos para aumentar el rendimiento. Alguna de estas sustancias están permitidas y otras no ¿Por qué?. En el fondo no hay dos atletas iguales, de la misma manera que cada ser humano es único e irrepetible. Y, o a todos les dan leche, o a todos café con leche, pero a unos sí y otros no, no es juicioso. Los atletas que practican la halterofilia y los que participan en los concursos de musculación, se hinchan a tomar esteroides, que es lo que les permite aumentar su masa muscular. Y ¿por qué a estos sí y a otros no?.
Es notorio que la igualdad de oportunidades no iguala a la gente. Unos consiguen sus metas y otros no. Pero en esto influyen una serie indefinida de mecanismos que facilitan o se oponen a la obtención de las metas. El ser humano está influido por mil parámetros físicos, psíquicos y ambientales que le están zarandeando constantemente y variando su línea de conducta. No se puede hablar de la generalidad porque –repito– cada persona es única e irrepetible. Y a unos les sienta bien la EPO (Eritropoyetina, hormona de síntesis que aumenta la cantidad de glóbulos rojos y mejora el rendimiento muscular) y otros les sienta como una patada en el lomo.
¿En defensa de quién se prohíben las maniobras de drogar o dopaje? ¿Del deportista? De una forma u otra, se dope o no, su rendimiento se verá afectado por otra serie de factores, no únicamente por las drogas de síntesis. Soy partidario de que cada cual escoja su camino, dentro o fuera de la legalidad. Si es dentro magnífico; si fuera los organismos competentes se encargarán de neutralizarlo.
¿Quién, dentro del deporte, no ha recurrido al dopaje en algún momento? ¿Por qué tanto humo con el dopaje? ¡Qué casualidad que salgan estos casos, como el de Alberto Contador, Marta Domínguez –que por su relevancia van a ser un bum– en los momentos precisos para que la gente piense en esto y no en la pésima gestión de unos organismos que se quieren perpetuar en el poder a pesar de su inepcia.
La estrategia del ‘cuerpo único’ que adoptan los bancos de peces para despistar a sus depredadores, es útil para ellos, pero no para mí. Yo no soy un pez y pretendo moverme por mis propias ideas, no por las ideas que algunos personajes quieren que yo tenga. ¡Qué curioso que para una cosa tan difícil como esta, rápidamente movilicen a la Guardia Civil y les den toda serie de facilidades, hasta dilucidar la verdad, y en el 11-M, todo el mundo sea imbécil!
Marta Domínguez es una víctima propiciatoria que van a inmolar, sin importarle a nadie ni un pimiento, para desviar la atención de los problemas que verdaderamente deberían de ocupar a la gente. Yo, de una forma o de otra, siempre estaré con ella.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
VIAJE AL MÉXICO PROFUNDO. SECUENCIA 2.
Aquí tenéis la segunda entrega del viaje chamánico. La dejaré en el día algunas fechas y luego la colgaré en la columna de la derecha. Buen provecho.
Viaje al México profundo. Secuencia 2 from Enrique de Soto on Vimeo.
Viaje al México profundo. Secuencia 2 from Enrique de Soto on Vimeo.
LOS DÍAS ACIAGOS
Últimamente sólo se me ocurren, de pasada, cosas negativas. Me pasa de tarde en tarde, pero cuando me pasa tengo que poner en marcha toda mi sabiduría para controlar el influjo nefasto que producen en mí. Empiezo por criticar a todo bicho viviente. Para mí hay demasiadas cosas criticables que yo habitualmente no pongo en tela de juicio por la inutilidad de la maniobra, que siempre redunda en mi perjuicio. Pero cuando tengo el día me fijo hasta en los mínimos detalles y me pregunto qué pensarán los que están por encima de esos locutores que le meten coces al diccionario en la mayor impunidad, o esos redactores que escriben cosas inverosímiles, o esos presentadores de TV que están mostrando unos comportamientos que, indefectiblemente van a influir en la gente.
