Pincha en el play del cuadro de abajo y escucha mientras lees.
Muchacho: te veo bastante jodido. La causa puede ser que eres joven y todavía tienes algún que otro pájaro en la cabeza. Y es natural. Cuando vayas cumpliendo, irás, indefectiblemente, considerando las cosas de la vida de una manera diferente. Pero hay quien aprende a bofetadas –estúpida manera de aprender-. Pero las cosas no van, créeme, como tú imaginas. No decide tu entorno tu manera de vivir, ni tu manera de pensar, ni tu manera de actuar. Eso lo decides tú. Tú decides cada mañana, cuando abres los ojos, estar feliz o con un cabreo del quince. Tú decides, cada tarde, estar hasta el gorro de todo, o estar contento con lo que haces. Tú decides votar o no hacerlo. Tú decides que se te revuelvan las tripas cuando ves a los políticos por TV, o pasar de ellos olímpicamente. Tú decides seguir la senda que te enseñó tu abuelo, o ser un innovador y largarte a otros pagos. Tú decides apoyarte en el dinero, como único dios, o prescindir de esa parte, que la gente cree que es fundamental, para hacer impecablemente las cosas de tu vida, porque, lo demás, “Te será dado por añadidura”.
¡Cuidado que lo llevo diciendo hace años!. La panacea es vivir el momento. Y no hay otra solución. Y vivir el momento con intensidad diez, como si fuera el último de tu vida. Y vivirlo sin juzgar, sin criticar y sin querer entender más de lo que te corresponde. Hay dinero, me lo gasto. No hay dinero, no me lo gasto; pero impecablemente.
Yo hago lo que tengo que hacer de una manera escrupulosa, y lo demás está en manos de Dios. Desde luego, no en manos de los políticos, ni de los bancos, ni de las juntas, ni de las separadas, ni de las empresas, ni de los sindicatos –de esos, menos que nadie-. Todo, todo, créeme, está en tus manos. Que te desesperas por falta de recursos monetarios, es tu problema. Que no puedes con la situación política, es tu problema. Que no puedes con la situación laboral, es tu problema. Y, de seguir así, serás uno de los cadáveres que va dejando la sociedad (en general) en su loca carrera del ‘estado de bienestar’ ¿¡Pero, qué bienestar, ni qué pollas en vinagre!? Aquí el bienestar me lo proporciono yo, aunque no tenga dinero, aunque no pueda veranear en La Toja, a pesar de no tener un automóvil de alta gama, de estar por encima de las casas de más de 60 metros –que, hoy en día, ya es demasiado-. Y no me pongo pretextos. Es que…, es que… No hay 'esques' que valgan. Comemos el doble de lo que necesitamos, no podemos cagar más que un váter, el dormitorio sirve para dormir, y, para eso, no hacen falta 20 m², o más. La ropa se puede colocar convenientemente en un armario discreto, no hacen falta closet, tipo americano, ni tampoco un auto que se ponga de 0 a 100 en menos de 7 segundos; eso es marketing puro y duro.
Nos están bombardeando, a diario, a través de todos los medias, con anuncios de todo tipo de consumibles, objetos, tratamientos, establecimientos hoteleros, viajes al último confín de la tierra. Y, naturalmente, hay incautos que se dejan atrapar en las redes doradas de la propaganda. Y nos creemos que es lo que hay que hacer y a lo que hay que aspirar en esta vida: a tener un casoplón, un automóvil de más de 4 cilindros, una segunda casa para los fines de semana, un pelucón de oro, un vestuario para cada ocasión, jugar al golf con unos palos Taylor Made de fibra de carbono, con contrapeso y alidada, etc. Y, sobre todo, y por encima de todas las circunstancias, ‘seguridad’, mucha, mucha seguridad, mazo de seguridad. ¡¿Pero, qué seguridad, ni qué rábanos?! Si la seguridad es una cuestión mental; está dentro de ti mismo o no es, ni está en ningún otro lugar.
Se impecable en tu vida, en tus relaciones y en tu trabajo y deja que la vida fluya. No controles, suéltate y deja que el río de la vida te empape hasta que chorrees de dicha y de felicidad. No hay nada más que hacer; no hay nada más que pensar.
¿El tener es malo? ¿Me estás diciendo que hay que ser pobre para ser feliz? No. Te estoy diciendo que mientras te empeñes en tener, más se aleja de ti el ser.
COLECCION DE PENSAMIENTOS, IDEAS, SITUACIONES, COMENTARIOS, REFLEXIONES, FILOSOFIA. SI QUIERES CONSULTAR CONMIGO ALGUN PROBLEMA, LLAMAME AL 807499032 JUNTOS TRATAREMOS DE SOLUCIONARLO
miércoles, 14 de abril de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
COMO EL AMOR DE UNA MADRE
Pincha en el play del cuadro de abajo y escucha mientras lees.
Conservo vivo en mi memoria, con cuanta dedicación permanecía a mi lado y me sostenía la frente cuando la fiebre me provocaba el vómito. Los paños de agua fría que me aplicaba en la cabeza y las cataplasmas de mostaza que me arrimaba al pecho para que cociera el catarro en mis pulmones. “Ya, ya, cariño –me decía a media voz, muy quedo, para que sólo lo oyéramos ella y yo, que eran cosas íntimas, entre madre e hijo- Ya, corazón -me musitaba al oído mientras yo me rilaba de frío por la calentura- Duérmete, mi niño. Descansa, pimpollo” Todavía siento sus caricias en mi cabeza infantil, de pelo suave y abundante. Su mano tibia y sedosa acariciando mis sienes perladas de sudor. “Duerme, mi amor, que ya se pasa, que ya se pasa”. Horas y horas sin separarse de mi lecho, ni para comer, ni para dormir. Recuerdos que nunca se olvidan. Recuerdos de una madre y de su amor, lo más parecido al amor verdadero; al amor incondicional.
