viernes, 8 de octubre de 2010

¡FELICIDADES!

¡Felicidades! Hoy hace un año que empecé a publicar artículos en este espacio. Y como no me va a felicitar nadie, ya me felicito yo mismo. ¡Se dice pronto! ¡un año ya! Empecé por cubrir algunos momentos de ocio, y para sacar de dentro alguna idea, y aquí estoy, un año más tarde puntual a la cita de lunes a viernes con todos vosotros.

A los varios meses se me ocurrió, como hacen otros bloggeros, añadir un contador para hacerme a la idea –bastante masoquista por cierto– de cuántas personas visitaban mi blog. Y si lo visitaban, posiblemente se pararían a leer el artículo del día, y si era así yo me sentiría muy complacido y satisfecho. Abrir mi propio sitio todas las mañanas y ver en el contador que han entrado tantas personas me estimula a seguir escribiendo. Pero tengo un asunto pendiente. Me gustría que opináseis sobre lo que escribo y sobre las idea que expreso. Sólo tengo una persona asidua a los comentarios, mi gran amigo Jurado. E incluso él, que trabaja y mucho, no tiene tiempo de comunicarse mucho conmigo. Por si la dificultad estriba en el método para escribir los comentarios directamente en el blog, os doy mi e-mail para facilitaros la labor. edesoto@telefonica.net. Así no hay pérdida.

Y como os prometí, aquí os escribo un pequeño artículo sobre la Huerta de Guadián y algunas fotos. De vez en cuando iré glosando algunos de los rincones maravillosos de Palencia y alguno de sus monumentos. ¡Gracias por leerme!

PARQUE DE LA HUERTA DE GUADIÁN


Me gusta Palencia, la ciudad que me adoptó hace la friolera de 32 años. Toda una vida vivida intensamente, tanto para lo malo como para lo bueno. Y una de las cosas que me hacen gozar del tránsito es la Palencia vegetal; sus parques y jardines de los que disfruto muy frecuentemente. Uno con los que me solazo es el parque de la Huerta de Guadián. Entro por la puerta de la plaza que se forma en la terminación de la avenida de Manuel Rivera y el empiece de la de Modesto Lafuente, también puerta del Salón de Isabel II (Antigua José Antonio); bajo los escasos peldaños protegidos por una barandilla escultórica, elaborada con un tronco de olmo viejo y seco por Teo Calvo, y paseo por una avenida bordeada de castaños de indias. A escasos treinta metros, a derecha e izquierda, se extienden dos placitas con sendas fuentes gemelas de hierro fundido, rodeadas por parterres de pensamientos. Un poco más allá, a la izquierda se emplaza, vieja pero perenne, la capilla románica de San Juan Bautista, del siglo XII, trasladada hasta aquí, para orgullo de Palencia, desde el pueblo de Villanueva del Rio anegado por las aguas del pantano de Aguilar. Siempre que puedo hago una visita a su interior, me siento y medito cinco minutos, suficientes para llenarme de paz. Enfrente hay un bosquecillo con un olmo, dos ciruelos, cinco cedros, un árbol de los tulipanes y un árbol del paraíso. Siguiendo por la alameda, vas contemplando, a derecha e izquierda plátanos, arces, cipreses, robles, hederas, ginkgos y chopos, hasta llegar a un reloj de sol, formado por doce columnas romanas representando las horas, y en el centro una columna truncada, encima de un pedestal, que hace de gnomon.

Reposo en un banco de madera cercano a las fuentes, cierro los ojos y escucho el canto de las hojas y el trino de los pájaros. Sólo en estas ocasiones gozo plenamente de lo que Dios ha creado en su magnificencia, y soy consciente de la gran belleza que encierra la ciudad.

jueves, 7 de octubre de 2010

EL VIENTO ROLA CUANDO MENOS TE LO ESPERAS

Ayer acompañé a mi hijo a una visita de obra al ‘Centro de Salud’ de Saldaña, que él mismo está construyendo como arquitecto. Muy de mañana estábamos en carretera. Entré en su automóvil y le saludé de soslayo porque estaba hablando por teléfono. Durante todo el camino, primero a Saldaña y luego a Santibañez de la Peña, no paró de hablar con unos y con otros, como si estuviera en su gabinete. Tenía, al parecer, dos asuntos que ocupaban toda su atención y que le tenían preocupado. Uno de ellos estaba casi hecho a falta de unos pequeños remates. El otro del color de la hormiga. Ya se sabe que cuando intervienen gerifaltes a quienes se ha concedido poder, todo se puede ir al carajo.

