domingo, 26 de septiembre de 2010

SENSATEZ

Se me ensancha el alma cada vez que me topo con personas que piensan igual que yo. Es decir, sensatamente. No, no, así de sencillo y así de claro. Este país está lleno de imbéciles patológicos. En una encuesta ‘seria’, elaborada por una empresa de estudios de mercado para una cadena de TV, que el otro día emitió un documental sobre Belén Esteban, esta ciudadana –o el hipotético partido político que ella encabezase– obtendría, con toda seguridad, su propio escaño en el Congreso de los Diputados, con un apoyo popular del orden del 8%, lo que haría de ella la tercera fuerza política por detrás del PP (40%) y del PSOE (37%). Los datos del estudio indican además que sería en Cataluña donde Belén obtendría más votos y obtendría muchos más que partidos como IU o ERC, y que candidatas con amplia experiencia como Rosa Díez. A partir de este momento yo me declaro como ciudadano independiente y soberano –ya lo era desde hace muchos años cuando decidí no votar a nadie–, y sólo me juntaré, charlaré, oiré y leeré a gente sensata, formada e inteligente. No hace falta estar formado para ser sensato e inteligente.




Y después de esto, comento un artículo sobre Rafa Nadal, en el que entrevistan a su tío, mentor y entrenador, Toni Nadal. Este hombre sensato, ‘creador’ de una auténtica leyenda del deporte español, dice diez cosas que voy a apostillar:

1.- “Rafa siempre ha mantenido los pies en el suelo. Cuando lo has hecho desde pequeño, ya es un hábito y es más difícil que descarriles”

Pero si a un niño no le enseñas a tener los pies en el suelo y se acostumbra a estar en las nubes, como todos los críos, descarrilará. Y ¿quién tendrá la culpa? Los que le dejan volar cuando saben que se puede estrellar y no le bajan al suelo, aunque sea a sopapos.

2.- “Lo que marca la diferencia es el trabajo duro”

Sin ninguna duda. Se han hecho estudios muy serios que demuestran que un deportista de elite, para llega a la cima tiene que entrenar una media de 5.000 horas. Sin dedicación y sin trabajo duro no se llega a ningún sitio.

3.- “Un niño aprende más de lo que ve que de lo que le dicen. Si le dices algo a tu hijo y haces lo contrario, mal vamos”

Naturalmente. Es muy ilustrativa aquella anécdota de un padre que reconviene a su hijo porque miente. “No se debe mentir bajo ningún concepto –le dice– Jamás está justificado mentir ¿Me oyes? En ese momento suena el teléfono, coge el niño y le dice al padre: “Papá, es Roberto”. “Otra vez el pelmazo de Roberto. Dile que no estoy en casa”…






4.- “El trabajo más importante con Rafa se hizo de los 8 a los 17, luego ya fue dejarse llevar”

A los niños se les educa antes de los diez años. Si llegan a esta edad con manías, mala educación y malos modales, es muy difícil de enderezarlos. Al árbol joven hay que ponerle estacas para que no lo doble el viento, si no, llegará a viejo encorvado y retorcido.

5.- “La disciplina es básica”

Para todo, sí señor. Una persona muy inteligente, sin disciplina, no llegará a nada. Otra persona, medianamente inteligencia pero con una disciplina férrea, llegará a donde se lo proponga.

6.- “Si las cosas, por ‘h’ o por ‘b’ se tuercen, debes mantener la exigencia. Ser autocrítico en todo momento”

Cierto. Eso se llama no tirar la toalla. Cada uno debe hacer lo que debe con absoluta impecabilidad independientemente de los resultados; sin crearse expectativas. Si sale bien, gozar del resultado. Pero lo importante es el gozo del tránsito.




7.- “A Rafael, de niño, le marqué un objetivo a largo plazo: ser un gran profesional. En la vida hay que tener ilusión para avanzar”

Mi hijo hizo la carrera de arquitectura y, llegando al final, se desesperaba con el criterio estético de algunos catedráticos a quienes no les gustaban sus proyectos. Nunca perdió la ilusión y yo le ayudé a ello. Acabó sus estudios y nunca perdió el ánimo para avanzar. Hoy día, con las cosas menos fáciles, tampoco pierde la ilusión, y por ello va trabajando a pesar de la dificultad de los tiempos.