Yo me rio cuando la gente habla de amor; cuando la gente declara que está enamorada. Yo me río que me troncho ¿Qué sabrá de amor una persona que no recuerda la mano de su madre acariciando, horas y horas, los rizos sudorosos por la fiebre? ¿Qué sabrá de amor una persona que pone condiciones al amor? Es igual que si mi madre me hubiera puesto condiciones para cuidarme durante mis enfermedades infantiles. “Si no te portas bien, y no haces los deberes, y no dices palabrotas, y no te masturbas, y te comes todo, y no pegas a tu hermano, y no untas de mierda la cadena el depósito de agua del váter, y, y, y,… no te cuido ahora que estás malito, muy malito, y necesitas tener a mamá aquí a tu lado. Pues eso, que me lo firmes en este papel. Venga. Que te dejo solo y de dan por allí….” ¡Vaya comedia!. El amor es amor, y si no, no vale nada. Hablaremos de contratos de conveniencias, transacciones comerciales, toma y daca, o lo que se quiera, pero nunca de amor. ¡Así queremos los Martínez! ¡Los Fonseca somos fríos para demostrar nuestros sentimientos! ¡Los Grijalbo nunca decimos que queremos a la gente, aunque, en el fondo los queremos, y mucho! Pues ni los Martínez, ni los Fonseca, ni los Grijalbo, tenéis ni puta idea de lo que es el amor.
Cuentan de mujeres que enfermaron de amor, que se volvieron locas por amor, que murieron de amor. Bonita y estúpida manera de dar al traste con la felicidad que estamos obligados a vivir. Estas situaciones son dramas que nos organizamos algunos para no hacer lo que debemos: Amar incondicionalmente y, lo que es peor, sin apegos.
Siddhartha Gauthama, El Buda, predicó cosas muy bellas y muy prácticas. Dijo: “El dolor de la gente está causado por los deseos. Si eliminamos los deseos, desaparece el dolor” Pero no podemos vivir ni un día sin deseos, que son el motor mental de nuestros actos. Escribo porque lo deseo, me levanto porque lo deseo, me acuesto porque lo deseo. No se puede prescindir de los deseos para vivir en el mundo. ¿Entonces la frase de Buda está equivocada?. No. Está mal traducida. Tenemos que cambiar ‘deseo’ por ‘apego’ para que sea redonda y comprensible ¿Y, qué es el apego? Es el deseo sin el cual yo no puedo ser feliz. Esto, sí es correcto. Entonces la frase quedaría estructurada de esta manera: “El dolor de la gente está causado por los apegos. Si eliminamos los apegos, desaparece el dolor”
Nos han programado, desde niños, para que tengamos dependencias y apegos. No podemos vivir sin los apegos a todos y a todo. “Sin Paula no puedo ser feliz; si ella me falta, me muero” “Si no me caso con Raquel, me da algo” “Me tengo que comprar ese automóvil, porque, si no, no voy a estar tranquilo el resto de mi vida” Hay que llegar a la conclusión de que todo eso nos encadena, cada vez con más persistencia, a la infelicidad, aunque parezca una extraña paradoja. Pero yo tengo que aprender a ser feliz a pesar de las circunstancias. “Quiero tanto a Paula, que la dejo libre” “Amo de tal manera a Raquel, que no me importa que ella no me corresponda” “Con Conchita, soy muy feliz; sin ella, también soy muy feliz” Este es el final del aprendizaje del ser humano en este paraíso que es La Tierra: Amar incondicionalmente. Yo te amo y te doy mi amor; haz con él lo que tú quieras.
Mientras la gente no aprenda a AMAR, no sabrá lo que es el amor verdadero y seguirá actuando por apego, por comodidad, o por imitación de las malas artes de la gente, que con respecto a la relación, nos han enseñado. O el amor es incondicional, o no es amor. Y esto, mi querido amigo, va a Misa.
Conservo vivo en mi memoria, con cuanta dedicación permanecía a mi lado y me sostenía la frente cuando la fiebre me provocaba el vómito. Los paños de agua fría que me aplicaba en la cabeza y las cataplasmas de mostaza que me arrimaba al pecho para que cociera el catarro en mis pulmones. “Ya, ya, cariño –me decía a media voz, muy quedo, para que sólo lo oyéramos ella y yo, que eran cosas íntimas, entre madre e hijo- Ya, corazón -me musitaba al oído mientras yo me rilaba de frío por la calentura- Duérmete, mi niño. Descansa, pimpollo” Todavía siento sus caricias en mi cabeza infantil, de pelo suave y abundante. Su mano tibia y sedosa acariciando mis sienes perladas de sudor. “Duerme, mi amor, que ya se pasa, que ya se pasa”. Horas y horas sin separarse de mi lecho, ni para comer, ni para dormir. Recuerdos que nunca se olvidan. Recuerdos de una madre y de su amor, lo más parecido al amor verdadero; al amor incondicional.
Yo me rio cuando la gente habla de amor; cuando la gente declara que está enamorada. Yo me río que me troncho ¿Qué sabrá de amor una persona que no recuerda la mano de su madre acariciando, horas y horas, los rizos sudorosos por la fiebre? ¿Qué sabrá de amor una persona que pone condiciones al amor? Es igual que si mi madre me hubiera puesto condiciones para cuidarme durante mis enfermedades infantiles. “Si no te portas bien, y no haces los deberes, y no dices palabrotas, y no te masturbas, y te comes todo, y no pegas a tu hermano, y no untas de mierda la cadena el depósito de agua del váter, y, y, y,… no te cuido ahora que estás malito, muy malito, y necesitas tener a mamá aquí a tu lado. Pues eso, que me lo firmes en este papel. Venga. Que te dejo solo y de dan por allí….” ¡Vaya comedia!. El amor es amor, y si no, no vale nada. Hablaremos de contratos de conveniencias, transacciones comerciales, toma y daca, o lo que se quiera, pero nunca de amor. ¡Así queremos los Martínez! ¡Los Fonseca somos fríos para demostrar nuestros sentimientos! ¡Los Grijalbo nunca decimos que queremos a la gente, aunque, en el fondo los queremos, y mucho! Pues ni los Martínez, ni los Fonseca, ni los Grijalbo, tenéis ni puta idea de lo que es el amor.
Cuentan de mujeres que enfermaron de amor, que se volvieron locas por amor, que murieron de amor. Bonita y estúpida manera de dar al traste con la felicidad que estamos obligados a vivir. Estas situaciones son dramas que nos organizamos algunos para no hacer lo que debemos: Amar incondicionalmente y, lo que es peor, sin apegos.