Habló con su secretaria, con dos de sus arquitectos, con un compañero, con un cliente, con un concejal, con un presidente de una asociación de vecino de un barrio importante de la capital. Y, a todo esto, dándole vueltas a la cabeza contándome el desarrollo de los acontecimientos, y yo apoyándolo con algunas ideas que, al parecer le proporcionaron cierto sosiego. En un momento de la mañana estaba a punto del deshaucio mental porque daba por perdido, por la manera de plantearse los acontecimientos, uno de aquellos proyectos que podían tranquilizar su economía y ayudarle a pagar los sueldos a sus empleados. En ese momento me expresó su depresión y su caos mental por los aconetecimientos. Entonces, como respuesta, le referí la historia que narra que lo malo no son los acontecimientos negativos que te surgen en la vida sin previo aviso, lo verdadero nefasto es nuestra manera de afrontarlos. Y sólo hay dos maneras de hacer cara a estos casos: Bien o mal. Si te desesperas pierdes la capacidad de reacción, porque la ira te ciega y lo primero que buscas son culpables y porqués, que bloquean tu capacidad mental. Si reaccionas positivamente, respiras hondo, despejas tu cabeza y piensas en las posibles soluciones.




Esto le dio la clave y comenzó a llamar aquí y allá hasta que vio aclararse el panorama, que antes era de niebla espesa y luego claro y soleado. A todo esto, no paraba de llover en todo el camino, pero era lo que menos nos importaba. En otra ocasión hubiéramos echado pestes contra el tiempo y hubiéramos culpado al norte de la provincia de tener un clima demasiado crudo. Nada de eso nos atrajó; estábamos en los dos negocios y en la manera de reccionar correctamente en su desenlace final.

Después de visitar el ‘Centro de Salud’ y charlar con el encargado de obra, un muchachote con cara inteligente e ideas muy claras, nos subimos a Santibañez. Y digo ‘subimos’, no sólo porque está más alto geograficamente que Saldaña, sino porque mirando el mapa de carreteras, está más arriba. Y es curioso las componendas que nos hacemos con los mapas de carretera; creemos que más alto en el mapa es más alto en altura.

Nos comimos una tortilla de patata, bastante apelmazada por cierto, y una cervecita sin alcohol, y mitigamos nuestra inflacción de vejiga. Continuó lloviendo ante nuestra más compelta indiferencia, y después de hacer unas fotos a una parcela donde el ayuntamiento va a construir unas vivienda VPO, nos montamos en el coche y continuamos nuestra distendida charla sobre las maneras de afrontar los acontecimientos, entre conferencia y conferencia telefónica.




A lo largo de la mañana los asuntos fueron girando de sotavento a barlovento, de tal manera, que lo que al principio era suave y plácido, a lo largo de la mañana devino osco y desagradable, y viceversa. Y habían cambiado ellos solitos, sin necesidad de empujones. Daniel tuvo el buen sentido de no desesperarse y hacer lo que tenía que hacer. Y todo acabó como tenía que acabar. Al final nos reimos a carcajadas de los pobres mortales que pierden los estribos por un ‘quítame allá esas pajas’ y luego se arrepienten toda la vida.

miércoles, 6 de octubre de 2010

TRISTE DESCONOCIDA

Arcada del puente de la pasarela de Villalobón


Triste desconocida. Rayas los cincuenta, bien vestida con ropa cara, bolsas pesadas en cada mano, andar vacilante; subes las escaleras con dificultad. Voy detrás de ti y pienso en echarte una mano; por lo menos hasta subir las escaleras. Alguien se me adelanta. Un hombre más o menos de tu edad, también bien vestido, te quiere ayudar a llevar los bultos. Le rechazas de manera desabrida mirándole con un infinito desprecio, pero no dices palabra. Tu boca yace en un rictus de repulsa eterna. Os adelanto pero no puedo remediar volver la mirada de soslayo para contemplar la continuación de la escena. Te veo con tus bolsas y a él detrás. Reflexiono sobre la ocasión. A los pocos momentos me vuelvo descaradamente con intención de ver un posible final. Él te ha adelantado varios pasos y sigue su camino con aparente despreocupación. Tú sigues con tu andar renqueante, tu respiración agitada, tu cabeza postrada y tus bolsas en las manos.