8.- “Cuando ganas, hay que mantener una actitud humilde. En la victoria debes relativizarlo todo”

En las duras como en las maduras. No sólo hay que relativizar los triunfos, también los fracasos. Son, ambos, avatares de la vida del individuo y ocasiones para adquirir experiencias.




9.- “Las cosas se pueden cambiar con tu actitud”

En efecto. Hay que mantener siempre una actitud positiva ante las cosas de la vida. Y para mantenerla, hay que ser impecable en el trabajo. Y para conseguirlo hay que vivir el momento intensamente. La concentración del deportista, y por extensión, de cualquier persona, es estar en el momento y no irte con el pensamiento a ideas como: ‘No puedo más’, ‘Estoy al límite de mis fuerzas’, ‘ No me sale nada”. “No lo voy a conseguir”…

10.- “Cuando te pregunten: ’¿Por qué has perdido?’, la razón es simple: el contrario es mejor”

Siempre hay que mantener en el pensamiento la idea de que a todo hay quién gana, y siempre hay alguien más alto que tú, más guapo, con más dinero y más simpático. Pero eso no desmerece en nada tu carácter, tus posibilidades y tu futuro.


Toni Nadal


Con muchas personas con esta manera de pensar, otro panorama estaríamos viviendo en esta época de mala educación, mediocridad, desmanes, y sinvergonzonería.



Toni Nadal

viernes, 24 de septiembre de 2010

EL TRABAJO A PERROS

Cientos de páginas diluidas en el éter; cientos de horas de trabajo tiradas al vacío. Ingenio, desvelos, imaginación, investigación. Todo baldío; todo inútil. No han servido para nada. Se me ocurre buscar culpables; parece que esa compulsión de los humanos consuela en cierto modo la ira que acumula la injusticia monumental de apartar de ti toda labor de años de trabajo. Pero alguien tiene que pagar los trastos rotos; alguna persona se tendrá que hacer responsable del desaguisado.





Mi informático de cabecera emite un diagnóstico que no me deja satisfecho y un pronóstico todavía más negro. Uno de los discos duros internos de mi PC es el responsable. Al parecer también los discos duros tienen un final al cabo de unas horas determinadas de vuelo. Existe un cansancio de los materiales, un sobrecalentamiento de los circuitos impresos, que hacen que eviten ser reconocidos por el sistema. Algunos dejan que recuperes los datos que atesoran; otros no sueltan su fortuna y se va al vertedero dentro de su estructura electrónica. Me cuenta que, en todo caso, se podrían recuperar los archivos, pero que costaría una pequeña fortuna, desde luego fuera de mi alcance en estos momentos de mi vida.





¿Quién tiene la culpa de la movida? Es inútil buscar culpables. Lo que hay que hacer es aprender del hecho y no escribir nunca, nada más, sin hacer una copia de seguridad en un medio de almacenamiento externo. Pero los medios de almacenamiento externo también son perecederos. Existe un programa que indica lo que le falta al disco para cascarla definitivamente. Pero tampoco es seguro. A lo mejor confías en su predicciones y te llevas un chasco.

Yo comencé, como todo el mundo, llenando hojas y hojas de papel, cuadernos y cuadernos con lecciones, apuntes, libros, conferencias, estudios, trabajos, ensayos, archivos de pacientes, etc. Y a no ser que los papeles se quemaran en un incendio –cosa muy poco probable– allí estaban, llenos de polvo, pero ahí estaban. Quizás amarillentos por la oxidación de la celulosa, pero legibles y recuperables. Eran tangibles, los podías tocar, romper o coleccionar. ¿Perderse dentro de un amasijo de estructuras metálicas con circuitos impresos microscópicos y una capacidad de almacenamiento cada vez mayor, y cada vez –colijo– más insegura? Imposible. Tenían que contribuir catástrofes naturales, cataclismos, erupciones volcánicas, inundaciones, incendios…






Al parecer los pendrives (memorias USB ,Universal Serial Bus) son más duraderos y mucho más económicos, y para almacenar letras tienen una capacidad ilimitada. Las obras completas de Shakespeare ocuparían 5 MB. En el mercado existen pendrives de hasta 32 MG a un precio bastante asequible. Me recomiendo comprar uno y utilizarlo solamente durante un año, al cabo del cual lo cambiaré por otro nuevo.