Siddhartha Gauthama, El Buda, predicó cosas muy bellas y muy prácticas. Dijo: “El dolor de la gente está causado por los deseos. Si eliminamos los deseos, desaparece el dolor” Pero no podemos vivir ni un día sin deseos, que son el motor mental de nuestros actos. Escribo porque lo deseo, me levanto porque lo deseo, me acuesto porque lo deseo. No se puede prescindir de los deseos para vivir en el mundo. ¿Entonces la frase de Buda está equivocada?. No. Está mal traducida. Tenemos que cambiar ‘deseo’ por ‘apego’ para que sea redonda y comprensible ¿Y, qué es el apego? Es el deseo sin el cual yo no puedo ser feliz. Esto, sí es correcto. Entonces la frase quedaría estructurada de esta manera: “El dolor de la gente está causado por los apegos. Si eliminamos los apegos, desaparece el dolor”
Nos han programado, desde niños, para que tengamos dependencias y apegos. No podemos vivir sin los apegos a todos y a todo. “Sin Paula no puedo ser feliz; si ella me falta, me muero” “Si no me caso con Raquel, me da algo” “Me tengo que comprar ese automóvil, porque, si no, no voy a estar tranquilo el resto de mi vida” Hay que llegar a la conclusión de que todo eso nos encadena, cada vez con más persistencia, a la infelicidad, aunque parezca una extraña paradoja. Pero yo tengo que aprender a ser feliz a pesar de las circunstancias. “Quiero tanto a Paula, que la dejo libre” “Amo de tal manera a Raquel, que no me importa que ella no me corresponda” “Con Conchita, soy muy feliz; sin ella, también soy muy feliz” Este es el final del aprendizaje del ser humano en este paraíso que es La Tierra: Amar incondicionalmente. Yo te amo y te doy mi amor; haz con él lo que tú quieras.
Mientras la gente no aprenda a AMAR, no sabrá lo que es el amor verdadero y seguirá actuando por apego, por comodidad, o por imitación de las malas artes de la gente, que con respecto a la relación, nos han enseñado. O el amor es incondicional, o no es amor. Y esto, mi querido amigo, va a Misa.
FRIKI
Pincha en el play del cuadro inferior y 'siente' mientras lees. Hallarás un gran contraste entre la música y el tema del artículo. Es lo que pretendo.
La palabra friki o friqui, deriva de la inglesa freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático. Se trata de un término del lenguaje coloquial, últimamente incorporado a nuestro lenguaje, peyorativo en algunos casos, no aceptado actualmente por la Real Academia Española de la lengua, utilizado para referirse al individuo de apariencia o comportamiento inusual, que se muestra interesado u obsesionado en un tema muy específico del que se considera fanático. Estos temas, conocidos como cultura friki, suelen estar centrados en la ciencia ficción, la fantasía, el arte japonés denominado de dibujos animados manga, los videojuegos, los cómics, la informática…
La palabra freak se usa en el idioma inglés para referirse a las personas que se distinguen por tener alguna malformación o anomalía física (mujeres barbudas, hombres elefante o personas de estatura anormalmente grande o pequeña) y que se exhibían en los circos. El ejemplo más famoso de ello, origen del término y su significado en el idioma inglés, es la película Freaks, dirigida por Tod Browning en 1932. El guitarrista y cantante escocés Mark Knopfler (ex-líder de Dire Straits) compuso un tema sobre esta clase de freaks (y su exhibición en los denominados Freak Shows) llamado Devil Baby. También existe el cómic de finales de los 60's The fabulous furry Freak Brothers.
Luego, el término llegó a usarse para referirse, aunque en otro contexto, a personajes extravagantes en algún sentido, que llegan a ser conocidos por su excentricidad a través de los programas de televisión.
Dentro de la personalidad friki o friko, hay distintos niveles de "frikismo", llegando el más extremo a llevar su afición o interés hasta el punto de convertirlo en un estilo de vida, al ser una parte importante de ella.
A esto me voy a remitir para complacer a mi amiga Begoña Macho, que me exhorta a que me defina sobre algún personaje que últimamente hace su profesión, de exhibir su mala imagen, deplorable educación, carencia de estética e incultura manifiesta, en la pantalla de TV, con magníficos resultados de audiencia y, por lo tanto de emolumentos. Siendo, hoy en día, el máximo exponente de la generación friki.
Huyo de la crítica para centrar mejor el problema. Me ubico, de esta manera, en mi versión de los porqués del asunto. En esta vida material, escuela viva de experiencias, hay mucha gente con diferentes niveles de apertura de conciencia, y muy distintos estados de vibración atómica. ¿Es esto malo para los menos, y bueno para los más? En modo alguno. Esta vida es como una facultad a la que acudes para licenciarte en alguna rama de humanidades o de ciencias. En los primeros cursos de carrera, a los estudiantes se les considera como novatos, e, incluso, son sometidos a bromas y vejaciones por parte de los veteranos de cursos superiores, más avanzados en el nivel de conocimientos. En ningún caso es malo, o peor, pertenecer a la clase bisoña de principios de estudios. ¿Con quién se relacionarán los novicios? Con alumnos de su mismo nivel, con quienes se entenderán mejor que con mentalidades más maduras y avanzadas en sensatez y conocimientos.
La gente tiende a congregarse en asociaciones de afines en ideas, aficiones o devociones; son de la misma mentalidad, apertura y vibración atómica. Y nadie se puede sentir discriminado por las hermandades rivales o de distintas sensibilidades. Para gustos hay colores. Por tanto, todos somos necesarios, y todos hemos venido a representar nuestro papel lo mejor posible. Y cada cual representa varios roles a lo largo de los años, de acuerdo con la evolución personal, las circunstancias y sus pactos espirituales. Y todos son necesarios, y durante las diferentes etapas de la vida, los humanos se verán identificados, o tendrán afinidad por determinadas aperturas de conciencia, representadas por personajes coetáneos de actualidad pública. Y todos son útiles, y todos responden a la plena aceptación de sus papeles.
De los Himalayas, al Cristo del Otero (Palencia), hay alguna diferencia de altura. ¿Y por eso estamos autorizados a discriminar, en algún sentido, a la colina más famosa de la provincia? Muy al contrario. Apareció tan graciosa, altiva y bien situada a los ojos de Victorio Macho, que la eligió para erigir su monumento a Jesús de Nazaret, honor del que no han gozado todavía ninguno de los ‘ochomiles’.
No criticar, no juzgar y esperar para entender un poco más adelante.