¿Qué puede provocar un episodio así entre dos personas? Evidentemente la solicitud de él, en ayuda de la mujer hundida, denota claramente su culpabilidad. Pero ¿Qué pecado puede cometer un ser humano para merecer tamaña repulsa por parte de su pareja? ¿Qué puede haber hecho tan agresivo, como para granjearse su odio, al menos momentáneo?

Nos movemos en parámetros muy equivocados, que nos causan una gran inseguridad, un enorme egoísmo, y una pretendida posición más elevada, en ocasiones, que la del resto de los mortales. O, eso nos creemos. ¿Puedes tirar la primera piedra en cualquier caso que venga a cuento? Yo, no. Tú, no sé. Quizá seas tan orgullosa como para creerte incorruptible, impecable y perfecta. Aunque te lo creas, no lo eres en absoluto. Eres una persona como las demás, con tus virtudes y tus vicios, con tus pájaros en la cabeza y tus mariposas en el estómago ¿Quién te crees que eres para erogar premios y castigos? ¿Dios? ¿El santo San Pedro? No eres nadie, aunque te lo creas. Y no tienes ningún derecho a juzgar, a despreciar, a humillar.

Tienes la justicia de sentirte herida, pero hasta ahí; ni un ápice más. ¿Te hirieron? Pregunta por qué. ¿Te sentiste abandonada? Pregunta por qué. ¿Te traicionaron? Pregunta por qué. Quizá no te guste la respuesta; a lo mejor no te conviene o no te interesa. Pero, créeme, en todo conflicto entre dos personas, cada una se mira su propio ombligo sin echar una mirada al del prójimo. En cada conflicto hay que plantearse la pregunta –si te consideras inocente– ¿qué he hecho yo para merecerme esta situación?

Y, en definitiva, tu calidad de vida posterior depende de la calidad de tu reacción ante la situación inesperada. No aumentes el drama inútilmente. Si tú reacción es meditada, pausada y benévola, todo va a salir bien; quedaréis como amigos, aunque no podáis seguir viviendo juntos. No pasa nada; la vida sigue y lo que hoy te parece un desastre, posiblemente sea el inicio de un gran éxito futuro. No te preocupes por una situación de pareja que, seguramente, se queda muy por debajo de la importancia de otras que no quiero enumerarte por no hacerte temblar.

lunes, 4 de octubre de 2010

SEGUNDAS OPORTUNIDADES




Abro una revista semanal y, de sopetón, me hace una pregunta que me resulta sugerente: Si tuvieses otra oportunidad ¿Buscarías a tu verdadero amor? Se trata de la publicidad de una película titulada Cartas a Julieta, del director Gary Winick que, entre otras cosas no me suena ninguna de sus películas anteriores. Lo que si me choca es que esté licenciado en Filosofía y Letras, con un ‘master’ en la misma especialidad, y todavía no sepa que los supuestos son falsos y que todo depende de nuestros pactos con el Universo –lo llamo así porque tiene todos los nombres y, a la vez, es el innombrable– ¿De qué sirve contestar, sí, a la pregunta? ¿De qué me vale esta pirueta mental? Absolutamente de nada. La propuesta está bien para hacer pensar al humano que todavía no sabe que no existen las ‘segundas oportunidades’. Que lo que él llama segunda oportunidad, en realidad no es la segunda, es una de las miles de que gozamos para ir enderezando nuestro caótico sistema de pensamiento.

Pero, está bien. Tiene que haber de todo mientras aprendes. En realidad estas ideas son de preescolar, pero están bien…¿Qué es el amor? Me pregunto poniendo mi pupila en tu pupila azul. ¿Quién sabe qué es el amor? Quizá la fuerza de cohesión que liga todo lo visible y lo invisible. Puede que ese sentimiento que hace que nos unamos entre sí y que nos separemos para unirnos a otras ‘moléculas’. Esa fuerza que hace surgir, como de la nada, las flores en el campo, los sentimientos en la gente y la furia desatada de la naturaleza. Esa fuerza capaz de enajenarnos y privarnos del poco seso que poseemos.