Tanta era mi crítica en una época determinada de mi vida, y tanto era el daño que me hacía, que no tuve más remedio que elaborar una técnica para andar por casa, que me apartara de la crítica. Cuando era consciente de que estaba criticando y que esa crítica me estaba elevando el nivel de adrenalina, ponía en práctica la técnica 180 grados. Consiste en darte la vuelta hasta 180 grados de tu punto de vista y empezar a definir mentalmente lo que ves en ese momento. Supongamos que estoy en casa con la mirada puesta en la pantalla del televisor. No estoy viendo nada en particular y eso me deja tiempo para pensar, entonces soy consciente de que estoy pensando pestes de fulano. Me levanto, giro 180 grados y defino lo que está delante de mi vista. ¡Hombre, el cuadro de Murias! Lo compré en una exposición que celebró hace treinta años en la casa de cultura que había enfrente de lo que hoy es La ‘Chapó’. Me costó muy barato comparado con los precios del arte hoy en día. Me acuerdo de que Carlos Grau, que me acompañaba, se compró otro. Pero el más bonito era el mío. Y, chau, chau, se me ha olvidado completamente lo que estaba criticando.
¡Qué más me da que un entrevistado en radio o TV responda a una pregunta del entrevistador: ¡Para nada! Sabiendo yo que es un vulgarismo que a algún/a estúpid@ se le ocurrió para hacerse notar y le salió también que ya nadie, excepto yo y dos más, contestan: No, o en absoluto, que es lo que hay que contestar! ¡Qué me va o qué me viene que en las tertulias de radio o de TV no se puedan ni siquiera escuchar los comentarios, porque hablan todos a la vez, elevando la voz y atacándose unos a otros como si les fuera la vida en su propia razón! A mí me da igual, pero el caso es tener razón. Pero con la razón no se vive, ni se come, ni se crece, ni se goza, ni se ama. La razón es siempre fuente de polémicas y de desastres.
Cuando atravieso el Rubicón de estos días aciagos. Por cierto y por si no sabéis que significa pasar el Rubicón. Ahí va una pequeña explicación, porque el saber no ocupa lugar.
El río Rubicón (en italiano, Rubicone; en latín Rubico) es un corto río de régimen torrencial del nordeste de Italia, que discurre por la provincia de Forlì-Cesena y desemboca en el mar Adriático. Parece que el nombre deriva del color del agua, ya que discurre por una región arcillosa, que tiñe el agua de un color rubí.
Nace en algún lugar poco determinado y encuentra la Vía Emilia a la altura de Savignano sul Rubicone. Se suele identificar con el Pisciatello en sus inicios y como el Fiumicino hasta el mar.
En época de los romanos, señaló por un período (época tardorrepublicana, entre 202 a. C. y 27 a. C.) la frontera entre Italia, considerada parte integrante del territorio de Roma, y la provincia de la Galia Cisalpina y, por tanto, estaba prohibido que los generales lo cruzasen en armas.
El río entró en la historia por ser su cruce el detonante o casus belli de la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Marcaba el límite del poder del gobernador de las Galias y éste no podía –legalmente– adentrarse en Italia con sus tropas. La noche del 11 al 12 de enero de 49 a.C. Julio César se detuvo un instante ante el Rubicón atormentado por las dudas: Cruzarlo significaba cometer una ilegalidad, convertirse en enemigo de la República e iniciar la guerra civil.
Julio César dio la orden a sus tropas de cruzar el río, pronunciando en Latín la frase «Alea iacta est» (la suerte está echada) según Suetonio. De acuerdo con Plutarco (en sus “Vidas Paralelas”) Julio César citó en griego la frase del dramaturgo ateniense Menandro, uno de sus autores preferidos: «ἀνερρίφθω κύβος / anerriphthô kubos» que significa «¡Que empiece el juego!»).
De este evento proviene la expresión «cruzar el Rubicón» que expresa el hecho de lanzarse irrevocablemente a una empresa de arriesgadas consecuencias.
Política y retóricamente, las dos orillas del Rubicón, separadas por un estrecho caudal muy fácil de cruzar, representan la seguridad de la pertenencia a la tiranía y la peligrosa libertad.