Sed vigilantes y celosos con vuestro trabajo. Es doloroso perder ni una sola hora de labor por nada; por un error del sistema, como tantos…

jueves, 23 de septiembre de 2010

DESCANSA

La vida, el Universo, Dios, quién quiera que sea, me aparta de la actividad de escribir en mi blog. De momento se me escapa el motivo, luego quizá se me desvelará en un intricado laberinto de causa – efecto. Esta vez le ha tocado al ordenador que empleo para hacer los ‘post’ de mi ‘blog’ (las entregas de mi cuaderno cibernético), mis libros, mis ensayos, tener a mano el diccionario de la RAE, el de sinónimos y antónimos, revisar mis correos, tomar notas… ¿Para qué lo han apartado? Evidentemente para que descanse o para que me dedique a otros menesteres ¿Cuáles? Quizá escribir a mano, con lápiz, como empezamos a hacerlo todos los seres humanos de mi generación. No nos dejaban escribir con plumilla mojada en tinta, hasta que no nos graduábamos en el montón de cuadernos de escritura llenos de garabatos, que imitaban malamente la realidad de las letras del alfabeto. Había un agujero en cada pupitre para alojar un tintero de porcelana blanca. Cuando se agotaba su contenido lo limpiabas concienzudamente de restos de tinta seca, lo llenabas con agua del grifo hasta la mitad y diluías una pastillita de tinta. El líquido resultante era un horror, pero no había otra cosa. Tus padres no ganaban para plumillas; se despuntaban, se torcían y echaban chapones de tinta en el cuaderno cuando menos lo esperabas. Para arreglar el desaguisado recurríamos a un trozo de tiza blanca que quedaba de un azul intenso después de absorber la tinta del manchón.




A mí me sigue gustando de vez en cuando escribir a lápiz. Demuestra la personalidad del que escribe; el trazo es diferente, y la presión que ejerces sobre el papel, te permite hacer trazos elegantes; algunos acaban interminables y como desapareciendo en el papel. A veces los trazos se aguzan en su final como en la escritura china, y cambian bruscamente de dirección para acabar una palabra. Cada escritura es única, irrepetible, no sólo entre diferentes personas sino entre grupos de distintas naciones. Son como las palabras y las frases, empleas una entonación diferentes dependiendo del sentido que quieras darles. Ser artesano de las palabras es sublime, pero en cuanto intermedian instrumentos mecánicos, pierde su belleza. Poe eso, de vez en cuando, agradezco que me den la oportunidad de escribir a mano y con lápiz.

Ha venido mi informático de cabecera, ha trasteado y cernido en mi ordenanza y, en muy poco tiempo para lo que acostumbran a tardar las cosas de las bits, ha acabado y me lo ha dejado en orden. Cuando se va, entró con avidez en mis archivos y: ¡Oh, maravilla! Han desaparecido 500 documentos. Conclusión de esta parte, el Universo, Dios, la vida, no quieren que rescate los post que iba a poner estos días y que tenía archivados. Desean que descanse.






¿Qué haría la humanidad sin cibernética? ¿Qué haríamos los humanos sin petróleo? ¿Qué sería de nosotros sin electricidad? Veo la nueva serie de TV inspirada en el libro de Ken Follet, Los Pilares de la Tierra, que se desarrolla durante la Edad Media, en la que no había prácticamente nada de lo que ahora nos resulta imprescindible: agua corriente, electricidad, petróleo, vehículos automóviles, papel, libros, lápices, gafas correctoras. Y, sin embargo, vivían, y algunos lo hacían felizmente y se morían a una avanzada edad, solos, sin necesidad de que ningún físico les ayudase a prolongar, en los últimos momentos, sus postreros sufrimientos.