En fin. El amor lo es todo y no es nada. Y como rezaba la leyenda del templo de Apolo en Delfos: “Hombre: conócete a ti mismo (nosce te ipsum) y conocerás el mundo y sus dioses”. Debemos argumentar: Hombre: ámate a ti mismo, y conocerás la paz y la tranquilidad. No se trata, en modo alguno, de un concepto nihilista que rechaza la idea de amar a los demás. Sólo es una traducción, que se ajusta más a la realidad de la frase evangélica: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Hago notar que antepone el ti mismo, a prójimo. Esto quiere decir, es muy simple y está bien traído, que, mal vas a amar a tu prójimo si no te amas a ti mismo. Y, si te amas a ti mismo ¿qué necesidad tienes de perder la chaveta por alguien, en principio, ajeno a tu persona?

¡Qué manía humana la de considerar imprescindible el encontrar el amor de nuestra vida! Lógicamente el amor de mi vida soy yo; y debo de amarme para llegar a comprender, de lejos, lo que significa el amor. Y amándome, comprenderé lo que es amar a Dios sobre todas las cosas, puesto que estoy moldeado a Su imagen y semejanza.

Y el amor de sí mismo es lo más parecido al amor incondicional. A mí mismo no me pongo condiciones, ni ignoro mis intenciones, ni desconozco mis más íntimos vicios y mis más abiertos placeres. No me engaño, ni persigo motivos espurios. Soy yo, y me debo de conocer al dedillo. Y el que no se conozca a sí mismo, que aprenda, porque esa es la base del argumento.

“Si tuvieses otra oportunidad ¿Buscarías a tu verdadero amor?” Pues, no. La próxima ya la tengo programada: Buscaré a Dios en mi interior y lo adoraré para poder adorarle en todas sus criaturas. Amén.

RAPHAEL

Siempre he tenido en gran estima a un personaje que me ha seguido durante gran parte de mi vida en este plano. A pesar del concepto que me inspiraba, de excesivamente afectado e histriónico, no me podía sustraer a sentir una envidia sana cada vez que le veía actuar. En mi ignorancia, creía que tendía a la ambigüedad sexual, y cuando se casó pronostiqué una rápida ruptura de un matrimonio que, a mi manera de ver, no podía tener futuro. Pero nada es lo que parece y plantearse juicios de valor a priori es una mala técnica que casi siempre es equivocada. No sólo su matrimonio ha durado mucho más de lo previsto, sino que engendró tres hijos bellos, trabajadores y educados.





Me extrañó su episodio de salud, que llevó su familia en el más estricto silencio. También me alegré de su recuperación después de una intervención grave y arriesgada que, sin embargo tuvo un final feliz. Todo esto es mucho más de lo que su discreción ha dejado que el público sepa. Pero le debía a España una explicación, que si bien no se trataba de una exigencia, constituía una obligada catarsis frente al pueblo que le aupó a lo más alto del panorama artístico.





La serie televisiva sobre su vida y circunstancias, también ha sido una sorpresa que, sin embargo, ha venido a completar una fase muy interesante de la vida de este gran personaje; de esta bestia artística sin parangón en el concierto mundial. Vi la primera entrega con el interés de quién está recibiendo noticias de un pariente muy cercano, y con el miedo de mi crítica inmisericorde hacia lo que se sale del más estricto purismo. No pude hacer ningún reproche, ni de los personajes –Juan Ribó está sublime, junto con el resto del elenco–; ni del guión, exento de sensacionalismo, triunfalismo o sensiblería; ni de la puesta en escena: maestra, comedida y con una gran fotografía. Por momentos se me olvidaba que el que aparecía en la pantalla era Juan en vez de Raphael. En otros me brotaban las lágrimas, igual que cuando oigo alguna de las canciones de su último trabajo discográfico, en el que le acompaña lo más florido del panorama vocal actual de España; desde Bisbal hasta Sanz, pasando por Sabina, Serrat, Bosé…Un disco redondo con la única arista de un ramploncillo Adamo, que más vale que se hubiera callado, porque lo que canta no es más bello que el silencio.