La palabra friki o friqui, deriva de la inglesa freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático. Se trata de un término del lenguaje coloquial, últimamente incorporado a nuestro lenguaje, peyorativo en algunos casos, no aceptado actualmente por la Real Academia Española de la lengua, utilizado para referirse al individuo de apariencia o comportamiento inusual, que se muestra interesado u obsesionado en un tema muy específico del que se considera fanático. Estos temas, conocidos como cultura friki, suelen estar centrados en la ciencia ficción, la fantasía, el arte japonés denominado de dibujos animados manga, los videojuegos, los cómics, la informática…
La palabra freak se usa en el idioma inglés para referirse a las personas que se distinguen por tener alguna malformación o anomalía física (mujeres barbudas, hombres elefante o personas de estatura anormalmente grande o pequeña) y que se exhibían en los circos. El ejemplo más famoso de ello, origen del término y su significado en el idioma inglés, es la película Freaks, dirigida por Tod Browning en 1932. El guitarrista y cantante escocés Mark Knopfler (ex-líder de Dire Straits) compuso un tema sobre esta clase de freaks (y su exhibición en los denominados Freak Shows) llamado Devil Baby. También existe el cómic de finales de los 60's The fabulous furry Freak Brothers.
Luego, el término llegó a usarse para referirse, aunque en otro contexto, a personajes extravagantes en algún sentido, que llegan a ser conocidos por su excentricidad a través de los programas de televisión.
Dentro de la personalidad friki o friko, hay distintos niveles de "frikismo", llegando el más extremo a llevar su afición o interés hasta el punto de convertirlo en un estilo de vida, al ser una parte importante de ella.
A esto me voy a remitir para complacer a mi amiga Begoña Macho, que me exhorta a que me defina sobre algún personaje que últimamente hace su profesión, de exhibir su mala imagen, deplorable educación, carencia de estética e incultura manifiesta, en la pantalla de TV, con magníficos resultados de audiencia y, por lo tanto de emolumentos. Siendo, hoy en día, el máximo exponente de la generación friki.
Huyo de la crítica para centrar mejor el problema. Me ubico, de esta manera, en mi versión de los porqués del asunto. En esta vida material, escuela viva de experiencias, hay mucha gente con diferentes niveles de apertura de conciencia, y muy distintos estados de vibración atómica. ¿Es esto malo para los menos, y bueno para los más? En modo alguno. Esta vida es como una facultad a la que acudes para licenciarte en alguna rama de humanidades o de ciencias. En los primeros cursos de carrera, a los estudiantes se les considera como novatos, e, incluso, son sometidos a bromas y vejaciones por parte de los veteranos de cursos superiores, más avanzados en el nivel de conocimientos. En ningún caso es malo, o peor, pertenecer a la clase bisoña de principios de estudios. ¿Con quién se relacionarán los novicios? Con alumnos de su mismo nivel, con quienes se entenderán mejor que con mentalidades más maduras y avanzadas en sensatez y conocimientos.
La gente tiende a congregarse en asociaciones de afines en ideas, aficiones o devociones; son de la misma mentalidad, apertura y vibración atómica. Y nadie se puede sentir discriminado por las hermandades rivales o de distintas sensibilidades. Para gustos hay colores. Por tanto, todos somos necesarios, y todos hemos venido a representar nuestro papel lo mejor posible. Y cada cual representa varios roles a lo largo de los años, de acuerdo con la evolución personal, las circunstancias y sus pactos espirituales. Y todos son necesarios, y durante las diferentes etapas de la vida, los humanos se verán identificados, o tendrán afinidad por determinadas aperturas de conciencia, representadas por personajes coetáneos de actualidad pública. Y todos son útiles, y todos responden a la plena aceptación de sus papeles.
De los Himalayas, al Cristo del Otero (Palencia), hay alguna diferencia de altura. ¿Y por eso estamos autorizados a discriminar, en algún sentido, a la colina más famosa de la provincia? Muy al contrario. Apareció tan graciosa, altiva y bien situada a los ojos de Victorio Macho, que la eligió para erigir su monumento a Jesús de Nazaret, honor del que no han gozado todavía ninguno de los ‘ochomiles’.
No criticar, no juzgar y esperar para entender un poco más adelante.
jueves, 8 de abril de 2010
LARECETA DE LA SEMANA. CREMA DE CALABAZA.
Pincha en el play del cuadro de abajo y escucharás una composición cantada en honor de los aprendices de Chamán, que hicimos el viaje al Méjico profundo.
Hay calabazas por doquier. No veo más que calabazas. Están apañados los adolescentes en época de merecer. Pero con las calabazas se elabora una crema que te chupas hasta los dedos de los pies. He aquí la receta.
CREMA DE CALABAZA
Ingredientes: 600 gr. de calabaza, 3 zanahorias, 2 patatas, 2 cebollas, 2 cucharadas de aceite de oliva, 4 quesitos desnatados, Sal, Pimienta negra.
Preparación:
Trocear la calabaza, las zanahorias y las patatas. Cocinar en agua con un poco de sal, o hacer con la olla exprés. En una sartén, poner el aceite y sofreír la cebolla. Cuando las verduras ya estén cocidas, retirar el caldo de la olla, pero reservar un poco por si hace falta luego. Añadir en la olla con las patatas, zanahorias y calabaza, la cebolla. Sofreír ligeramente y añadir los quesitos. Salpimentar. Triturar todo muy bien, y si quedara demasiado espeso añadir algo del caldo de las verduras. Rectificar de sal y pimienta.
Hay calabazas por doquier. No veo más que calabazas. Están apañados los adolescentes en época de merecer. Pero con las calabazas se elabora una crema que te chupas hasta los dedos de los pies. He aquí la receta.
CREMA DE CALABAZA
Ingredientes: 600 gr. de calabaza, 3 zanahorias, 2 patatas, 2 cebollas, 2 cucharadas de aceite de oliva, 4 quesitos desnatados, Sal, Pimienta negra.
Preparación:
Trocear la calabaza, las zanahorias y las patatas. Cocinar en agua con un poco de sal, o hacer con la olla exprés. En una sartén, poner el aceite y sofreír la cebolla. Cuando las verduras ya estén cocidas, retirar el caldo de la olla, pero reservar un poco por si hace falta luego. Añadir en la olla con las patatas, zanahorias y calabaza, la cebolla. Sofreír ligeramente y añadir los quesitos. Salpimentar. Triturar todo muy bien, y si quedara demasiado espeso añadir algo del caldo de las verduras. Rectificar de sal y pimienta.