¡Con qué poco vivían, mecachis! Y ahora nos quejamos de todo y por todo. Me llama por teléfono mi hijo, que está haciendo un viaje por Europa y me comunica que tiene cabreo elegante porque se le ha estropeado el GPS (Global Positioning System), que es ese instrumento que te hace equivocarte con ayuda, que es una cosa que yo sé hacer magníficamente sin ayuda de nadie. Esta es la demostración de que no sabemos vivir sin la cooperación de mil chorradas que, en ocasiones, no sólo no te facilitan la vida, sino que te ponen de una mala leche manifiesta.

Hasta este momento -23:10 del día 23 de Septiembre del 2010–, no ha conseguido recuperar mis cientos de horas de trabajo invertidas en un montón de libros de los que, curiosamente, no tenía copia. Confio en todos los hados del Universo. Si no, voy a tener una crisis de ira que me va a durar, por lo menos, unos diez minutos...

domingo, 19 de septiembre de 2010

PRETENDEMOS LLEVAR A LA GENTE A LA SALVACIÓN ETENA

Dedicado a dos seres queridos.


Escoges tu modo de vida a partir de una etapa en la que, al parecer, te interesó más colocarte al margen de lo establecido, de las reglas, de la normalidad y de la ética con uno mismo. Hay veces que el individuo, incapaz de hacerse cargo de su vida; incapaz de sufrir, elige evadirse de los problemas o simplemente de una vida que no le gusta, mediante la inconsciencia, el estado alterado de conciencia, la euforia y la aparente y efímera tranquilidad que proporcionan las drogas. Al hacerlo fuiste perdiendo todo lo bueno que había en tu vida: tu trabajo, tu familia, a ti mismo.





Mucha gente, incapaz de soportar la incapacidad que produce no poder hacer nada efectivo para conseguir que salieras del infierno, se alejó de ti y, desde aquel día, lo vio todo como un eco que llegaba a veces a sus oídos procedente de comentarios o de quejas manifiestas de los que intentaban ayudar sin darse cuenta de lo baldío de sus intentos. Tu hermana asumió la responsabilidad de sacarte adelante; en un principio sola, luego desistió de su intento; la dolías más que nada en el mundo y eras una dura carga para ella. A fuerza de las bofetadas que la propinabas, de las mentiras con las que evadías tu responsabilidad y de su profundo dolor de alma, te dejó abandonado a tu suerte. Por poco tiempo. Unos familiares de los que tiran la piedra y esconden la mano, la culpabilizó, hasta tal punto que volvió a contribuir con ellos para apuntalarte, con su dinero que era lo único que podían aportar, para posponer tu triste final. Después, ella se quedó como única responsable; los demás se hartaron y retiraron sus favores pretextando patrañas y evasivas.

Ella continúa sosteniendo tus despojos a base del dinero que hurta a su tranquilidad y a su seguridad futura. Está actuando en el límite de sus posibilidades económicas, a pesar de que tú sigues empeñándote en despeñarte por el precipicio. Dios, el Universo, la vida te ha dotado de un gran aguante físico para soportar todo lo que últimamente se te viene encima. La medicina, incapaz de hacerse cargo de tu curación, contribuye, en cada ingreso, al entibamiento de tu estructura. Da igual. Todos te hacen un flaco favor dilatando tu agonía; la agonía que tú proyectaste para ti hace tiempo y que no te están dejando vivir.




¿Es lícito luchar contra los elementos, intentando llevar a un ser humano, por muy pariente y muy cercano que sea, a la salvación durante toda su vida, a pesar de que él no quiere? ¿Está bien asumir la responsabilidad de la vida de un ser humano, cuando ese ente lo que quiere es destruirse con todas sus fuerzas? ¿Hasta cuándo se puede soportar la carga? ¿Cuándo estallará la bomba en sus manos y te llevará a ti, por fin, por delante?

Esa persona, como otras muchas, ha elegido la vida que quiere vivir y se le debe dejar que haga su voluntad. Si interfiere está contaminando la situación, está retardando el proceso, pero no lo va a evitar. Tarde o temprano llegará el final y se quedará satisfecha porque, según un círculo amplio de persona, ha hecho lo que debía ¿Está bien hacer lo que se debe en contra de la voluntad de un ser humano?