Es curioso lo mucho que ignoramos del prójimo. Aunque, a toro pasado, se colocan muchas piezas del puzle de nuestras ideas erráticas. Él no pudo aguantar su soledad y, como muchos otros, se refugió en unos forzados estados alterados de conciencia que le sacaran de la realidad, no deseada, que estaba viviendo. Nadie fue capaz de detectar nada sospechoso en su impecable profesionalidad, pero él estaba muriéndose por dentro a causa del alcohol que ingería para llenar de nada sus ratos de soledad. Y así, se deterioró su víscera hepática hasta el punto de degenerar en una cirrosis alcohólica.

El miedo le hizo enfrentarse a todos sus fantasmas con tal de darle la espalda a la intervención que había de salvarle la vida. Después, rosas. Cincuenta años de ejercicio profesional sin una tacha, dan para mucho. Pero hasta para el más valiente guerrero llega el día de la retirada. No para este titán. Preguntado por su futuro, contesta: “Después de cincuenta años de experiencia..” Y uno piensa en que la respuesta va a ser: Nada…Pero su contestación es: “Después de cincuenta años de experiencia, ahora es cuando empieza mi vida consciente; ahora es cuando tengo todo por hacer”.





Quiero participar, a partir de este momento, en el resto de la vida de Raphael, que me enseñará mucho más de lo que yo he sido capaz de aprender en la mía. Espero ávidamente la segunda entrega de su vida. Comentaré mis sensaciones.


Raphael y Juan Ribó

viernes, 1 de octubre de 2010

TODO, EN ESTA ÉPOCA, ES ASQUEROSAMENTE MEDIOCRE

Último parte: Ya tengo mi ordenador donde solía. Arreglado, sin fallos y con su información íntegra. Desde hoy –os compensaré este fin de semana–; no dejaré de escribir asiduamente. Ya va a hacer un año que inicié este 'blog'. Fue exactamente el 8 de Octubre de 2009, con el artículo 'Libertad'. Pensaba celebrar el aniversario comenzando una serie de artículos sporádicos sobre mi ciudad, apoyados con fotos (bastante buenas, para que vamos a andar con tonterías...). El día 8 pienso escribir uno sobre la Huerta de Guadián, que tantos buenos ratos me hace pasar y que es digno de mayor encomio. Y si no fuera por unas farolas que han puesto recientemente, podría considerarse como 'el parque romántico por excelencia'. De momento os brindo un pequeño juego literario en el que implico a Adrian Searle. Deseo que os guste tanto como a mí.


Leo en un ‘semanal’ de un diario nacional un artículo de Adrian Searle.

Adrian Searle (1953) es crítico de arte de The Guardian desde 1996, aunque colabora en otras muchas publicaciones, como Frieze, Artscribe Magazine o El Cultural, entre otras. Recientemente ha publicado monografías de Peter Doig, Roni Horn y Juergen Telle y ha comisariado numerosas exposiciones en Europa y Estados Unidos. La próxima exposición, de Juliao Sarmento le traerá a Madrid, a La Casa Encendida, en 2011.

El articulo se llama La conspiración del arte contemporaneo, y reza así:

“Una opinión bastante aceptada defiende la existencia de una conspiración entre artistas faltos de talento pero listos y astutos, por un lado, y una camarilla de corruptos y arrogantes directores de museo, comisarios y coleccionistas particulares, para quienes el gran público no sería más que un hatajo de lerdos iletrados, por el otro. Pero, ¿qué razón tendría nadie para tratar a los miembros del público de idiotas? También hay quien sostiene que el arte de hoy es un timo, un fraude. Lo mismo se decía de Picasso. Ante ello cabe preguntarse qué interés tendrían los artistas en pasarse la totalidad de sus carreras perpetuando una estafa. ¿Por qué iba alguien a molestarse en idear una conspiración de esas características? ¿Habrá alguien a la cabeza, planeándola y organizándola? ¿Se tratará de Vicente Todolí, de Sir Nicholas Serota (Director de la Tate y su sucesor y crítico de arte), o de algún potentado coleccionista oculto en su bunker, como el malo malísimo de una película de James Bond? ¿Qué objeto tendría esta fantasía inverosímil?