Pues bien, cuando atravieso el Rubicón de estos días aciagos en los que no se me ocurre nada más que criticar lo que veo, o lo que oigo, lo primero que hago es ser consciente del hecho: ¡Vaya, ya llegó el día de la crítica bumerán! Y entonces despliego todas mis técnicas. Junto con la del 180, me suele dar buen resultado rezar mantras como el muy famoso «Om Nama Sivaya» o como el facilón: «Om Tare Tutare Turi Soha». Todo menos dejarse llevar por la absoluta inutilidad de la crítica aviesa y sibilina que no conduce más que a aumentar la secreción de adrenalina.
domingo, 5 de diciembre de 2010
RITUALES
Siempre he estado a favor de los rituales, no en lo que tienen de esotéricos, sino en su sentido humano. Todo aquello que eleve ligeramente el espíritu y nos haga soñar, es bueno. Y en este sentido, los rituales son buenos porque nos hacen soñar. Y si los llevamos a cabo creyendo firmemente en sus resultados positivos, éstos se realizarán sin ninguna duda. Congregados alrededor del altar, con las velas encendidas y todo el fervor del que seamos capaces, todos los miembros de la familia, amigos y allegados, recordarán este momento durante mucho tiempo. «Lo que crees, creas».
EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD
El espíritu de la Navidad es una tradición perteneciente a los países nórdicos y que, desde hace varios años, ha sido adoptada en toda Europa como parte de las costumbres propias de esta época navideña. Según cuenta la leyenda, el espíritu llegó al planeta proveniente de una galaxia lejana y se instaló en la región Norte, en lo que hoy se conoce como la península escandinava. Este espíritu es descrito como una energía que viene desde del centro de nuestra galaxia y que llega año tras año para repartir: paz, amor, armonía y alegría.
Tradicionalmente el Espíritu de la Navidad se recibe con un ritual efectuado el 21 de diciembre, exactamente entre las 10:00 y las 12:00 de la noche. el Espíritu de la Navidad desciende para acompañarnos en estas fiestas navideñas.
El ritual se lleva a cabo el día 21 de diciembre, entre las 10 y las 12 de la noche. Entre estas horas es cuando desciende sobre la Tierra El Espíritu de la Navidad. Y depende de nosotros y de nuestro fervor, el que se convierta en algo vivo –si creemos–, o en algo inútil –si no creemos.
Para el ritual necesitamos los siguientes elementos:
1.- 1 vela azul, 1 vela amarilla, 1 vela roja.
2.- 1 cono o varilla de incienso de benjuí o mirra.
3.- Esencia de azahar (flor blanca del naranjo).
4.- Cerillas.
5.- Cuartillas.
6.- Algo para escribir.
7.- Tijeras.
Simbología:
Vela azul: paz.
Vela amarilla: alegría y felicidad.
Vela roja: amor.
Incienso de Mirra: paz y prosperidad.
Esencia de azahar (flor blanca del naranjo): amor, suerte, dinero, energía física, alegría y salud.
Forma de realizar el ritual
1.- Cuando tenemos todos los elementos colocamos las velas en triangulo, el incienso y la esencia sobre un altar que hemos preparado para la ocasión.
2.- Encendemos las velas en el sentido de las agujas del reloj, prendemos el incienso y esparcimos unas gotas de esencia por el ambiente.
3.- Abrimos todas las puertas y ventanas de la casa para darle la bienvenida al Espíritu de la Navidad.
4.- Nos concentramos en silencio durante unos minutos percibiendo esa energía buena y positiva que nos trae el Espíritu de la Navidad, empapándonos de ese bienestar colectivo tan anhelado; de los deseos universales de paz, amor y prosperidad para todos. Visualizamos la Tierra llena de luz, paz y armonía donde todos los seres son felices. Pensamos también en nuestros objetivos particulares, visualizamos nuestros sueños cumplidos.
5.- Escribimos en el papel nuestros deseos por orden de prioridad (se recomienda pedir primero por la paz, en segundo lugar por el propio país, en tercer lugar por familiares y amigos y en cuarto lugar por nosotros mismos). Es conveniente escribir la lista de deseos en renglones independientes y sólo por una cara del folio. Una vez finalizado el ritual debemos conservar este papel hasta el año siguiente.