No te están dejando completar tu final cómo lo proyectaste. Pero así es la situación. Por alguna extraña razón tu hermana te debía está actuación corrosiva y extenuante para ella, de la que no sacará ni siquiera la satisfacción del deber cumplido.





Te ayudo a salir de un atolladero específico, pero no me pidas que te salve constantemente durante toda tu vida; que te lleve en volandas a la salvación. Nadie crece sino ante los problemas y ante la adversidad. Pero si pagas las deudas del prójimo incesantemente, nunca se hará cargo de su vida, ni de su economía. Hacemos un mal favor al que ayudamos constantemente. Debemos dejar que cueza en su propia salsa por muy amarga que sea y que gestione sus propios desatinos, porque, si no, no le estamos ayudando a crecer sino a relajarse en todos los aspectos, y a recrearse en el ocio, la molicie, la irresponsabilidad y el profundo desprecio por la gente que vive en la decencia y en la impecabilidad.

viernes, 17 de septiembre de 2010

LIMPIEZA DE ENGRAMAS

Después de este corto lapso de tiempo sin comunicacíones, reanudo mi contacto con mis lectores, para expresar una sentimiento que nació muy vivo en mí y que no tengo más remedio que comunicar. La cosa no estriba en que esteis de acuerdo o no con el sunto, simplemente pido que os abraís a la posibilidad de que esto puede ser cierto. Después todo vendrá dado. Paciencia.





Para llegar a alcanzar más altas cotas de conocimiento, percepción, sensibilidad y creatividad, tenía, necesariamente, que pasar por experiencias que concretaran en mí todas esas imprescindibles aptitudes que me hicieran conseguir el pase a otro nivel y, sobre todo, el título que lo acreditaba. No se trataba en modo alguno de un diploma,  una medalla o un trofeo, era un engrama dorado que figuraba en un lugar preeminente de mi estructura ADN, ya para siempre. Ardía en deseos de esa experiencia y debía de conseguir borrar los engramas negativos que habían producido, en mi ADN, anteriores vivencias en las que no había sido excesivamente generoso, perceptivo o sincero.

Acudí a mi asesor de viajes con un hormigueo extraño en todo mi cuerpo, como siempre que me enfrentaba a una nueva situación desconocida, que me excitaba hasta los cimientos de mi personalidad. No había otra forma. Debía ser así si quería acelerar mi proceso. Por el contrario, debería esperar hasta que la junta me obligara a efectuar el viaje previsto para la limpieza de engramas y la incorporación de otros superiores. Nunca me había gustado sentirme obligado; prefería actuar por mi cuenta. De hecho, tenía un grave problema de autoridad, que me había deparado incidentes desagradables en el trascurso de mis múltiples viajes de limpieza de engramas. Mi categoría de MC (maestro en ciernes) me hacía dudar de muchos profesores y asesores a los que no concedía la categoría necesaria ni el nivel para poder programar mis viajes con solvencia y garantía. Jamás ninguno tuvo un resultado negativo, ni fuera de lo previsto, pero quizá mi desconfianza en la autoridad era una de las asignaturas pendientes y necesarias para mi evolución.







El asesor del viaje era un venerable anciano con luenga barba blanca. En realidad el aspecto que él había escogido no era, en absoluto, consonante con su edad akásica, ni con sus energías, pero él consideraba que esa apariencia le hacía más creíble para los aspirantes a engramas dorados en su ADN. Tenía mi expediente encima de su mesa: desde mi prístino desprendimiento de la fuente hasta este momento que a ambos nos había tocado vivir. La conversación empezó en el preciso instante que atravesé el umbral de la su puerta de recepción.

– "¡Hombre, un MC voluntario para conseguir engrama dorado! Acomódate, por favor y practiquemos juntos una alabanza al Supremo".

– Encantado, mí Asesor –contesté con una sonrisa de complacencia.

Ambos unimos nuestras esferas espirituales en un abrazo y alabamos al Supremo. Siempre que practicaba la alabaza junto con otro espíritu, nacían, dentro de mí, sentimientos muy parecidos a los que me provocaban los arrullos de mis madres en los distintos viajes de limpieza y aprendizaje. Me brotaban lágrimas, me sentía muy pequeño y temblaba de placer y de gozo divino.