CABREO, SÍ, PERO CON MEDIDA Y CONCIENCIA
Pincha en el play del cuadro inferior y escucha a Elton John, mientras lees.
Me escribe Begoña Macho, buena amiga y fiel seguidora de mi blog, para hacerme una reflexión sobre el cabreo que reflejé en el artículo El seminario de Chen Yong Fa. En cierto modo, ella se extraña y se llena de estupor –aunque dice que es broma-, porque yo responda a los estímulos negativos que me proporciona la vida, con un cabreo del quince. Se conoce que ella, verdaderamente creía que yo era insensible a los estímulos, y tan elevado, que con dificultad podía descender a cagarme en todo lo que se menea, ante un caso de falta de respeto flagrante.
Somos humanos y estamos con los pies en el pavimento, en el asfalto o en la tierra. Si estuviésemos allá, en el cielo, no tendríamos nada que hacer aquí abajo. Agustín Delgado, mi chamán de cabecera, decía referente a esta dualidad, que era necesario equilibrar nuestras dos partes, la divina y la humana. Él lo refería, más o menos, así: “Cuando mi parte humana ve al Agustín que se ha elevado a los cielos para meditar, rezar y divinizarse, le exhorta: “Agustín ¿Qué haces otra vez allá arriba? Mira, que hay que trabajar para pagar la letra que vence a finales de mes, y hay que comer, y vestirse. Baja de ahí cagando leches, Agustín, hermano” Cuando la parte divina veía la humana de Agustín, le decía: “Agustín, muchacho ¿Cómo eres tan derrochador? Mira que ya tienes cinco pantalones ¿Te vas a comprar otro más? Repara en la necesidad de elevarse un poco y no dejarse atrapar por las cosas materiales”.
Ahí está el intríngulis de la cuestión: Equilibrar. Y para ello hay que comenzar por ser consciente del papel que estás desempeñando en cada situación. Y, sobre todo y por encima de todo, elegir cuál va a ser tu reacción. Ante cualquier situación, tú eliges cuál será tu respuesta. Eliges levantarte, de buena mañana, cabreado como un mono, o feliz como una perdiz. Optas por aceptar los hechos que te afectan con buena cara, no juzgándolos, no criticándolos y dedicándote a vivirlos y tener la experiencia, o, de lo contrario, tiras las patas por alto, chillas, vociferas, exhalas ventosidades fetatorias por la boca, elevas tu tensión arterial, segregas adrenalina y le proporcionas un estrujón a tus cápsulas suprarrenales, con las consecuencias nefastas que esto tiene en tu economía orgánica. Pero todo ha partido de tu decisión. Nadie decide cómo reaccionas ante los hechos de la vida. Tú eres responsable de esa parcela, como de todas las demás.
Por otra parte, es bueno y saludable emprenderla, en momento dado, con un cojín, con una silla, o clamando al cielo, para no comerte la situación, que, en tu interior, se va a pudrir y, tarde o temprano, olerá fatal. Pero con mesura; sin pasarte. Y, sobre todo y por encima de todo, no vomitando tu bilis en el pecho de quién menos tiene la culpa de tus paranoias.
¡Cálmate, muchacho, que los cabreos sin conciencia y sin medida, son nefastos para todo! Y las prisas, sólo son buenas para los políticos y para los malos toreros…
Me escribe Begoña Macho, buena amiga y fiel seguidora de mi blog, para hacerme una reflexión sobre el cabreo que reflejé en el artículo El seminario de Chen Yong Fa. En cierto modo, ella se extraña y se llena de estupor –aunque dice que es broma-, porque yo responda a los estímulos negativos que me proporciona la vida, con un cabreo del quince. Se conoce que ella, verdaderamente creía que yo era insensible a los estímulos, y tan elevado, que con dificultad podía descender a cagarme en todo lo que se menea, ante un caso de falta de respeto flagrante.
Somos humanos y estamos con los pies en el pavimento, en el asfalto o en la tierra. Si estuviésemos allá, en el cielo, no tendríamos nada que hacer aquí abajo. Agustín Delgado, mi chamán de cabecera, decía referente a esta dualidad, que era necesario equilibrar nuestras dos partes, la divina y la humana. Él lo refería, más o menos, así: “Cuando mi parte humana ve al Agustín que se ha elevado a los cielos para meditar, rezar y divinizarse, le exhorta: “Agustín ¿Qué haces otra vez allá arriba? Mira, que hay que trabajar para pagar la letra que vence a finales de mes, y hay que comer, y vestirse. Baja de ahí cagando leches, Agustín, hermano” Cuando la parte divina veía la humana de Agustín, le decía: “Agustín, muchacho ¿Cómo eres tan derrochador? Mira que ya tienes cinco pantalones ¿Te vas a comprar otro más? Repara en la necesidad de elevarse un poco y no dejarse atrapar por las cosas materiales”.
Ahí está el intríngulis de la cuestión: Equilibrar. Y para ello hay que comenzar por ser consciente del papel que estás desempeñando en cada situación. Y, sobre todo y por encima de todo, elegir cuál va a ser tu reacción. Ante cualquier situación, tú eliges cuál será tu respuesta. Eliges levantarte, de buena mañana, cabreado como un mono, o feliz como una perdiz. Optas por aceptar los hechos que te afectan con buena cara, no juzgándolos, no criticándolos y dedicándote a vivirlos y tener la experiencia, o, de lo contrario, tiras las patas por alto, chillas, vociferas, exhalas ventosidades fetatorias por la boca, elevas tu tensión arterial, segregas adrenalina y le proporcionas un estrujón a tus cápsulas suprarrenales, con las consecuencias nefastas que esto tiene en tu economía orgánica. Pero todo ha partido de tu decisión. Nadie decide cómo reaccionas ante los hechos de la vida. Tú eres responsable de esa parcela, como de todas las demás.
Por otra parte, es bueno y saludable emprenderla, en momento dado, con un cojín, con una silla, o clamando al cielo, para no comerte la situación, que, en tu interior, se va a pudrir y, tarde o temprano, olerá fatal. Pero con mesura; sin pasarte. Y, sobre todo y por encima de todo, no vomitando tu bilis en el pecho de quién menos tiene la culpa de tus paranoias.