6.- Si el año anterior hemos realizado este mismo ritual sacamos el papel con nuestros deseos expresados entonces. Recortamos en tiras los que se han cumplido y los quemamos en la llama de las velas dando gracias mentalmente por esta realización.
7.- Dejamos que las velas se consuman totalmente.
En esta noche, la más larga del año, demos la bienvenida al Espíritu de la Navidad. Cojamos su mano y dejemos que su energía nos envuelva. Olvidemos los aspectos superfluos y triviales de la celebración navideña y centrémonos en lo esencial: ser mejores con nosotros mismos y con los demás. Y de esta forma alcanzaremos la luz.
EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD
El espíritu de la Navidad es una tradición perteneciente a los países nórdicos y que, desde hace varios años, ha sido adoptada en toda Europa como parte de las costumbres propias de esta época navideña. Según cuenta la leyenda, el espíritu llegó al planeta proveniente de una galaxia lejana y se instaló en la región Norte, en lo que hoy se conoce como la península escandinava. Este espíritu es descrito como una energía que viene desde del centro de nuestra galaxia y que llega año tras año para repartir: paz, amor, armonía y alegría.
Tradicionalmente el Espíritu de la Navidad se recibe con un ritual efectuado el 21 de diciembre, exactamente entre las 10:00 y las 12:00 de la noche. el Espíritu de la Navidad desciende para acompañarnos en estas fiestas navideñas.
El ritual se lleva a cabo el día 21 de diciembre, entre las 10 y las 12 de la noche. Entre estas horas es cuando desciende sobre la Tierra El Espíritu de la Navidad. Y depende de nosotros y de nuestro fervor, el que se convierta en algo vivo –si creemos–, o en algo inútil –si no creemos.
Para el ritual necesitamos los siguientes elementos:
1.- 1 vela azul, 1 vela amarilla, 1 vela roja.
2.- 1 cono o varilla de incienso de benjuí o mirra.
3.- Esencia de azahar (flor blanca del naranjo).
4.- Cerillas.
5.- Cuartillas.
6.- Algo para escribir.
7.- Tijeras.
Simbología:
Vela azul: paz.
Vela amarilla: alegría y felicidad.
Vela roja: amor.
Incienso de Mirra: paz y prosperidad.
Esencia de azahar (flor blanca del naranjo): amor, suerte, dinero, energía física, alegría y salud.
Forma de realizar el ritual
1.- Cuando tenemos todos los elementos colocamos las velas en triangulo, el incienso y la esencia sobre un altar que hemos preparado para la ocasión.
2.- Encendemos las velas en el sentido de las agujas del reloj, prendemos el incienso y esparcimos unas gotas de esencia por el ambiente.
3.- Abrimos todas las puertas y ventanas de la casa para darle la bienvenida al Espíritu de la Navidad.
4.- Nos concentramos en silencio durante unos minutos percibiendo esa energía buena y positiva que nos trae el Espíritu de la Navidad, empapándonos de ese bienestar colectivo tan anhelado; de los deseos universales de paz, amor y prosperidad para todos. Visualizamos la Tierra llena de luz, paz y armonía donde todos los seres son felices. Pensamos también en nuestros objetivos particulares, visualizamos nuestros sueños cumplidos.
5.- Escribimos en el papel nuestros deseos por orden de prioridad (se recomienda pedir primero por la paz, en segundo lugar por el propio país, en tercer lugar por familiares y amigos y en cuarto lugar por nosotros mismos). Es conveniente escribir la lista de deseos en renglones independientes y sólo por una cara del folio. Una vez finalizado el ritual debemos conservar este papel hasta el año siguiente.
6.- Si el año anterior hemos realizado este mismo ritual sacamos el papel con nuestros deseos expresados entonces. Recortamos en tiras los que se han cumplido y los quemamos en la llama de las velas dando gracias mentalmente por esta realización.
7.- Dejamos que las velas se consuman totalmente.
En esta noche, la más larga del año, demos la bienvenida al Espíritu de la Navidad. Cojamos su mano y dejemos que su energía nos envuelva. Olvidemos los aspectos superfluos y triviales de la celebración navideña y centrémonos en lo esencial: ser mejores con nosotros mismos y con los demás. Y de esta forma alcanzaremos la luz.
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