– "Miguel –comenzó–, he preparado para ti un paquete que, aunque te parecerá muy negativo en muchos de sus aspectos, te hará crecer en conocimiento y te proporcionará, si lo cumples completo, el engrama dorado que estás buscando desde hace eones. Déjame contarte:…"

Aquella introducción me hizo temblar. Ya conocía las paradojas de los viajes de limpieza: “Te joderán por activa y por pasiva, pero conseguirás avanzar una barbaridad” Nunca he llegado a comprender por qué hay que avanzar con sufrimiento. Miento. Lo comprendo pero no me gusta; no me parece ‘redondo’. No soy quién para criticar los designios del Supremo, pero a veces me gustaría que las cosas fuesen más sencillas, a pesar de que eso retardaría el aprendizaje infinitamente. Naturalmente había seres que elegían esa modalidad, pero se hacía interminable y no era mejor que otras clases.





– "Embarcarás –continuó–, en un país conocido y muy amado por ti. El viaje hasta la que vamos a elegir como tu madre biológica, será tumultuoso por los acontecimientos que convulsionarán la Tierra. Una guerra total conmoverá los cimientos de Gaia, pero desembarcarás en un país neutral, aunque con las secuelas de una confrontación bélica fratricida por intereses políticos y religiosos. Como de costumbre en tus anteriores viajes, durante tus primeros años experienciales, conservarás el miedo atroz que llevas contigo desde aquel periplo que escogimos, en el límite de lo soportable para un MC y que, a pesar de lavar gran parte de tus engramas negativos, te dejó como secuela un miedo inicial profundo y paralizante…"

Uno a uno, fue enumerando los acontecimientos que me tocaría experimentar, sí o sí, sin apelativos. Ambos los consensuamos, e incluso se me permitió alguna elección, como la de mis padres, hermanos y alguno de mis amigos o de las mujeres con la que viviría mi frustrante e insatisfactoria vida sentimental. Muchos de ellos habían sido compañeros de viaje en otras aventuras de limpieza; a otros los conocería por primera vez. Al terminar el programa, me sentí abrumado y dude de mis fuerzas para aguantar semejantes pruebas. Debía ser así. Era necesario para mi evolución.





Llegó, por fin, el momento fatídico del programa. Desde el momento de mi aterrizaje en la Tierra a través de mi madre biológica, se me bajaría el ‘velo’ y no me acordaría de ningún episodio anterior, ni de quién era, ni de dónde venía, ni el motivo de todas las pruebas que sufriría en este viaje de limpieza. Por mucho que quisiera renunciar a alguna de las vivencias que me estaban destinadas, no sería posible. Sólo tendría la capacidad –dependiendo de mis trabajos– de vivir los acontecimientos con conciencia de su necesidad y de la ausencia total de renuncia. El consuelo de la fe era el único lenitivo del viaje, en medio de tanta desgracia. Y la fe se conseguía aceptando los paquetes de información que, como todos los viajeros, recibiría de los asesores.

Aquí empezaba el viaje de limpieza. Para un humano es cruel tanta maldad. Para un MC es muy duro esperar durante eones para hacer los viajes de limpieza necesarios para conseguir los doce engramas dorados imprescindibles para dejar de viajar a la Tierra.

Si a alguno le interesa la continuación, tendré mucho gusto de remitirla. Un saludo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

NORMAS DE SUPERVIVENCIA

Julio Cesar


No obstante, a pesar de hacernos conscientes de los mandatos ancestrales de nuestro cerebro reptiliano o paleocerebro, debemos “Dar al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios” ¿Qué quiero decir con esta afirmación evangélica? Que para sobrevivir en medio de los lobos, no hay otro sistema que cumplir con sus normas, o suicidarse. Si es eso lo que quieres, suicídate y lucha contracorriente; si quieres vivir en sociedad, paga tus impuestos, cumple con las normas establecidas, no te pongas al margen de la ley y revístete de paciencia y anchas espaldas. Hay gentes que viven ‘a su aire’ mendigando en las calles, sin trabajo, sin familia, con su propio horario, comiendo lo que les dan, durmiendo en donde pueden y aseándose cuando toca. Otros se apartan del mundanal ruido y se instalan en el campo viviendo de lo que les da la tierra y del fruto de su trabajo. Son distintas formas de plantearse la movida. Pero si quieres vivir en sociedad, tendrás que acatar las normas de supervivencia. Las aceras están para los peatones y la calzada para los vehículos. Si te empeñas en caminar por la calzada, tarde o temprano unos de esos locos que se aferran al volante de su automóvil para sentirse importantes, te llevará por delante. La prudencia y un mínimo sentido de la supervivencia te indican que lo adecuado –en tu defensa– es deambular por las aceras.