¡Cálmate, muchacho, que los cabreos sin conciencia y sin medida, son nefastos para todo! Y las prisas, sólo son buenas para los políticos y para los malos toreros…
martes, 6 de abril de 2010
EL ENFERMO IMAGINARIO
Pincha en el play del cuadro de abajo, y escucha "Alfonsina y el mar", mientras lees. Apasiónate y aprende.
Corrían como una exhalación los años cincuenta. Estaba España instalada, muy cómodamente, en su cultura francófona, y en los colegios estudiábamos francés y literatura francesa. El hermano Bernabé, experto bilingüe, nos impartía su clases con maestría y una muy cuidada pronunciación. Nos había hecho comprar algunas obras del dramaturgo Jean-Baptiste Poquelin (Molière), naturalmente en francés. Y nos obligaba a leerlas en clase, a viva voz, para ir acostumbrando el oído. Una de las obras que gozamos entre todos por su humor, fue El Enfermo imaginario, que refiere la historia de un hipocondríaco que finge sus males y se ríe de la ignorancia de los galenos. El mismo Jean-Baptiste, que interpretaba sus obras como protagonista, estrenó El enfermo imaginario vestido con una casaca amarilla, y, antes de acabar la representación, se sintió indispuesto y, pocos días después falleció. De aquí el mal fario que supone para los actores que alguien vaya vestido de amarillo en cualquier representación.
Emulando al enfermo imaginario, muchos ancianos fingen la mayoría de sus males, achaques y ajes, por el prurito de sentirse atendidos; para que alguien, por una vez, les haga caso. Me apena ver a los abuelos, encorvados, arrastrando sus pies por el pavimento, apoyados en un bastón, que les hace la mano aún más sarmentosa que de costumbre, víctimas de su propios pensamientos de deterioro físico y mental. Ello mismos se arrastran a ese lamentable estado sin saberlo; sin ni siquiera darse cuenta de la causa de sus desgastes. En este drama participan todos los actores secundarios, que recitan sus papeles de memoria, compadeciéndose del pobre carcamal, que cada día se levanta de la silla con mayor dificultad, hasta que, una buena mañana, se queda definitivamente encadenado a ella.
¿Qué tal estás hoy? –pregunta el hijo- “Pues ya ves ¿qué quieres que te diga?, aquí, jodido, con las piernas hechas polvo y con un dolor de espalda que no me deja tenerme de pie ¡Qué malo es llegar a viejo! ¡Ya, ya llegarás! De esto no se libra nadie, muchacho, nadie se libra de esta mierda”. El hijo tuerce ligeramente la cabeza, eleva una comisura de los labios hacia el lado contrario, respira hondo y se calla. ¿Así llegaré yo a su edad? .
Pero esta comedia de la vida, mantenida en todos sus actos por médicos y profesionales de la medicina, no se corresponde con el guión. El libreto no se ajusta a estos roles que interpreta la gente; están improvisando constantemente, y meten más ‘morcillas’ que en una chacinería. Cada cual a su aíre, a su modo y manera. El argumento es otro muy diferente, pero, al parecer, no le gusta a nadie, y nadie lo sigue. El autor ha concebido la obra con personajes felices que llegan a los ochenta en plena forma, y un buen día, cansados de tanta dicha y de tener una vida tan plena, deciden voluntariamente, sin ayuda de nadie; sin que nadie contribuya a su deceso, dejar este plano entre vítores y aplausos, como los buenos toreros, y con una oreja en cada mano. Ese es el final ideado por el creador de los personajes, pero a la gente no le hace gracia eso de vivir felices y concluir la obra entre flores, aclamaciones y abrazos a gogó.
El gran público se ha sacado de la manga unos dramas que te jiñas: El paciente, hasta los huevos de que le tomen por el pito del sereno en su propia casa, se organiza un carcinoma de estómago porque no puede digerir su situación. Después del diagnóstico, los médicos, en vez de esperar un poquito para ver cómo evoluciona, le meten mano lo más rápidamente posible, no vaya a ser que el enfermo empiece a mejorar y se les joda la estadística, las previsiones y el protocolo. Después de la intervención, en vez de dosificar con mesura los medicamentos –sobre todo los opiáceos- se los administran con galanura, ligereza y generosidad. Al enfermo, naturalmente, no le duele, pero se queda apijotado, lo poco que han decidido, todos los que le rodean, que le queda de vida. El inconsciente colectivo empieza a hacer de las suyas: ¡Que Juanito la palma, pero que la palma, ya! ¡Que a Juanito le queda un afeitao! Y Juanito las espicha mucho antes de lo previsto. Y esta crónica de una muerte anunciada, está a la orden del día. Y después todo el mundo llora, incluso los deudos, y a todo el mundo le administran sedantes para sobrellevar el trance…
Juanito no se tenía que haber muerto, según el guión, hasta 22 años después. Harto de pasarlo bien y sentirse querido, pero: “Dios propone, y el hombre dispone”.
Corrían como una exhalación los años cincuenta. Estaba España instalada, muy cómodamente, en su cultura francófona, y en los colegios estudiábamos francés y literatura francesa. El hermano Bernabé, experto bilingüe, nos impartía su clases con maestría y una muy cuidada pronunciación. Nos había hecho comprar algunas obras del dramaturgo Jean-Baptiste Poquelin (Molière), naturalmente en francés. Y nos obligaba a leerlas en clase, a viva voz, para ir acostumbrando el oído. Una de las obras que gozamos entre todos por su humor, fue El Enfermo imaginario, que refiere la historia de un hipocondríaco que finge sus males y se ríe de la ignorancia de los galenos. El mismo Jean-Baptiste, que interpretaba sus obras como protagonista, estrenó El enfermo imaginario vestido con una casaca amarilla, y, antes de acabar la representación, se sintió indispuesto y, pocos días después falleció. De aquí el mal fario que supone para los actores que alguien vaya vestido de amarillo en cualquier representación.
Emulando al enfermo imaginario, muchos ancianos fingen la mayoría de sus males, achaques y ajes, por el prurito de sentirse atendidos; para que alguien, por una vez, les haga caso. Me apena ver a los abuelos, encorvados, arrastrando sus pies por el pavimento, apoyados en un bastón, que les hace la mano aún más sarmentosa que de costumbre, víctimas de su propios pensamientos de deterioro físico y mental. Ello mismos se arrastran a ese lamentable estado sin saberlo; sin ni siquiera darse cuenta de la causa de sus desgastes. En este drama participan todos los actores secundarios, que recitan sus papeles de memoria, compadeciéndose del pobre carcamal, que cada día se levanta de la silla con mayor dificultad, hasta que, una buena mañana, se queda definitivamente encadenado a ella.