Siempre ha habido arte malo: mediocre, carente de originalidad, pretencioso, aburrido. ¿Cree el lector que las cosas eran distintas en el siglo XVI? La diferencia es que hoy hay más artistas produciendo más arte, más espacios donde mostrarlo, más museos, más centros de exposiciones, más coleccionistas y más gente contemplando todo tipo de creación. Más que nunca. En la actualidad cualquiera puede formar parte del público visitante de un museo. Y son millones los que lo hacen. Hordas.

Sin lugar a dudas, nunca como hoy ha habido tanta mediocridad y tanto arte malo, ni tanto diálogo absurdo en torno a él. Hay legiones de pintores horripilantes, de escultores lamentables, de espantosos creadores de vídeo y de estomagantes artistas conceptuales. Y, aunque algunos de ellos alcanzan gran éxito, son muchos más los que acaban -por suerte para nosotros- desvaneciéndose sin dejar huella.

Nadie se libra de la obligación de elegir. Si no fuera así, nos pasaríamos la vida escuchando música pavorosa, contemplando películas pésimas, lanzando novelas rematadamente malas contra la pared o escapándonos de embarazosas representaciones teatrales. De hecho, es algo por lo que todos tenemos que pasar en nuestra búsqueda de esa gran película, de esa maravillosa función teatral, pintura o exposición de vídeo que nos haga vibrar.

Nunca antes estuvo el arte tan ligado a la cultura popular ni fue tan asequible; lo que no impide que haya muchísima gente que piensa que para entender el arte no se requiere prácticamente ningún conocimiento, y que un arte que precisa para su comprensión de explicaciones, de textos de pared o de ensayos críticos no deja de ser sospechoso. Pero claro, eso antes no pasaba. ¡¿Que no?! En el pasado, la creación artística solía exigir de sus espectadores y mecenas nada más y nada menos que un conocimiento exhaustivo de las escrituras, de los mitos clásicos, de la poesía, de las obras teatrales y de acontecimientos históricos y contemporáneos, por no hablar de infinidad de obras de arte sin cuyo conocimiento no era posible siquiera empezar a establecer comparaciones. ¿Quién dijo que la contemplación del arte tuviera que ser fácil o estar libre de complejidades? Los museos y las galerías invierten ingentes recursos en programas didácticos, conferencias, visitas guiadas y material divulgativo y las instituciones públicas hacen -de verdad- cuanto está en su mano para llegar al público y actuar de mediadores entre ese público y el arte. Y si a veces las cosas salen mal, son muchas las ocasiones en las que se acierta.

Y aquí viene lo positivo, que nos alcanza a través de múltiples formas y medios. El acceso universal a las artes de que disfrutamos hoy en día era impensable hace dos o tres décadas. Lo que ocurre es que hay tanto arte… Y el mejor arte se apodera de nuestras vidas y las enriquece. Pero para que eso ocurra no queda otra que trabajar un poquito y descartar un montón”.



Al principio de la lectura; justo en el primer ‘artistas’, me dio por cambiar en el texto, arte por política, y artistas por políticos. Algunos otros retoques elaboran otro artículo completamente nuevo y, sin embargo, calcado al anterior, que puede quedar así:



Una opinión bastante aceptada defiende la existencia de una conspiración entre políticos, faltos de talento pero listos y astutos, por un lado, y una camarilla de corruptos y arrogantes directores de banco, empresarios del ladrillo y ‘medias’ plegados al poder, para quienes el gran público no sería más que un hatajo de lerdos iletrados, por el otro. Pero, ¿qué razón tendría nadie para tratar a los miembros del público de idiotas? También hay quien sostiene que la política de hoy es un timo, un fraude. Lo mismo se decía de Lenin. Ante ello cabe preguntarse qué interés tendrían los políticos en pasarse la totalidad de sus carreras perpetuando una estafa. ¿Por qué iba alguien a molestarse en idear una conspiración de esas características? ¿Habrá alguien a la cabeza, planeándola y organizándola? ¿Se tratará del grupo Prisa, de Botín, o de algún potentado especulador de conciencias oculto en su bunker, como el malo malísimo de una película de James Bond? ¿Qué objeto tendría esta fantasía inverosímil?