Para tu cuerpo también existen normas tácitas establecidas desde hace milenios. El organismo humano responde a los mandatos de tu programa mental: Eso es palmario. Y si tienes un buen programa, el sistema funciona sin fallos. Pero ¡Ay si el programa es malo! Entonces acecha la enfermedad, que no existe como tal, sino como un fallo de la interconexión entre cerebro y órgano. Los órganos y aparatos del sistema están concebidos para durar indefinidamente; el límite lo marcas tú con tu ‘programa’. La enfermedad no existe, la fabricas tú con tu ‘programa’. Vives como piensas; si piensas bien, vives bien. Pero, dicho esto, es impepinable que tienes que cuidar tu cuerpo dándole el aseo, la alimentación, el ocio y el descanso que necesita. ¿Por qué? Por una cuestión muy sencilla; porque si te dedicas a contaminarlo, a someterlo a tensiones, a abusar de los alimentos o de la bebida, o de las drogas, o de la falta de sueño, o de los excesos de sexo o adrenalina, los órganos no responden bien, de por sí. Pero, además, el que así procede, es vergonzante en el fondo de su corazón. Quiere decir, que la ley natural le indica que no está bien lo que hace y que de seguir con este proceder, las consecuencias serán muy negativas. El tabaco en principio no perjudica, lo que perjudica es lo que tú piensas del tabaco.

Todo empeño humano, todo afán, todo trabajo es saludable. Sólo se vuelve nocivo cuando lo haces por obligación, o cuando estás trabajando aquí y estás pensando allí. De forma que el trabajar no perjudica. Es más, me atrevo a decir que si trabajas con gusto de lo que haces y sientes el gozo de la obra bien hecha, aunque trabajes mucho, no necesitarás vacaciones, ni desconectar, ni ‘tirarte a la bartola’, ni ninguna de esas chorradas que esgrime la gente para justificar sus ganas de largarse a donde sea, porque ‘no les gusta lo que hacen’. Para esto hay una fórmula mágica: “Si no te gusta lo que haces, hazlo como si te gustara.

Para resumir: Acata las normas si quieres vivir en sociedad. Cuida tu cuerpo y dale el descanso que te pide. Haz tu trabajo con los cinco sentidos, sin pensar en la hora de terminar. Y nunca pienses en la enfermedad. No existe. Sólo está en tu mente.

lunes, 13 de septiembre de 2010

EL MUNDO DE LAS IDEAS

¿Qué extraño mecanismo impide al ser humano discutir calmadamente, sobre ciertos temas como política y religión? ¿Por qué las personas somos tan ceporras con nuestras ideas?

Ancestralmente, el hombre ha creado, con su experiencia, ciertos mecanismos primordiales que le han hecho sobrevivir en tiempos no muy propicios. Cada individuo ha almacenado el nivel de sus experiencias en su archivo de datos de acontecimientos primitivos: Nuestro cerebro reptiliano.

Fundidos en una sola estructura, nuestro sistema nervioso central alberga tres cerebros diferentes. Por orden de aparición en la historia evolutiva, esos cerebros son: el reptiliano (reptiles), el límbico (mamíferos primitivos) y por último el neocórtex (mamíferos evolucionados o superiores).




Paleoencéfalo: La parte de nuestro cerebro más primitiva es el llamado cerebro básico, instintivo, reptiliano o paleoencéfalo. Esta parte del cerebro está formada por los ganglios basales, el tallo cerebral y el sistema reticular. Es esa parte en la que estoy mientras me ocupo de cosas puntuales: laborar, comer, fregar, lavar o coser.

Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro y se desarrolló hace 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles. Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo del cerebro. El suyo, está diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso sentimental. Tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir; su función es la de actuar, cuando el estado del organismo así lo demanda.




El complejo reptiliano, en los seres humanos, incluye conductas que se asemejan a los rituales animales como el anidar o aparearse. La conducta animal e instintiva está en gran medida controlada por ésta área del cerebro. Se trata de un tipo de conducta instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio. Es el impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de cobijo, de protección... Es un cerebro funcional, territorial, responsable de conservar la vida y el que es capaz de cometer las mayores atrocidades.

Nos sitúa en el puro presente, sin pasado y sin futuro y por tanto es incapaz de aprender o anticipar. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad.

En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y el actuar, lo cual incluye: las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital, condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad. Es el responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la supervivencia. En síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción.

El Sistema Básico o reptiliano controla la respiración, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea e incluso colabora en la continua expansión-contracción de nuestros músculos. Este primer cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, pues en él están los mayores sentidos de supervivencia y lucha y además por su interrelación con los poros de la piel, los cuales son como una especie de interfase que poseemos con el mundo externo, este primer cerebro es nuestro agente avisador de peligros para el cuerpo en general.




Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco complicadas emocional o intelectualmente. Esta conducta no está primariamente basada en consideraciones fundamentadas en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo plazo. Las conductas de las personas calificadas como de psicópatas (carecen de sentimientos de culpa) y de paranoicos se ajustan a este patrón de conducta. En la psicopatía se juega el papel de depredador y en la paranoia el de presa.

Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a algo como a alguien o a una forma de actuar.

Por decirlo de una forma rápida, éste primer cerebro es una herencia de los períodos cavernarios, donde la supervivencia era lo esencial.

El paleoencéfalo o cerebro reptil sustenta una parte de la mente inconsciente, o subconsciente, donde se graba, se aloja y se desarrolla el Trauma Psicológico, aquello que determina la mayoría de miedos y fobias que conforman la mente reactiva, la cual, en algunas ocasiones, lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje.

Este primer cerebro, es el que permite el movimiento de actuar y hacer. Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es su adecuación al presente. Es el almacén de las limitaciones conformadas como: miedo.




Los engramas codificados en este cerebro primitivo, son una secuela de nuestras vivencias ancestrales con todos los miedos provocados por experiencias negativas, que, actualmente traemos ínsitas en esta estructura cerebral, ahogando, en parte, la capacidad de análisis, estudio y síntesis de las ideas y de las situaciones.

Nacemos con una especial propensión a identificarnos con unas determinadas ideas o maneras de ver la vida, y por tanto, de vivir. Esta compulsión es lógica pero en modo alguno práctica. Yo no puedo, en el siglo XXI permitir que me gobierne mi cerebro reptiliano por encima de los otros dos, que analizan, sintetizan y sacan conclusiones; que es lo que no se permiten los adeptos a una u otra formación política o religiosa.






Actualmente, en cualquier círculo de amigos, parientes o correligionarios, está rigurosamente vetado hablar de política o de religión. Es decir, del entorno de las propias ideas de cada individuo ¿Por qué? Porque están grabadas a fuego en el cerebro primitivo y nadie es capaz de considerar que el hombre está encadenado a sus ideas ancestrales, y que ya ha llegado la hora de acudir a Dios –al Dios de los cristianos, de los mahometanos y de los judíos– dentro de uno mismo, sin necesidad de dogmas, libros sagrados, intermediarios y cabezas visibles. Y es el momento de abrir la mente a formas de gobierno que nada tienen que ver con las actuales.

A poco que pienses en la inmensidad de tu interior, te darás cuenta; llegarás a la conclusión, de que nadie puede imbuirte con ideas socio-político-religiosas que tiendan a sojuzgarte y hacerte participe de robos, tropelías y crímenes de todo tipo y condición. Porque los dirigentes, o los que aspiran a serlo, necesitan fundamentalmente de tu consenso para regir tus destinos como tú no quieres y nunca querrás. De momento, piensa, hazte consciente, de que actúas por imperativo de tus engramas reptilianos. Más adelante, cuando estés convencido de este extremo, empezarás a ver la vida de otra manera totalmente diferente.
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