¿Qué tal estás hoy? –pregunta el hijo- “Pues ya ves ¿qué quieres que te diga?, aquí, jodido, con las piernas hechas polvo y con un dolor de espalda que no me deja tenerme de pie ¡Qué malo es llegar a viejo! ¡Ya, ya llegarás! De esto no se libra nadie, muchacho, nadie se libra de esta mierda”. El hijo tuerce ligeramente la cabeza, eleva una comisura de los labios hacia el lado contrario, respira hondo y se calla. ¿Así llegaré yo a su edad? .
Pero esta comedia de la vida, mantenida en todos sus actos por médicos y profesionales de la medicina, no se corresponde con el guión. El libreto no se ajusta a estos roles que interpreta la gente; están improvisando constantemente, y meten más ‘morcillas’ que en una chacinería. Cada cual a su aíre, a su modo y manera. El argumento es otro muy diferente, pero, al parecer, no le gusta a nadie, y nadie lo sigue. El autor ha concebido la obra con personajes felices que llegan a los ochenta en plena forma, y un buen día, cansados de tanta dicha y de tener una vida tan plena, deciden voluntariamente, sin ayuda de nadie; sin que nadie contribuya a su deceso, dejar este plano entre vítores y aplausos, como los buenos toreros, y con una oreja en cada mano. Ese es el final ideado por el creador de los personajes, pero a la gente no le hace gracia eso de vivir felices y concluir la obra entre flores, aclamaciones y abrazos a gogó.
El gran público se ha sacado de la manga unos dramas que te jiñas: El paciente, hasta los huevos de que le tomen por el pito del sereno en su propia casa, se organiza un carcinoma de estómago porque no puede digerir su situación. Después del diagnóstico, los médicos, en vez de esperar un poquito para ver cómo evoluciona, le meten mano lo más rápidamente posible, no vaya a ser que el enfermo empiece a mejorar y se les joda la estadística, las previsiones y el protocolo. Después de la intervención, en vez de dosificar con mesura los medicamentos –sobre todo los opiáceos- se los administran con galanura, ligereza y generosidad. Al enfermo, naturalmente, no le duele, pero se queda apijotado, lo poco que han decidido, todos los que le rodean, que le queda de vida. El inconsciente colectivo empieza a hacer de las suyas: ¡Que Juanito la palma, pero que la palma, ya! ¡Que a Juanito le queda un afeitao! Y Juanito las espicha mucho antes de lo previsto. Y esta crónica de una muerte anunciada, está a la orden del día. Y después todo el mundo llora, incluso los deudos, y a todo el mundo le administran sedantes para sobrellevar el trance…
Juanito no se tenía que haber muerto, según el guión, hasta 22 años después. Harto de pasarlo bien y sentirse querido, pero: “Dios propone, y el hombre dispone”.
lunes, 5 de abril de 2010
LA LLAVE DE LA FELICIDAD
Pincha en play del cuadro de abajo, y extasíate oyendo 'Imagine', de John Lenon, mientras lees.
Oigo ayer, en un reportaje de TV de un personaje famoso, gallego él, un poquito más que de mediana edad, pastoso él y graciozosón, entrevistado por la clásica presentadora con incontinencia verbal y pocas ideas, que definía la felicidad, algo así como: “La felicidad es trabajar, esforzarte y echar pa lante en la vida. No se trata de tener mucho o de vender mucho en poco tiempo, con unos réditos muy altos, se trata de trabajar y esforzarte” Parece como si, repitiendo el concepto, se convenciese la gente de que lo que acaba de decir es la pura verdad. Y verdades, como ya he tratado de expresar en artículos anteriores, hay muchas, tantas como mentalidades existen en el planeta. Yo tengo mi verdad, tú tienes la tuya, y cada uno tiene su pequeña verdad, pequeñita, contingente, cicatera, reducida, pero mía. Y es inútil querer embutir en el mondongo de la gente tu verdad, que, a saber si es verdad…
Pero verdad, verdad, sólo hay una, porque la verdad es un concepto de común utilidad para todo el mundo y en todo lugar. Y es: “El pensamiento es creativo. Vives, por lo tanto, como piensas. Si piensas bien, vives bien; si piensas mal, vives mal” Permitidme, para más abundamiento, que no me aparte de este aserto ni un adarme. “Lo que e, e”, como dice, en plan de sorna, mi hermana. Y la verdad, verdad, sobre el concepto de felicidad, tan llevado y tan traído, y del que ya he hecho mención en artículos anteriores, es que nadie –en toda la extensión que abarca la palabra-, sabe qué es la felicidad, dónde se puede encontrar o qué hay que hacer para instalarse, aunque sea por breves momentos, en ella: La dama más deseada por ciudadanos de todo género y condición.
Entra Mafalda en una tienda donde se duplican llaves, y pregunta al dependiente (ya entrado en años): - “Buen día, señor. Vengo a que me haga la llave de la felicidad”. “Con mucho gusto, nenita –contesta el ferretero- ¿A ver el modelo?”. En la siguiente viñeta, se ve cómo Mafalda sale de la tienda exclamando: “¡Astuto viejito!”.
¿Qué te parece? Quería que la hiciera la llave de la felicidad. Y, naturalmente, el viejito deseó, por un instante, que la niñita le mostrara el original, para hacer unas cuantas copias, para él y para su familia. Puestos a lucubrar… Pues, mira qué tontería, yo, en este momento, os voy a regalar la lleve y el secreto de la felicidad. Se lo cuento, en mi consulta, a todo el que me presta atención por unos breves momentos, lo que dura el relato:
Yo estoy aquí, en mi consulta –les digo-. Estoy en un sitio que me gusta, no en vano lo he creado para mí, con un ambiente agradable, un aroma a sándalo que me transporta, una música deliciosa. Estoy haciendo lo que me gusta, y una de las cosas que hago mejor, que es tratar a las personas. Ustedes me agradan, no me espera nadie, y estoy cómodo, sin ninguna molestia física, ni mental que me inquiete. Esto, para mí, es la felicidad ¿A qué otra cosa puedo aspirar en estos momentos? Esto es el colmo de mi felicidad. Pero si, en este preciso instante, pienso en los pacientes que me están aguardando en la sala de espera, ya se chafó la felicidad. Miro al reloj, empiezo a rebullirme en el asiento, cambio de conversación y procuro dar por concluida la visita lo antes posible. ¿Qué hago con todo esto? boicotearme la felicidad, ese momento de placer, en el que no puedo aspirar a nada más porque no existe, porque lo único real es ese momento, y, por lo tanto, cuando empiezo a pensar en el futuro inmediato, me estoy estresando, porque el estrés nace de: “Estoy trabajando aquí, y estoy pensando allí”.