Siempre ha habido política mala: mediocre, carente de originalidad, pretenciosa, aburrida. ¿Cree el lector que las cosas eran distintas en el siglo XVI? La diferencia es que hoy hay más políticos produciendo más política, más espacios donde mostrarla, más foros de opinión mediáticos, más centros de poder político, más multinacionales y más gente contemplando todo tipo de corrupción. Más que nunca. En la actualidad cualquiera puede formar parte del público visitante de un mitin. Y son millones los que lo hacen. Hordas.

Sin lugar a dudas, nunca como hoy ha habido tanta mediocridad y tanto político malo, ni tanto diálogo absurdo en torno a él. Hay legiones de parlamentarios horripilantes, de tertulianos lamentables, de espantosos creadores de proclamas y de estomagantes políticos conceptuales. Y, aunque algunos de ellos alcanzan gran éxito, son muchos más los que acaban -por suerte para nosotros- desvaneciéndose sin dejar huella.

Nadie se libra de la obligación de elegir. Si no fuera así, nos pasaríamos la vida escuchando discursos pavorosos, contemplando debate pésimos, lanzando periódicos mediáticos, rematadamente tendenciosos contra la pared o escapándonos de embarazosas representaciones parlamentarias. De hecho, es algo por lo que todos tenemos que pasar en nuestra búsqueda de esa gran debate, de esa maravillosa intervención en el parlamento, intervención televisiva, o vídeo prelectoral que nos haga vibrar.

Nunca antes estuvo la política tan ligada a la cultura popular ni fue tan asequible; lo que no impide que haya muchísima gente que piensa que para entender el arte parlamentario no se requiere prácticamente ningún conocimiento, y que un debate que precisa para su comprensión de explicaciones, de textos de pared o de ensayos críticos no deja de ser sospechoso. Pero claro, eso antes no pasaba. ¡¿Que no?! En el pasado, la creación política solía exigir de sus espectadores y mecenas nada más y nada menos que un conocimiento exhaustivo de las escrituras, de los mitos clásicos, de la poesía, de las obras teatrales y de acontecimientos históricos y contemporáneos, por no hablar de infinidad de gestas nacionales sin cuyo conocimiento no era posible siquiera empezar a establecer comparaciones. ¿Quién dijo que la contemplación de la política tuviera que ser fácil o estar libre de complejidades? Los partidos invierten ingentes recursos en programas didácticos, conferencias, panfletos, subvenciones y material divulgativo y las instituciones públicas, dependientes del gobierno, hacen –de verdad– cuanto está en su mano para llegar al público y actuar de mediadores entre ese público y la política. Y si a veces las cosas salen bien, son muchas las ocasiones en las que se patina.

Y aquí viene lo positivo, que nos alcanza a través de múltiples formas y medios. El acceso universal a la política de que disfrutamos hoy en día era impensable hace dos o tres décadas. Lo que ocurre es que hay tanta política… Y el peor arte parlamentario con sus intrigas y su corrupción, se apodera de nuestras vidas y las empobrece. Pero para que eso no ocurra no queda otra que trabajar un poquito y descartar un montón”.

Pido perdón humildemente a Adrián Searle por retorcerle el árticulo, hecho del que, con su pareceido a la política –ambas muy mediocres hoy en día– no me he podido sustraer.

martes, 28 de septiembre de 2010

¡ALELUYA!

Últimos acontecimientos: Cuando me encontraba entre la espada y la pared, pensando en la posible solución para mi pérdida, y después de aconsejarme mi informático de cabecera que recurriera a otro experto, acudí a varios amigos que me recomendaron distintas actuaciones. Así empecé mi periplo con el disco duro en el bolsillo en busca de una posible solución para recuperar mis datos; los datos recopilados, escritos y pergeñados en 3.600 horas de trabajo. La primera estación fue una tienda solvente, dedicada a la venta de equipos informáticos muy sofisticados. El gerente, un tipo muy afable, próximo y buen conservador, tomó el disco duro en sus manos, le echó un vistazo por encima como queriendo reconocer su procedencia y a continuación se diluyó en explicaciones relacionadas con las posibles soluciones. Inmediatamente se dio cuenta de mi angustia, cortó su perorata y se retiró a su lugar de trabajo para hacer un diagnóstico rápido.