¡Et voilà! He aquí el secreto de la felicidad; la clave para vivir, constantemente, en esa pretendida entelequia, pura ciencia ficción. Vive el momento con pasión desbordada. No pienses en ninguna otra cosa. Cuando te duches, dúchate, pendiente de la sensación en tu piel del agua caliente, del olor del gel, de la rugosidad de la toalla. Este el momento de felicidad, que se puede romper en cuanto pienses en la letra del banco, en el jefe, en tu dolor de menisco…
Vivir el momento es la panacea, la explicación de, qué hay que hacer para ser feliz, del lugar donde se encuentra la felicidad.
Hago una salvedad necesaria. La felicidad, no siempre es sinónimo de placer. Cuando pintan bastos no quiere decir que no seamos felices, simplemente ha llegado el momento de cambiar de palo: Alinearte con la situación, no juzgarla, no criticarla, y vivirla a tope, porque es lo que toca. ¿Es esto algo contrario a la felicidad? Bajo ningún concepto. Es otra situación, que, como todo en la vida, también pasará.
Oigo ayer, en un reportaje de TV de un personaje famoso, gallego él, un poquito más que de mediana edad, pastoso él y graciozosón, entrevistado por la clásica presentadora con incontinencia verbal y pocas ideas, que definía la felicidad, algo así como: “La felicidad es trabajar, esforzarte y echar pa lante en la vida. No se trata de tener mucho o de vender mucho en poco tiempo, con unos réditos muy altos, se trata de trabajar y esforzarte” Parece como si, repitiendo el concepto, se convenciese la gente de que lo que acaba de decir es la pura verdad. Y verdades, como ya he tratado de expresar en artículos anteriores, hay muchas, tantas como mentalidades existen en el planeta. Yo tengo mi verdad, tú tienes la tuya, y cada uno tiene su pequeña verdad, pequeñita, contingente, cicatera, reducida, pero mía. Y es inútil querer embutir en el mondongo de la gente tu verdad, que, a saber si es verdad…
Pero verdad, verdad, sólo hay una, porque la verdad es un concepto de común utilidad para todo el mundo y en todo lugar. Y es: “El pensamiento es creativo. Vives, por lo tanto, como piensas. Si piensas bien, vives bien; si piensas mal, vives mal” Permitidme, para más abundamiento, que no me aparte de este aserto ni un adarme. “Lo que e, e”, como dice, en plan de sorna, mi hermana. Y la verdad, verdad, sobre el concepto de felicidad, tan llevado y tan traído, y del que ya he hecho mención en artículos anteriores, es que nadie –en toda la extensión que abarca la palabra-, sabe qué es la felicidad, dónde se puede encontrar o qué hay que hacer para instalarse, aunque sea por breves momentos, en ella: La dama más deseada por ciudadanos de todo género y condición.
Entra Mafalda en una tienda donde se duplican llaves, y pregunta al dependiente (ya entrado en años): - “Buen día, señor. Vengo a que me haga la llave de la felicidad”. “Con mucho gusto, nenita –contesta el ferretero- ¿A ver el modelo?”. En la siguiente viñeta, se ve cómo Mafalda sale de la tienda exclamando: “¡Astuto viejito!”.
¿Qué te parece? Quería que la hiciera la llave de la felicidad. Y, naturalmente, el viejito deseó, por un instante, que la niñita le mostrara el original, para hacer unas cuantas copias, para él y para su familia. Puestos a lucubrar… Pues, mira qué tontería, yo, en este momento, os voy a regalar la lleve y el secreto de la felicidad. Se lo cuento, en mi consulta, a todo el que me presta atención por unos breves momentos, lo que dura el relato:
Yo estoy aquí, en mi consulta –les digo-. Estoy en un sitio que me gusta, no en vano lo he creado para mí, con un ambiente agradable, un aroma a sándalo que me transporta, una música deliciosa. Estoy haciendo lo que me gusta, y una de las cosas que hago mejor, que es tratar a las personas. Ustedes me agradan, no me espera nadie, y estoy cómodo, sin ninguna molestia física, ni mental que me inquiete. Esto, para mí, es la felicidad ¿A qué otra cosa puedo aspirar en estos momentos? Esto es el colmo de mi felicidad. Pero si, en este preciso instante, pienso en los pacientes que me están aguardando en la sala de espera, ya se chafó la felicidad. Miro al reloj, empiezo a rebullirme en el asiento, cambio de conversación y procuro dar por concluida la visita lo antes posible. ¿Qué hago con todo esto? boicotearme la felicidad, ese momento de placer, en el que no puedo aspirar a nada más porque no existe, porque lo único real es ese momento, y, por lo tanto, cuando empiezo a pensar en el futuro inmediato, me estoy estresando, porque el estrés nace de: “Estoy trabajando aquí, y estoy pensando allí”.
¡Et voilà! He aquí el secreto de la felicidad; la clave para vivir, constantemente, en esa pretendida entelequia, pura ciencia ficción. Vive el momento con pasión desbordada. No pienses en ninguna otra cosa. Cuando te duches, dúchate, pendiente de la sensación en tu piel del agua caliente, del olor del gel, de la rugosidad de la toalla. Este el momento de felicidad, que se puede romper en cuanto pienses en la letra del banco, en el jefe, en tu dolor de menisco…
Vivir el momento es la panacea, la explicación de, qué hay que hacer para ser feliz, del lugar donde se encuentra la felicidad.
Hago una salvedad necesaria. La felicidad, no siempre es sinónimo de placer. Cuando pintan bastos no quiere decir que no seamos felices, simplemente ha llegado el momento de cambiar de palo: Alinearte con la situación, no juzgarla, no criticarla, y vivirla a tope, porque es lo que toca. ¿Es esto algo contrario a la felicidad? Bajo ningún concepto. Es otra situación, que, como todo en la vida, también pasará.
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