A los diez minutos salió de su despacho con el disco en la mano y con un movimiento de cabeza que me hizo presagiar el desastre. Le llegaba corriente, sin embargo no había forma de recuperar datos; posiblemente tenía un ‘daño físico’. A partir de ese momento su intención fue ponerme en el camino de la salvación. Me facilitó el nombre, domicilio y teléfonos de dos empresas, con sede en algunas de las principales capitales de España, y que se dedicaban a la recuperación de datos. Me previno de lo elevado de los honorarios, dada la ansiedad y la necesidad perentoria de algunas empresas para rescatar los archivos imprescindibles para la continuidad de su trabajo. Desde allí mismo hice algunas llamadas con mi teléfono móvil. Una de ellas trabajaba de lunes a jueves y la otra ni contestaba. Agradecí profundamente el apoyo y me fui de allí con doce o trece ideas en la cabeza.




La segunda estación fue otra tienda de informática y sistemas de gestión para tiendas. Allí me dijeron, igual que en la primera y me contaron la anécdota de una empresa a la que se le ‘murió’ el disco duro en medio de la elaboración de una copia de seguridad. La empresa que le solucionó el problema le cobró 80.000 pesetas por la broma.

Salí de allí con la cabeza como un bombo y con dos ideas: que mi disco duro tenía un daño físico, y que me iba a costar un pastón si quería recuperar mis datos; los datos acumulados durante 5 años de trabajo diario.

Cerca de mi lugar de trabajo hay una tienda de informática a la que compro consumibles de vez en cuando: tinteros para impresora, ‘pinchos’, algún monitor…Uno de los expertos es, a su vez, paciente mío. Un chaval majo, buen conversador y simpático, si no le coges en el día aciago. Cuando me enteré de mi desaguisado fue al primero que recurrí para recabar consejo y consuelo. No sé por qué, no me suelo fiar de las personas que se deshacen en explicaciones y quieren llegar hasta el fondo de las cuestiones, incluso siendo banales. Así que no di mucha importancia a lo que me dijo. Pero en la situación de emergencia y después de tres diagnósticos nefastos, el paciente se agarra de un clavo al rojo. Sin pensarlo más entré en su tienda esperando otro baño de pesares. Cuando vio el disco, me dijo: “Vas a tener suerte…” El resto, o no lo escuché, o me sonó a chino. El caso es que siguió: “Te llamaré cuando lo tenga. Es un proceso muy minucioso en el que, si te equivocas en un solo parámetro, se va todo a hacer puñetas”. ¡Carajo! Tanta confianza me hacía ser receloso, pero como no tenía otra solución, llamé a David para contarle mis pesquisas y la última noticia.



Por mi calidad de médico y al haberme movido en el ambiente sanitario toda mi  vida, conozco toda clase de paños y sé que hay listillos que lo ven todo muy fácil y luego la cagan, y otros que lo ponen todo muy mal para curarse en salud. Después de varias visitas a los segundos, siempre es problemático encontrarte a uno de los primeros, pero, cuanto menos, consolador en espera de los resultados.

El lunes tenía hormigas en el cuerpo por la ansiedad de la espera. A media mañana recibí una llamada. Era Rubén, el último recurso: “Enrique: puedes venir a buscar el disco cuando quieras”. “¡Ah ¿pero ya está?!”. “Sí, sí, ya está”. “¿En qué formato me has metido los datos que has rescatado?” “No, están en el disco. Lo único que tienes que hacer es colocarlo de donde lo has sacado y ya está. Arrancará el ordenador y se acabó”. “¿Y si no arranca?”. “Pues sería la primera vez que me pasa. Entonces me tendrías que traer la torre, pero no creo que sea el caso”.

Me fui cagando leches a por puñetero Hard Disk. Se deshizo en explicaciones, no me cobró ni un duro y me fui más contento que unas pascuas, pero con la retranca de qué pasaría cuando lo montase. Llegué a casa, me puse manos a la obra, y ¡Oh maravilla! Allí estaban otra vez todos mis datos que volvían de vacaciones, los muy pendejos.

Después de cuatro días de intriga y preguntas sin respuesta, durante los que llegué a plantearme qué motivo había tenido el Universo para  robarme los datos de cinco años de trabajo, me relajé profundamente y recordé por enésima vez la frase de Lao Tsé : “Si tiene solución, no te preocupes; si no la tiene, no te preocupes; en cualquier situación , no te preocupes”.
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